Aunque durante décadas los controles de capital fueron rechazados por considerarse una política atentatoria contra la “libre movilidad de capitales” que exigía la desregulación financiera, esta vez el FMI da un pie atrás y se resigna a la imposición de estos controles, conocidos también como “tasa Tobin” dado que incluyen una pequeña tasa impositiva. Para el FMI, los controles a la entrada de capital exterior pueden ser una herramienta clave. Pero “deberían ser el último recurso para los países emergentes”, que primero deben buscar mecanismos para apreciar su moneda. En su informe publicado ayer, el FMI reconoce por primera vez en su historia, la necesidad de imponer barreras a la entrada de capitales como una herramienta clave de política macroeconómica, diseñada para evitar que el huracán sistémico de la especulación financiera y los flujos de capital, arrasen con las economías emergentes como lo hicieron con las pequeñas economías de Irlanda y Grecia.

En un momento en que los países emergentes asumen el motor del crecimiento mundial, es destacable la política del FMI que reconoce el peligro de los flujos especulativos y la libre movilidad de capitales. En el período de su ingreso, estos capitales producen la efervescencia que alienta las burbujas; pero cuando huyen despavoridos ante el menor atisbo de peligro, condenan a la ruina a ese país. Es lo que a buenas cuentas significó la bancarrota de países como Irlanda y Grecia, grandes receptores de capitales financieros en los períodos de vacas gordas, que recibieron el desprecio de los inversionistas al huir del país ante el primer asomo de que algo podía salir mal. Con ello, amplificaron los efectos de la crisis en lo que constituye la profecía autocumplida.
En todo caso, antes de imponer impuestos a la entrada de los flujos de capital, o aplicar medidas de retención para que el dinero inversor no desequilibre la balanza corriente del país, el FMI recomienda a las autoridades pensar en otras medidas de política, principalmente la apreciación de la moneda local. Tras analizar la experiencia de siete países emergentes, el FMI sugiere la apreciación de las monedas nacionales, la compra de reservas de divisas para “inocular” su impacto en el mercado interno y, de ser posible, un descenso en las tasas de interés, junto al endurecimiento de la política fiscal.
Si todas estas medidas precautorias no funcionan, los países pueden utilizar “medidas de control de flujo de capital”. Brasil aplica varias medidas para penalizar la excesiva entrada de capitales externos en sus mercados, entre ellas un impuesto a las actividades financieras que actualmente está en 6 por ciento, y que es algo similar a lo que se conoce como “tasa Tobin”. “El control de los flujos de capital es algo que históricamente ha tenido dificultades para hallar consenso”, reconoció el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, en la introducción del informe. Pero “los controles de capital tienen un impacto más en la composición de esos flujos que en el volumen total”, explicó Jonathan Ostry, vicedirector de Investigaciones del FMI, y uno de los autores del informe.
Dominique Strauss-Kahn advirtió el lunes, en un discurso en Washington, que es necesario un cambio de paradigma en la política económica mundial tras la grave crisis financiera iniciada en 2008 y que pronto entrará en su cuarto año. En esa ocasión, Strauss-Kahn admitió que “el Consenso de Washington está muerto”. Esta doctrina jugó un rol central en la política económica de los gobiernos, al desregular los mercados financieros, favorecer las privatizaciones, eliminar la iniciativa económica del Estado, y hacer del control de precios el elemento central de la política económica. En su recetario, no había ninguna indicación a pie de página en caso de que los precios se inflaran artificialmente como ocurrió con los bienes inmobiliarios, o como ocurrió con las puntocom y como sigue ocurriendo con el absurdo valor de algunas redes sociales.
Ante la inminencia de que los países emergentes serán los nuevos motores del crecimiento mundial, el anticuado Consenso de Washington que Gordon Brown abolió en la cumbre de Londres de abril de 2009, debe ser superado mediante una nueva política económica con acento en la cohesión social y el multilateralismo. Si bien los controles de capital no son una varita mágica, generan un ingreso adicional a los gobiernos para sortear parte de las turbulencias de los golpes financieros. Además, como lo ha demostrado Brasil, los controles de capital no implican un freno al comercio ni a la actividad económica. El real brasileño se apreció el 2010 un 4,6 por ciento y el año 2009 un 32,7 por ciento. El impuesto a las operaciones financieras (IOF) que aplica Brasil no significó una caída de su actividad económica y ayudó a fortalecer a su economía.
Fuente: Marco Antonio Moreno en El Blog Salmón, 6 de abril 2011.
Saber más: ¿Qué es la Tasa Tobin y cuáles son sus problemas?
Fueron los movimientos antiglobalización los que recogieron las propuestas dictadas por la Tasa Tobin, convirtiéndola en el símbolo de la lucha contra el libre comercio. Sin embargo, la paradoja radica en ese reconocimiento, que como comentó el propio James Tobin, “el aplauso más sonoro proviene del lado equivocado“. Poniéndonos en situación, recordemos que en 1972, durante un coloquio, este universitario keynesiano, poco después de que la administración Nixon sacará a los Estados Unidos del sistema de Bretton Woods, sugirió un nuevo sistema para la estabilidad internacional de las divisas, imponiendo una penalización a las mismas.
Lo curioso es que con la que ha estado cayendo en los mercados financieros, la tasa Tobin ha cobrado de nuevo actualidad como una herramienta para controlar esos mercados, que desmadrados por la especulación, buscan incorporar controles a los movimientos de capital. En esencia, cuando el concepto fue definido, la tasa Tobin consistía en un impuesto especial sobre cada una de las transacciones financieras, especulativas, en las operaciones de cambio de divisas.






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