Chile se encamina a pasos agigantados a una decadencia moral e intelectual de proporciones. No hay gobierno ni oposición a la altura de las circunstancias. Cada cual parece estar actuando por cálculos mezquinos, muy pocos son ya los que despiertan admiración, y nadie parece dar ni la vara ni el ancho. La pobreza de las ideas y la debilidad de las convicciones de nuestra clase dirigente, sumadas al deterioro de la ética en todos los niveles -cada vez más campean la pillería y la avidez sin límites-, pueden convertir a este país que costó tanto fundar en un peladero, en una tierra de nadie, una tierra baldía.
Una república que tuvo a mandatarios, militares y ministros a la altura del general Bulnes, Manuel Montt y Antonio Varas, ejemplos de honestidad, sentido de la impersonalidad del poder y amor genuino por el país y compromiso con lo público, parece hoy tironeada por todos lados por rapiñeros, ambiciosos y vanidosos de poca monta. El sentido de lo "público" parece borrado del mapa. Asistimos al olvido de lo público en todos los niveles. Y el olvido de lo público es el olvido del ser más profundo de Chile.
Lo público es mi barrio con sus plazas y espacios comunes aún no derrotados por la especulación inmobiliaria; las universidades no avasalladas por el pensar calculante; la televisión de todos no entregada a la farándula de las transnacionales. Pero en estos días resuenan los versos del poeta irlandés W. B. Yeats: "Los mejores carecen de toda convicción,/ mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad".
¿En qué momento se rompió la posta con lo mejor de nuestra propia historia? Pareciera que todos, o casi todos, fueron de a poco traicionando una parte de su propia alma para entrar en una vertiginosa carrera por el poder, del poder por el poder. Como si muchos se hubieran dedicado a aprender de memoria a Maquiavelo en estas décadas y hubieran olvidado a Virgilio, a Solón, esos autores que un Andrés Bello, un Amunátegui, un Barros Arana tradujeron y usaron como fermento e inspiración, cuando en Chile había un humanismo fundante, cuando se consultaban como oráculos los versos de Horacio o Cicerón y no los focus-group o las encuestas, cuando gobernaban los estadistas y no los opinólogos.
Todos dicen que la crisis mundial nos va a "pillar bien parados". No lo sé. Un país donde los nuevos becerros de oro parecen ser la pura gestión y el management , pero sin contenidos ni visión, ya no es un país. Será una gran empresa, pero no un país. ¿Acaso el precio del cobre por las nubes nos hizo a la larga mal, como sucedió alguna vez con el salitre? No hay peor mezcla que la de riqueza conseguida con la especulación y no con el trabajo o el emprendimiento, unida a la ignorancia y a la pobreza interior.
¿Qué imagen resume el Chile del siglo XIX? La Universidad de Chile y la Biblioteca Nacional. ¿Qué resume al Chile de estos últimos años? La Polar y la educación entendida como un bien de consumo. ¿Y para eso murieron nuestros héroes? ¿Para eso inventaron mundos nuevos nuestros poetas? ¿Para eso se vinieron a Chile un Domeyko o un Bello, ilustres extranjeros? ¿Por ese Chile sufrió una desgarrada nostalgia en el siglo XVII el exiliado y lúcido Lacunza? Dijo alguna vez Kipling: "Abandonamos la esperanza y el honor,/ estamos perdidos para el amor y la verdad./ Caemos peldaño a peldaño,/ y la medida de nuestro tormento es la de nuestra juventud./ Ayúdanos, Señor, porque conocimos lo peor demasiado jóvenes".
Pero, a pesar de todo, sigo creyendo que Chile es un país extraordinario donde vivir y morir, un país que tiene una luz propia, un país soñado. Un país misterioso y delicado, que hay que cuidar como tesoro y no repartir como botín. Tal vez nos salve nuestra lejanía, esa que nos obligó alguna vez a ser fieles a nuestra propia alma y encontrar nuestras propias medidas, nuestros sagrados límites que nos protegieron de todo fanatismo y desmesura.
Fuente: Cristián Warnken, El Mercurio, 13 de octubre 2011.






2 comentarios
Gabriela
14 oct 2011 | 12:35 AM
Es exacto a como pensamos muchos...Nos apena y nos da rabia porque este faranduleo no hay cómo pararlo! Si alguien plantea una idea, viene otro y la mal interpreta, la transforma y hace todo lo posible para dejar mal parado al contrario, sacando trapitos al sol, y no aportando nada...y palabras sacan palabras, y al final nadie entiende nada.
Si se destapan malos manejos de alguna empresa, hay un ejército de defensores, y al final no hay culpables, quedan todos limpios, y listos para seguir engañando sea con esa misma empresa o fundando otra...Son siempre los mismos ladrones, una lacra que no tenemos cómo eliminar de la economía chilena porque siempre hay empleadillos dispuestos a defenderlos. Es increíble, los chilenos no éramos así...¿qué pasó en el camino?
Mauricio Bertero
14 oct 2011 | 12:48 AM
Gabriela, como está nuestra sociedad no me extrañaría que la mayoría que opina en redes sociales diga que Cristián es amargado, latero, aburrido, "muy profundo", etc. En fin, un reflejo que el país como comunidad perdió el rumbo.
Agradado de leer tus comentarios. No interactúo mucho aquí porque esa actividad la he trasladado a Twitter por los problemas de La Coctelera, la pérdida de lectores en los blogs, entre otras razones. Un saludo
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