Desde el año 2006, entomólogos y otros científicos de los EE.UU., Europa y Asia han estado tratando de averiguar qué está causando la muerte masiva de abejas en las colmenas en todo el mundo, una epidemia que ha hecho desaparecer hasta el 60% de las colonias en las zonas afectadas.Ahora, según un paper publicado en la revista PLoS One, científicos de la Universidad de Montana y del Centro Químico Biológico Edgewood, en Maryland, parecen haber resuelto el problema.Sorprendentemente, es el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU quien ha proporcionado la pieza final del rompecabezas.


Las muertes de las abejas, conocido como Síndrome del Colapso de Colmenas (CCD), sigue un patrón muy particular. Colmenas que habían sido activas y productivas de repente se vacían dejando abandonada a la reina  y a unas pocas obreras leales. El resto de la comunidad desaparece  e inexplicablemente muchos de sus cuerpos.

Los escasos restos de abejas que se han encontrado han permitido algunas autopsias entomológicas. Los investigadores ya habían identificado un hongo, conocido como Nosema apis en los intestinos de los insectos muertos. Esa parece ser una prueba irrefutable, pero el problema es que el hongo no es letal y, de hecho, parece totalmente inofensivo para las abejas.

Probables causas

Recientemente, Jerry Bromenshenk, de la Universidad de Minnesota, que había estado trabajando durante años con las abejas, se asoció con el microbiólogo Charles Wick y otros científicos de un laboratorio del Ejército estadounidense, en parte porque los investigadores no tenían los equipos adecuados para el trabajo. Con el fin de proteger a los civiles y soldados del peligro de las armas biológicas, el gobierno de EE.UU había estado elaborando nuevos software que pueden identificar los agentes biológicos, incluso cuando son desconocidos. Eso no es poca cosa, ya que con ello es más fácil detectar un patógeno o por lo menos saber si se trata de una espora, una bacteria o un virus.

Cuando el software del Ejército, se aplicó a las abejas no sólo detectó el hongo, sino también un virus conocido como Virus Iridiscente de Invertebrados (IIV). Al igual que el hongo Nosema, éste por sí mismo no parece hacer ningún daño a las abejas. Sin embargo, los científicos creen que cuando se juntan pasan a ser mortales.

El hecho de que las abejas parecen volar en todas direcciones antes de morir ha llevado a Bromenshenk a la teoría de que su complejo sistema de navegación puede estar dañado. Bromenshenk también dijo al New York Times que algún tipo de patógeno desencadena la desorientación de las abejas.

La buena noticia para las abejas y los agricultores del mundo y los consumidores que dependen de la polinización de abejas para producir cultivos de alimentos es que solucionar el problema podría ser relativamente fácil. A partir de la identificación de la interacción del hongo con el  virus bastaría con detener la acción de sólo uno de ellos. Los agentes anti-hongos, que ya existen, podrían hacer este trabajo. Habrá que esperar los resultados prácticos de esta investigación.

Controversia

La larga lista de posibles sospechosos ha incluido las plagas, virus, hongos y también pesticidas. Especialmente los llamados neonicotinoides, una clase de neurotoxinas que mata a los insectos atacando su sistema nervioso. Durante años, su principal fabricante, Bayer Crop Science, una filial del gigante farmacéutico alemán Bayer AG (BAYRY), se ha enfrentado a los reguladores y defendido de las demandas de los apicultores que alegan que los plaguicidas desorientan y, finalmente, matan a sus abejas. La compañía ha respondido que, cuando se usan correctamente, los plaguicidas representan poco riesgo.

Con este nuevo estudio de Bromenshenk publicado en el New York Times, los pesticidas de Bayer han dejado de mencionarse.

Un artículo ha acusado al Dr. Jerry Bromenshenk de haber tenido relación con Bayer Crop Science y  recibido financiamiento de esa empresa. En los últimos años Bromenshenk habría recibido una beca de investigación importante de Bayer para el estudio de la polinización de las abejas. De hecho, antes de recibir la financiación de Bayer, Bromenshenk se había alineado en el lado opuesto, firmando para servir como testigo experto de los apicultores que interpusieron una demanda colectiva contra Bayer en 2003. Luego se retiró y recibió la subvención.

El Dr. James Frazier, profesor de entomología en la Penn State University, quien se encuentra investigando los efectos subletales de pesticidas en las abejas, dice que si bien el estudio generó algunos datos útiles, Bromenshenk tiene un conflicto de intereses como CEO de una empresa de escáneres para diagnosticar  las enfermedades de las abejas. "Él podría beneficiarse financieramente si esto se populariza," dice Frazier, "por lo que es una situación difícil de manejar." Añade que su propia investigación ha demostrado que los plaguicidas afectan a las abejas, de múltiples maneras."

La causa subyacente de muertes de abejas todavía no está clara

La Dra. Jennifer Sass, científico senior del grupo de salud en el Natural Resources Defense Council, dice que el estudio es interesante, pero no va a la cuestión de fondo: ¿Por qué mueren las colonias? ¿Es porque están recibiendo abejas débiles? Las abejas, al igual que las personas que tienen el VIH, no se mueren de VIH sino de otras enfermedades porque sus sistemas inmunes son afectados, haciéndolos más susceptibles a las enfermedades. "En otras palabras, los pesticidas podrían debilitar las abejas, y luego la combinación virus / hongo  es lo que las remata", asegura. Esa posibilidad, sin embargo, no se explora en el nuevo estudio.

La EPA ha basado su aprobación de los neonicotinoides en el hecho de que las cantidades que se han encontrado en el polen y el néctar no son lo suficientemente altas, la única forma que tiene para decidir si aprueba o rechaza un plaguicida. Pero los estudios han demostrado que en dosis bajas, los neonicotinoides tienen efectos subletales que perjudican el aprendizaje y la memoria de las abejas. El investigador jefe del USDA, Jeff Pettis, dijo en 2008 que los plaguicidas definitivamente estaban definitivamente "en la lista" como un factor de estrés primario que podría hacer a las abejas más vulnerables a otros factores, como las plagas y bacterias.

En 1999, Francia prohibió el Imidacloprid después de la muerte de un tercio de sus abejas. Un informe posterior elaborado por el Ministerio de Agricultura francés demostró que incluso cantidades subletales del plaguicida podrían desorientar a las abejas, disminuir sus actividades de forrajeo, y por lo tanto poner en peligro a toda la colonia. Otros países, como Italia, han prohibido ciertos neonicotinoides.

Fuentes: esta crónica está basada en Ecocentric (Times), Findtarget y The New York Times, publicaciones en inglés de octubre 2010.