No hay que desechar lo que dicen los astros. El cielo presenta un mapa complejo para el mundo y seguramente en tiempos de astrolabios y consultas, los gobernantes y sus consejeros sabios lo habrían tenido en cuenta. No hablemos del mundo, porque ejemplos sobran desde México a Libia. Para nadie es una sorpresa escuchar que el clima de Chile está tenso y especialmente violento. Se ve en la vida cotidiana.

Viajo en Transantiago desde mi casa al trabajo. Hace unas semanas, al subir a mi bus C07 en Luis Pasteur esquina Joaquín Cerda noté un ambiente raro. Pregunté a una señora qué había sucedido. Y me contó. Una joven de origen peruano había subido a la micro y su tarjeta indicó que no tenía dinero. Pidió permiso para pasar sin pagar y el chofer, en toda justicia, le dijo que no. Inmediatamente, el bus se dividió en dos. Un grupo de obreros se puso de parte de la mujer, y las demás señoras, de parte del chofer. Empezaron los gritos. Fue en ese momento que me subí yo. Los alegatos prosiguieron, insultos de por medio. "Váyanse a Lima a ver si allá dejan que un chileno viaje gratis", "se vienen para acá, nos quitan el trabajo de casa y encima no pagan", "como a usted le llena la bip! su señora por eso no le importa que otros se aprovechen"...
En fin. Hubo un momento de calma hasta que llegamos al paradero de la Clínica Las Nieves, en Av. Santa María. Una de las señoras bajó y felicitó al chofer por no acceder y le dijo: "Viaje tranquilo, usted tiene toda la razón". Detrás de ella, uno de los obreros le pegó un combo al chofer, garabato añadido. Todo terminó con el conductor a los golpes con el obrero, en la calle, rodeados ambos de señoras que intentaban separarlos. Un caballero que hizo lo mismo terminó revolcado en el polvo. ¿Qué está pasando?
La rabia es mucha. Sucede en el bus, pero también en los colegios, en las universidades, en los estadios, entre compañeros de trabajo, entre los políticos, en el supermercado, en el teatro... Se agrava por las faltas de respeto a todo nivel. Basta leer los blogs. Nadie puede soportar una opinión divergente. Inquieta la brutalidad inmediata con que se responde a una posición distinta de la propia. Muchos se refugian en nombres falsos para destruir a su contendor: violencia y cobardía son primas hermanas. Los encapuchados -de la calle y de la web- las representan a ambas.
La norma es denigrar y despreciar al otro por sus creencias y por su forma de ver la vida. Los socialistas a los comunistas, los comunistas a los de derecha, los de derecha a los del medio y a los de más allá. Los ateos a los católicos... Además, se pasa por arriba de la autoridad ciudadana sin mediar ni el más mínimo cuestionamiento. Hay una bronca incubada aquí. Uno puede buscar y rebuscar razones para esta violencia, y es posible que jamás demos con ellas. Quizás fueron los años de gobierno militar los que crearon rabia y resentimiento en un lado; quizás fueron los gobiernos de la Concertación, que crearon rabia y resentimiento en el otro lado. Tal vez esa rabia se esté expresando ahora, colándose a través de movimientos sociales legítimos, traspasando fronteras y ocupando nuestras calles, nuestras escuelas, nuestras iglesias, nuestros edificios públicos. Las máximas autoridades callan y silentes se van al rincón sin atreverse a detener la violencia. Es una autoridad muerta de miedo. Débil. La encarna Guido Girardi en estos días.
Nuestra sociedad está enferma. Los rayados con que Santiago se puebla son un ejemplo. Recuerdan tiempos que no se quisiera volver a vivir. Da lo mismo que tengan años o meses ahí. "La única Iglesia que ilumina es la que arde", en el costado de la iglesia de San Ignacio, se suma peligrosamente a la bomba en la Catedral. ¿Qué hacen los jesuitas que no borran eso? Poco más allá, "Akribilla a tu patrón! Y a tu rector"...
¿Así se combate el lucro en la educación? ¿Son esos rayados legítima expresión ciudadana? No. Es violencia escrita inaceptable y corremos el riesgo de que se convierta en física. Ya está sucediendo. Una ola que hace rato alcanzó a grupos de jóvenes que, desde sus tomas escolares, arremeten contra sus compañeros que quieren volver a clases, contra sus maestros, contra los vecinos y contra sus propias familias.
Ayer lloraba en la televisión una señora pobre porque los estudiantes que quieren mejorar la educación le quebraron a pedradas los vidrios de su casa.
Fuente: Juan Antonio Muñoz, Vida Actual, El Mercurio, 29 octubre 2011.






1 comentario
Gabriela
5 nov 2011 | 11:13 PM
Me parece que esta rabia generalizada, es una mezcla de muchas cosas que se han ido sumando...hasta que la gota rebalse el vaso.
Al volver a la democracia, hubo negociaciones entre unos pocos de un lado, y unos pocos del otro lado, pero que ninguno de nosotros supimos...hasta ahora. Por lo tanto, se siguió respetando leyes de amarre dictadas poco antes de la entrega del mando, mientras muchos esperábamos la vuelta atrás en muchas cosas como la municipalización de la educación y de la salud, como el famoso binominal, y tantas cosas...pero la vida siguió entre show y show, entre partidos de fútbol, entre realitys, harto opio para el pueblo, y así pasaron los años...con la gente endeudándos para pagar la educación, con ese arrasar con la naturaleza, con las cochinadas y robos de cuello y corbata que han ido quedando impunes, incluso con muertos entremedio pero que nadie valora como ocurrió con esa leche para enfermos, ADN, con cobros abusivos en las tarjetas de crédito, con eso de que somos los jaguares, con ir a meternos a la OCDE para aparentar...con el libre comercio que nos embarró todas nuestras industrias, con las universidades fuleras, con hijos que estudian carreras que no sirven, ...podríamos añadir muchísimas cosas a la lista, ¿verdad? Hasta cuando el Banco del Estado gastó millones de todos los chilenos en suprimir el "del"...y le cerró la cuenta de ahorros a los niños, porque les cobró mantención, que no estaba en el trato del fomento al ahorro...ohhhhh, yo creo que será muy difícil que los chilenos miremos hacia dentro del país, y veamos qué podemos hacer para recomponernos, porque entre la droga y el sida, que no iban a llegar nunca acá, según las autoridades, ya no le creemos a nadie. Si hasta tuvimos un presidente que hacía las cosas "en la medida de lo posible" y se nos fue Laguna del Desierto...Ahora pretenden tirar ya no una sino dos líneas de traslado de electricidad y matar el sur...parece que todos están locos...y entre tanto loco, quemar y rayar murallas, parece normal...
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