15, jun
La flora nativa chilena tiene misteriosas conexiones con otras regiones del planeta
En: misceláneos
El coigüe, el roble y la lenga tienen parientes en Australia y se originaron en conjunto hace millones de años, cuando esa isla estaba unida con el continente. Flores que crecen en California ya lo hacían en Chile antes de la llegada de los españoles.
Ciertas plantas que crecen en la zona norte sólo tienen parientes cercanos en California, y no se ha encontrado evidencia de ellas en los tramos intermedios entre ambos rincones del continente.
Algunos científicos especulan que las aves migratorias podrían haber transportado las semillas entre América del Norte y Chile, pero ellos mismos comienzan a dudar cuando descubren que son grandes y lisas, por lo que no podrían haber soportado su peso por tan largo trecho.
Dilemas como ése son el tema central de la nueva "Geografía Botánica de Chile", que acaba de ser publicada en EE.UU. por el geógrafo y profesor de la U. Católica Andrés Moreira-Muñoz.
Linajes únicos
Si bien Google Earth nos permite ver prácticamente las copas de los árboles de los bosques de todo el mundo, y también hacer zoom en fotografías de alta definición de esos mismos lugares, Moreira-Muñoz afirma que todavía hay un desafío pendiente en cuanto a establecer relaciones de esa misma vegetación con otras regiones y con su origen.
El autor lleva el tema en la sangre, o tal vez en la savia, porque este geógrafo de la U. Católica es hijo de la conocida botánica nacional Mélica Muñoz y nieto de Carlos Muñoz Pizarro, jefe de la sección botánica del Museo Nacional de Historia Natural por más de dos décadas.
Quince años de viajes por los lugares más remotos de Chile dieron forma a este trabajo, que ofrece un recorrido actualizado desde los orígenes de la flora del planeta y su conexión con nuestro país, hasta los más recientes desafíos de conservación.
Una de las primeras cosas que llaman la atención en el trabajo es la alta presencia de géneros (grupos de especies que tienen forma y anatomía común) exclusivos del país, la que, según destaca Moreira-Muñoz, es incluso mayor en países que cuentan con mayor cantidad de especies que Chile, como Perú y Ecuador.
"Nuestro país tiene casi 4.300 diferentes especies de plantas vasculares (no incluyen los musgos), mientras que en Ecuador hay 15.300. Pero este último país tiene sólo 23 géneros endémicos (únicos); en Chile hay 84. Es decir, puede que tengamos menos especies, pero pertenecen a linajes únicos".
Y eso fue posible gracias a la forma del territorio nacional, "una verdadera isla dentro del continente, separada del resto por una gran cadena montañosa, desiertos y el mar", explica.
Alguna vez no fue así, lo que prueba la rica existencia de una flora local que tiene parientes en el sur de Brasil o el noroeste de Argentina, o en regiones mucho más remotas.
Hay casos realmente extremos. El género Berberidopsis , por ejemplo, tiene sólo dos especies que lo representan: una en Chile, el michay rojo, y otra en Australia, y las separan casi 12 mil kilómetros de distancia. En realidad, ambas tuvieron un origen en común cuando hace más de 100 millones de años Australia, Sudamérica y Antártica daban forma al continente Gondwana.
No sólo eso. El origen del género Nothofagus completo, que incluye especies únicas de Chile y Argentina tan conocidas, como el coigüe, el roble y la lenga, también se remonta a los tiempos de ese supercontinente.
Y en Juan Fernández, donde según Moreira-Muñoz radica el más importante patrimonio vegetal de Chile, habita la Lactoris fernandeziana , única especie de la familia Lactoridaceae. Pertenece a un linaje que tiene más de 100 millones de años, y también es su último representante. Como si fuera poco, nadie se explica cómo llegó a una isla que se formó hace apenas 4 millones de años.
Dos a tres veces en una década, el desierto se transforma en una alfombra de color en la que destacan especies únicas, como la garra de león.
El michay rojo, del género Berberidopsis , sólo tiene un pariente conocido en Australia.

El alerce tiene en Chile la categoría de monumento natural, por lo que su tala está estrictamente prohibida. Es uno de los árboles más longevos del mundo, y sólo se encuentra en el sur de Chile y Argentina. No tiene ningún pariente equivalente a nivel de especie o género en la flora mundial.
La Lactoris fernandeziana es una de las plantas con flores más antiguas de Chile y del mundo.
La Hoffmmanseggia crece exclusivamente en el norte de Chile y en California.
Fuente: Richard García, El Mercurio, 14 junio 2011.






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