Chile, mi país, tan lleno de virtudes y defectos como cualquier otra comunidad humana, celebra hoy el bicentenario de su independencia. Nuestras particulares condiciones geográficas - un gran desarrollo latitudinal, todos los climas y paisajes del planeta juntos, un árido desierto por el norte, los fríos hielos antárticos por el sur, un inmenso Océano Pacífico a nuestro frente, y una colosal cordillera andina a nuestras espaldas - han definido nuestro temperamento.
Nuestra Historia también ofrece rasgos particulares. Desde la conquista española fuimos una colonia comparativamente pobre y austera. De los pueblos originarios, el mapuche sobresalió por su ancestral cosmovisión y su especial forma de organización. El nacimiento de la República nos hizo valorar virtudes como el respeto a las instituciones, el orden y la impersonalidad del poder. Desde fines del siglo XIX, las revoluciones políticas y la cuestión social marcaron nuestras diferencias y la segunda mitad del siglo XX fue el escenario de profundos quiebres institucionales que nos hicieron conocidos en todos los rincones del mundo.
Si bien vivimos episodios de singular brutalidad e irracionalidad, el país comenzó a vivir desde fines de los años '80 una nueva atmósfera que nos renovó a todos por igual, y tanto en la política como en la economía, podemos decir que en Chile el siglo XXI partió en la década de los noventa con una profunda transformación de nuestras costumbres y mentalidad. Lo positivo es que hemos sabido organizarnos y pese a nuestros constantes reclamos somos un país que funciona.
Un cambio cultural inteligente
Nuestras preocupaciones actuales no tienen mucho que ver con la descomposición social que viven algunas otras naciones latinoamericanas. Ese es un patrimonio que realmente no vemos. Ojalá que nosotros nunca perdamos ciertos valores que en otros países son débiles y que han permitido que el crimen organizado y el narcotráfico los permee a tal punto que el estado esté en ascuas. No estamos libres de esa descomposición, pero en el fondo hoy los chilenos contamos con un capital cultural que nos permite priorizar la estabilidad, el orden y el respeto. El gran desafío de las jóvenes generaciones es avanzar en un cambio cultural que no sacrifique ese patrimonio tan necesario para la convivencia social.
Las singulares condiciones geográficas del territorio han modelado nuestra mentalidad cuasi isleña. Gran parte de estos doscientos años de vida independiente nos hicieron mirar "hacia afuera" con no poca curiosidad y hasta algo de voyeurismo, para tratar de entender como funcionaba el resto del mundo. Hoy con Internet esas barreras son casi inexistentes, pero algún resabio de esa mirada aún nos queda.
Por eso, inserto esta crónica de Manuel Délano que publica hoy el diario español El País, para que observemos cómo nos ven desde afuera. Y a los lectores del exterior les recomiendo visitar el sitio Puro Chile Pura Energía que seguramente sera el espectáculo más creativo que los chilenos nos estemos regalando para este bicentenario.
Chile celebra hoy su Bicentenario con festejos en todas las ciudades, intentando dejar atrás un año en el que la parte más poblada de su territorio, la zona centro sur, sufrió, el pasado febrero, el embate del quinto terremoto de mayor intensidad que ha conocido la humanidad desde que hay registros, seguido por un maremoto que barrió las localidades costeras. Tras un impacto inicial, la economía muestra signos de vigor y las autoridades proyectan un crecimiento del PIB del 5% para este año y del 6% para 2011. Las preocupaciones se trasladaron a la suerte de los 33 mineros atrapados por un derrumbe a 700 metros de profundidad, que luchan por sobrevivir, y de los 34 mapuches en huelga de hambre en cárceles para exigir sus derechos.
La fiesta por el Bicentenario ha sido austera. Juegos de luces, fuegos artificiales y 12 obras, entre ellas la modernización del Estadio Nacional, el mismo que los militares usaron después del golpe militar de 1973 como campo de concentración para prisioneros políticos. El Gobierno optó por dar una señal de sobriedad y ha gastado en las fiestas tres millones de dólares, bastante menos que los cerca de 200 millones de dólares que costó la celebración de México.
Los chilenos disfrutan de un fin de semana largo, con cuatro festivos entre viernes y lunes, merecido en este 2010 de fuertes emociones, en el que, además, el péndulo del poder político regresó después de 20 años de la centroizquierda a la derecha, con la llegada a La Moneda del presidente Sebastián Piñera. La derecha, que asumió el poder por votación popular por primera vez en más de medio siglo, desde 1958, debió agregar a su agenda las tareas de la emergencia del terremoto, que todavía no han concluido, y la reconstrucción, que apenas ha empezado, en medio de crecientes críticas a su lentitud, y que ocupará el periodo de Gobierno completo, hasta 2014.
La envergadura de esta tarea es mayúscula, y es, probablemente, la más importante de este Bicentenario. La catástrofe representó para Chile daños equivalentes al 17% del PIB, en contraste, por ejemplo, con los del huracán Katrina, que significó el 1% del PIB de Estados Unidos.
Costumbres y desarrollo
En las celebraciones de ricos y pobres la parrilla ha sido la reina del Bicentenario. El olor a carne de vacuno, cerdo y ave asada al carbón inunda las calles del país, mientras cientos de miles acuden a las "fondas", lugares de comidas, bailes y entretenimiento, en todas las ciudades y pueblos. Es el reflejo de cuánto han cambiado los chilenos. En promedio, un chileno come hoy 81,3 kilos de carne al año, un 26% más que hace una década y apenas por debajo de los países desarrollados (82,9 kilos).
La fiesta de los 200 años encuentra al país más rico, desde el punto de vista de los ingresos, que en cualquier otro momento de su historia y más cerca de su meta de ser desarrollado. El ingreso anual promedio de un chileno supera hoy los 15.000 dólares: es mayor que el de un argentino y el más alto de América Latina en términos de paridad de poder de compra.
El país es más rico porque su población tiene más acceso a la educación, ha mantenido la macroeconomía y las cuentas fiscales en orden, disfrutado de estabilidad en las últimas dos décadas y, sobre todo, porque encontró un lugar en la globalización: Chile está especializado en la exportación de materias primas, una inversión sin embargo arriesgada porque el grado de elaboración de su producción es reducido.
Contrastes
El ingreso de todos, incluidos los pobres, ha aumentado desde el regreso a la democracia, pero el de los ricos lo ha hecho en mayor medida. Esto se traduce en una desigualdad y concentración de la riqueza que están entre las más altas de América Latina.
La recesión global de 2009 provocó un aumento de la pobreza, del 13,7% en 2006 al 15,1% en 2009, pero muy por debajo en todo caso del 38,6% que recibió la democracia en 1990 como herencia de la dictadura. Las brechas entre ricos y pobres son fracturas visibles en las ciudades: barrios con ingresos, viviendas, servicios e infraestructuras de países desarrollados, que contrastan con sectores periféricos donde las drogas y la delincuencia son cotidianas y los subsidios del Estado resultan fundamentales. Entre ambos se encuentra una clase media con aspiraciones, que no recibe apoyo y añora al Estado, mientras en las zonas rurales la pobreza tiene rostro indígena. Todos han debido acostumbrarse a un país en el que la educación y la salud son diferentes para ricos y pobres, y en el que la cuna continúa resultando decisiva.
A pesar del terremoto y los dramas de mineros y mapuches, que en ambos casos reflejan injusticias históricas, al hacer un balance del Bicentenario, los chilenos se sienten satisfechos, según una encuesta reciente de la consultora IPSOS, que preguntó por el grado de satisfacción con lo que ha ocurrido en el país desde la independencia. Un 79,8% de los chilenos se declaró "muy satisfecho" o "satisfecho", en contraste con el 44% de los argentinos.






1 comentario
gabriela
20 sep 2010 | 02:17 AM
La verdad, me gustaría alguna vez tener una fiesta sin muertos...Ya van 30 y aún falta otro día feriado...
Escribe un comentario