Tengo una sobrina, la Maty Baeza, que se muestra demasiado en Twitter, aunque con mucha gracia. Qué tal le cae el sándwich de lechuga, cómo añora a su hombre, su sobrina adorable... A veces la "retwittean", o sea, a alguien le gusta tanto lo que ella dice que lo comparte con sus propios contactos y se arma una bola de nieve.

La última vez que consulté, la seguían 2.270 personas, y ella -a su vez- seguía a 1.074. O sea que a ella le llega todo lo que escriben más de mil personas y todo lo que ella escribe le llega a más de dos mil twitteros, entre ellos, a su tío.
Su tío admira su frescura. Ella habla de sí, pero no es como otros que twittean: "Estoy llegando a mi casa", que a nadie le interesa. Los tweets de mi sobrina a lo mejor dicen lo mismo, pero con salsa. Por ejemplo (perdón Maty por esta exhibición de tu existencia, pero tú lo has querido): "Hay veces en que solidarizo con los tacos aguja: cuando tienen que soportar a una lola pasadora en kilos enfundada en pantalones stretch". O bien: "Prefiero cambiar un neumático que pegar un botón! Debí haberle puesto más empeño a las academias machistas del colegio". Que pasó el fin de semana en la playa y que su hombre está en Miami está publicado.
Yo no puedo imitarla. Twitteo cosas sobre Egipto o rabias que paso con VTR o una cirugía de un nieto. Pero jamás he escrito algo como la Maty: "Me invitan a última hora a Bob Sinclair, pero nica me saco el pijama!". Bueno, a mí nadie me invitaría a Bob Sinclair (ni siquiera sé de qué se trata), pero si me invitaran, tampoco lo twittearía. La Maty sí. Uno de sus tweets más penetrantes apareció durante el casi-maremoto: "La cagó cómo Marcelo Lagos le ha hecho el noticiario a TVN. Amaro y la Consuelo casi le piden permiso para hablar!". Lo retwitteó el profesor Eduardo Arriagada, analista de redes sociales, hijo del ingeniero homónimo.
Y esto es para informarles a todos que la Maty no es única. Que para allá van las cosas. Que la comunidad europea podrá decretar mil prevenciones para que los datos de las personas se autodestruyan apenas cierren su sesión en las redes sociales. Pero la onda es exponerse. (Como yo, en esta columna). Pasar piola casi hace fracasar a Darwin, que no se atrevía a publicar su teoría de la evolución, o a Newton, que tenía guardados sus Principia (harto difíciles de leer, por lo demás). Hay algo de donación en mostrarse.
Algunos prefieren la callada senda. Hay jóvenes que incluso no tienen ni Twitter ni Facebook. Cuidan sus datos, su privacidad. Los conocen sus amigos, sus compañeros de trabajo. Es el pudor. Valioso a veces. Puede evitar grandes males como los que ocurren en las redes.
Pero hoy la cosa es exhibirse, no por lucirse, sino porque cada cual tiene valor, por la diversidad, por la velocidad de las cosas.
No dejo de leer a la Maty. Imposible, ella dispara mucho a mi pantalla, como una polilla molestosa. Me gusta leerla, es mi sobrina, y vivirá muchos años.
Fuente: Nicolás Luco, editor de Ciencia y Tecnología, El Mercurio, Chile.






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