Mientras en Chile el sopor estival permite que los medios nos inoculen tóxica farándula so pretexto festivalero, el mundo árabe vive históricas revueltas sociales que tumban hasta los más férreos regímenes. La muerte de Mohammed Bouazizi, un joven desempleado humillado por la corrupta burocracia tunecina fue la chispa que encendió la mecha del estallido que hoy se extiende como pólvora. He aquí su historia.

La ola de revoluciones que sacude al mundo árabe comenzó en un pueblo olvidado en las llanuras de Túnez. Era un lugar poco probable para ser protagonistas de la historia. Pero también lo era el propio Túnez, el país más pequeño en el norte de África, estratégicamente irrelevante, sin petróleo y un débil ejército.
Mohammed Bouazizi vendía frutas en un carrito como lo hacía todos los días para mantener a su familia. Él no tenía licencia. Muy pocos vendedores contaban con el permiso.
Una funcionaria municipal, se acercó y le confiscaron su puesto. Eran verduras por un valor de U$ 100 y Bouazizi sabía que tendría que pagar un soborno para recuperarlas. Esto le había sucedido antes. Pero esta vez, él se enojó. Se quejó y la mujer le dio una bofetada. Así es como comenzó la revolución.
La inmolación
Diplomado con estudios superiores pero cesante, este joven de 26 años se roció de gasolina y prendió fuego a su cuerpo después de que le confiscaran los frutos y las legumbres que vendía en la calle de Sidi Bouzid para ayudar a su familia, bajo el pretexto de que no disponía del permiso correspondiente.
Con quemaduras de segundo grado, fue conducido a la unidad de grandes quemados del hospital de Ben Arous, en la periferia de la capital tunecina, dónde murió el 5 de enero, tras 23 días de hospitalización.
Este asunto provocó tal impresión en el país que el presidente de Túnez Zine El Abdine Benali se desplazó al centro hospitalario para visitar al herido el pasado 28 de diciembre.

Desde el día en se quemó el joven comerciante, en numerosas localidades de la región de Sidi Bouzid y en otras ciudades del país magrebí se produjeron incidentes y manifestaciones de solidaridad con Bouazizi.
La revolución de los jazmines
El punto culminante de estos incidentes se dió el 24 de diciembre cuando jóvenes manifestantes atacaron un cuartel de la guardia nacional con el resultado de cuatro muertos entre los uniformados. El pasado 29 de diciembre y como reacción a estos enfrentamientos, el presidente Benali decidió cesar en sus cargos a tres gobernadores regionales y remodelar en parte el ejecutivo.
El jefe del Estado tunecino hizo una aparición televisiva exhortando a los manifestantes a la calma y anunciando el reforzamiento del dispositivo de creación de empleo.
No obstante, los partidos opositores reagrupados en la "Alianza para la Ciudadanía y la Solidaridad" consideró insuficientes las medidas anunciadas por el gobierno y apeló a iniciar un diálogo con la oposición, la sociedad civil y el poder central "para abrir una transición política". El regimen de Túnez se desplomó el 14 de enero. Y pronto, muy pronto, el fuego encendido por Bouazizi había prendido en un norte de África reseco de despotismo, corrupción, escaso desarrollo económico y tremendas desigualdades sociales.
Al fracaso generalizado de sus elites políticas y económicas para incorporar sus países a la modernidad, se añade la existencia en todos ellos de poblaciones masivamente juveniles. Niños y adolescentes constituyen la mitad o hasta las dos terceras partes de sus habitantes. Ya habitan en ciudades, ya tienen algún tipo de estudios y, sobre todo, saben lo que pasa en el mundo gracias a la televisión, los teléfonos móviles e Internet. Su vitalismo, sus ganas de tener lo mínimo de lo que disponen las gentes de la ribera septentrional del Mediterráneo, contrasta explosivamente con la frustración de sus tristes existencias.
Saber más: La llama que encendió Túnez en El País.






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