En Chile tenemos un grave déficit de información científica cada vez que nos enfrentamos a situaciones de riesgo por eventos de la naturaleza. Por estos días, buena parte de la población está psicológicamente afectada por informaciones alarmistas sobre terremotos y tsunamis que se propalan en redes sociales y amplifican sin filtro los medios masivos. Aquí unas reflexiones y - lo más importante - soluciones a considerar.


El 2012 ha llegado cargado de profecías y toda clase de interpretaciones catastróficas, buena parte de ellas amplificadas por un aprovechamiento mediático para generar sintonía fácil. El problema es sistémico porque las causas de este estado son variadas y múltiples.

Las redes sociales, por una parte, están determinadas por la inmediatez, donde el componente emocional juega un rol preponderante. Por otro lado, el derrumbe de los modelos de comunicación tradicionales y jerárquicos, causado por la emergencia de Internet, erosionó los principios que predominaban en el ejercicio de la comunicación pública. Ello, unido a la mala formación ética de muchos comunicadores y la necesidad de los medios por alcanzar metas de financiamiento y rendimiento económico, entre otros factores,  determinan un estado de desamparo y sensación de caos informativo en la población.

Muchas personas, por su falta de educación y crítica fundada en el consumo de lo que los medios le entregan o por otras carencias para entender el mundo, son presa fácil de los buscadores de sintonía y por ende, de ganancias económicas. Hoy no se sopesan los efectos que una información alarmista o infundada puede provocar en segmentos que todavía viven el stress postraumático que significó el terremoto y tsunami del 27F de 2010 en nuestro país. Hay muchos ejemplos, todos los días, de pequeñas comunidades y personas mayores que duermen angustiadas por el fantasma de enfrentar un sismo u otro evento natural.

El papel de la comunicación científica

Desde hace varios años vengo haciendo notar en este blog la perplejidad de nuestra pequeña comunidad científica de profesionales especializados en temas de sismología frente al tsunami informativo (valga la expresión) que se ha generado y al cual no pueden hacerle frente.

Tradicionalmente en la academia ha existido un recelo frente a los medios de comunicación porque transforman cada pronunciamiento de los especialistas en una “noticia”. Muchas veces, esas declaraciones se tergiversan ya sea porque no se entendieron adecuadamente por falta de preparación, o simplemente por falta de ética en el afán de convertir estos temas en algo espectacular que llame la atención (y la sintonía). Morbosidad, conflictos, búsqueda de aspectos extraños o raros, historias con un guión dramático que buscan prolongar el suspenso para hacerlo un producto comercializable varias veces, son las estrategias que se utilizan, que la gente sospecha, pero de las que nadie habla.

Pero, la responsabilidad es compartida. El concepto de Universidad entendida como una torre de marfil, aislada de la comunidad y encapsulada en sus disquisiciones teóricas sólo aptas para iniciados, es algo todavía muy arraigado en ciertas cofradías científicas. Cuántas veces he escuchado en estos círculos hablar con cierto aire de desprecio sobre lo que llaman “la vulgarización del conocimiento”. Un vez más, Internet está rompiendo el modelo y frente a los nuevos desafíos, todavía sólo hay perplejidad y pocas soluciones.

La comunicación científica se ha entendido tradicionalmente como un método de los investigadores para difundir sus trabajos, con un orden y tiempos que la emergencia de Internet los volvió obsoletos frente a las nuevas necesidades. Por eso, hoy se requiere mayor inmediatez y presencia permanente en los canales de comunicación donde el especialista puede cumplir de mejor forma su rol social.

Me parece que la audaz incursión del geógrafo Marcelo Lagos y otros, especialmente en la televisión, responde a esa necesidad. Sin embargo, creo que por el prestigio que debe cautelar ante la propia academia, reacia a este tipo de estrategias, debe ser prudente para no caer en manos de la farándula como ya ha estado ocurriendo. Hay programas que por sus enfoques, formatos e intereses no son aptos para la comunicación científica. Esa distinción la debieran conocer sismólogos, geógrafos, geólogos, geomorfólogos, científicos en general.

Algunas propuestas

El estado, la Onemi, las universidades o quien corresponda deberían identificar, capacitar y empoderar a al menos unos cuatro sismólogos ubicados en diferentes zonas del país para que a través de una cuenta de Twitter y un blog sean capaces de orientar a las redes sociales y medios masivos que las siguen en los momentos posteriores a la ocurrencia de un temblor con peligro potencial.

Una de las mayores falencias que he detectado es la ausencia en redes sociales de especialistas científicos en momentos críticos después de algún evento sísmico. De esta forma, cuando se registra un temblor fuerte puede transcurrir hasta media hora antes de que se conozcan informes oficiales del Instituto de Sismología de la Universidad de Chile y por ende de la Onemi y otros organismos. Al igual que la televisión, media hora en Twitter puede ser una eternidad. Ese lapso actualmente es llenado por rumores, especulaciones, información equivocada y hasta chistes sobre el evento en redes sociales.

Muchas personas cuando carecen de información se angustian o llenan esos vacíos con las explicaciones que les parecen más verosímiles. Sin embargo, la mayoría de las veces estas versiones no tienen ningún asidero porque han sido propaladas con entusiasmo, pero sin capacidad de interpretar datos complejos que se obtienen fuera del país, especialmente de la USGS, el organismo técnico estadounidense que es el más usado en estas latitudes.

Si en cada contingencia hubiese sismólogos o similares con vocación de redes sociales (24/7) dispuestos a llenar esos vacíos con información de calidad, sin duda los riesgos de caer en pánico o propalarse rumores sin fundamento se minimizarían. Pasarían a ser fuentes validadas y autorizadas que estoy seguro serían muy populares en la red. A su vez los medios masivos, especialmente la radio y la televisión se centrarían en entregar información relevante y confiable.

Esto mismo hay que implementarlo en otras áreas de desastres naturales como la meteorología, área en la que Chile también es deficitaria. No tenemos meteorólogos y afines que cumplan esta función a través de cuentas en Twitter u otras redes sociales.  El comportamiento de eventos meteorológicos extremos, cada vez más usuales, merece tener profesionales informando online y llevando tranquilidad a la población con el manejo de datos y pronósticos reales.

Cada evento natural es un caso

Ha quedado demostrado que cada sismo mayor pone en prueba a los sistemas chilenos porque las variables a considerar son muchas. Por ejemplo en el sismo de anoche registrado frente a la costa de Aysén, durante 30 minutos no hubo información oficial propia a la que echar mano, excepto el SHOA que sí tuvo capacidad de respuesta, aunque su confiabilidad está afectada por su actuación en el 27F.

La falta de información oportuna se debió a que el sismo, informado preliminarmente por la USGS con magnitud 6.7, se registró a más de 400 kilómetros mar adentro. El área, obviamente, está retirada del litoral y carece de instrumentos en Chile que permitan precisar rápidamente las características del evento. Si por alguna causal ese sismo hubiese coincidido con algún corte de electricidad y a su vez, aunque improbable por su ubicación en la placa, se registrara un tsunami el manejo de ese lapso de desinformación habría sido crítico.

Fuente: Mauricio Bertero H. Master en Comunicación Digital. Se autoriza la reproducción por cualquier medio. Se agradece la mención de la fuente.