Al propio Sebastián Piñera, a muchos ministros. Pablo Longueira ha planteado “en todas las instancias privadas en que han querido escucharme en estos dos meses” su inquietud por la marcha del gobierno. Así lo hizo también ayer en el almuerzo en La Moneda —entre el Presidente y parlamentarios— al levantar su voz por cómo quedó el proyecto de financiamiento de la reconstrucción.
Pero sus preocupaciones son mayores. “Reconozco que nunca me imaginé la falta de prolijidad que iba a existir en la instalación del gobierno. Ha habido muchos errores que se podrían haber evitado y que no tienen ninguna justificación en el terremoto”, dice el senador UDI al romper su estricto silencio desde febrero. Y parte diciendo que el “gran desafío” del Presidente es que su propio sector político deje de hablar del “gobierno de Sebastián Piñera” y empiece a referirse a él como el “gobierno de la Coalición por el Cambio”. ¿La razón de ello? La creciente “desafección que existe en los partidos que sustentaron su triunfo, especialmente RN y la UDI. Porque en la medida que esto siga creciendo, va a existir una dificultad real de gobernar. Hay que entender que en las democracias modernas gobiernan las coaliciones”.
Y aquí afirma que comparte la crítica del RN Andrés Allamand a la falta de experiencia política en los cuadros del nuevo Gobierno. “Ha faltado el equilibro justo entre aquellos que hicieron un trabajo político durante 20 años para generar el triunfo y aquellos que estuvieron en el mundo privado y que había que convocar en la medida que ganáramos. Este encuentro de dos mundos se podría haber hecho infinitamente mejor”. Longueira —quien públicamente expresó su deseo de ser ministro de Piñera— admite que haber sacado a figuras con experiencia del Parlamento habría tenido “un costo inicial, pero se habría pagado una vez, rápido y pronto, y se habría contado con experiencia, sumado a una identificación de los partidos en la instalación del gobierno. Al prescindir de eso, se convocó a un gabinete sin experiencia política y los costos de no contar con esa trayectoria es lo que se está pagando. Era preferible un gabinete con experiencia, que hubiera permitido dar una fortaleza a la instalación y enfrentar el terremoto”.
“Nunca me imaginé la falta de prolijidad en la instalación del
gobierno... Ha faltado equilibrio, consideración, respeto, las
formas, la comunicación. Que podamos decir todos «este es
nuestro gobierno»”, dice el senador.
“Me causa terror cuando dicen que el que critica es un desleal.
Es una forma de silenciar, de mostrar que sólo van a tener
acceso los «yes men»”.
“Si se discuten los temas al interior y se resuelven en forma
unitaria, nos podríamos haber evitado muchas dificultades”.
Ud. dijo que Piñera le planteó en el verano instalar un comité político que incorporara a las figuras de peso de los partidos y que se tomaran allí parte de las decisiones. ¿En qué quedó eso?
—Me planteó crear ese comité para suplir la falta de trayectoria política. Nunca se creó y pienso que habría sustituido bien la escasez de experiencia y habría evitado errores.
¿Nunca volvieron a tocar el tema?
— Hace dos semanas él me invitó, en forma muy deferente, a compartir conmigo la propuesta que en ese minuto tenía en materia tributaria. Luego volví a hablar con él, le hice algunas propuestas en términos de impuestos y por cierto le di mi visión de la situación política general. Del comité no volvimos a hablar nunca. Pero en el almuerzo de ayer en La Moneda se volvió a señalar que ha existido un déficit en la instalación y en cómo perfeccionar una instancia que permita discutir previamente los temas para evitar el debate por la prensa, y que las legítimas diferencias que pueda haber se resuelvan ahí, y no se esté entregando una mala imagen. Si se discuten los temas al interior y se resuelven en forma unitaria, nos podríamos haber evitado muchas dificultades.
Ud. ha transmitido su impresión en privado. ¿No lo han escuchado?
—Lo he planteado durante dos meses en todas las instancias privadas en que han querido escucharme. No ha habido ninguna reunión que el Presidente me haya invitado que no haya ido, ni ninguna llamada de algún ministro que no haya atendido. Lo que ha faltado es una institucionalización, hay que ser muy cuidadosos porque no es fácil encauzar a dos partidos que han hecho una historia que ha permitido este triunfo, con una instalación de personas que muchas de ellas no tienen ningún grado de conocimiento de cómo funciona el Parlamento o el sistema político.
¿Se sienten un poco «estafados» en ese sentido?
—El problema es que nos debemos a los que confiaron en nosotros y votaron por el cambio. Transcurridos ya dos meses, nos emplazan a mostrar resultados. Y que quede muy claro que no estoy hablando de cuoteo. A todos los que me pidieron consejos, les dije que lo más importante es cómo se organiza a las fuerzas que lucharon por el cambio, y que se sienten con estrellas por este triunfo, y a muchos que no los vimos nunca sudar una gota por ganar, pero que también los necesitamos por su talento para hacer un buen gobierno. Lo que ha faltado aquí es el equilibrio, la consideración, el respeto, las formas, la comunicación... Finalmente, el trabajo en equipo. Que podamos decir todos «este es nuestro gobierno».
¿Hay que hacer cambio de gabinete antes de los 100 días, como dice Iván Moreira?
—No voy a pautear al Presidente ni a nadie por la prensa. Quiero el mayor de los éxitos para el gobierno.
Pero si en la UDI defienden el derecho a discrepar, dirigentes RN como Alberto Espina los instan a aprender a ser gobierno y consideran una deslealtad la crítica.
—Si no hay una instancia en que se considere la opinión de los partidos previo a los anuncios del gobierno, la gente queda en la libertad más absoluta para opinar. Eso es lo que ha ocurrido por esta falta de incorporación a las resoluciones que toma el gobierno. Para la gente de la UDI —y esto lo dije en el almuerzo ayer— estos conceptos de lealtad no existen; nosotros exigimos coherencia, no lealtad. Cuando uno es coherente, no tiene que andar pidiendo lealtades. Este tipo de lealtades son muchas veces parte de los códigos mafiosos, porque se está exigiendo una conducta de algo que no se comparte. Y en nuestra lógica, la UDI no puede haber sido más leal con Sebastián Piñera y con el trabajo para este triunfo, así como también para la instalación exitosa de su gobierno. Lo que me preocupa es al revés: empieza a haber un campeonato por quién es más «leal», sobre la base de quién tiene más acceso al Presidente.
Aquí se requiere experiencia política, se requieren mayorías.... En lo personal, me parece un error profundo haber retirado la depreciación acelerada del proyecto de financiamiento: es un triunfo de la Concertación sin haber tenido ni siquiera discusión legislativa. La explicación pública que ha dado el gobierno es que fue por pragmatismo: es un error político. Después de esto, ¿cualquier cosa que a la que la Concertación se oponga previamente, no la van a presentar? Se ha sentado muy mal precedente, era preferible que la Concertación asumiera los costos de rechazarla que no incluirla en el proyecto. Por lo demás, estaba en nuestro programa de gobierno y era muy necesaria después del terremoto para incentivar la inversión, crear nuevos empleos y cumplir así nuestros compromisos. Es muy diferente perder una votación para un gobierno que no tiene mayoría en el Congreso que para uno que sí la tiene. Esa es la gran diferencia, y es por eso que tuvo un gran costo político el rechazo que sufrió este proyecto en el gobierno anterior.
El mismo pragmatismo que aplicó el ministro Hinzpeter en la ley de donaciones...
—Otra de las cosas lamentables que estamos observando en la prensa es que hay ministros que logran cosas y lo muestran como que le doblan la mano a otro. Esa es una pésima señal. Lo que tiene que haber es un gabinete cohesionado, y cuando uno lee que se debilita al ministro de Hacienda porque otro le dobla la mano, es muy malo. Es un espectáculo vergonzoso que aparezcan estas filtraciones y más grave cuando se trata del ministro de Hacienda, que debe tener siempre pleno y total respaldo.
¿Qué debería hacer Piñera para revertirlo? ¿Qué le dijo ayer?
—Las veces que hemos hecho planteamientos, críticas, las hemos hecho de muy buena forma y con el espíritu de corregir errores. Y, tal como él dijo, es la inexperiencia que tenemos todos de instalar un gobierno.
Alza transitoria sí, pero rebaja de impuesto a las clase media
A dos meses de llegar a La Moneda, ¿se puede seguir apelando a la inexperiencia o al terremoto?
—Lo que ocurre es que las cosas tienen su momento y sus límites. Y me preocupa. Hace semanas que vengo planteando que si esto no se resuelve, si sigue igual, si no somos capaces de pasar a decir «nuestro gobierno», si el gobierno no nos hace sentir parte, se va a agravar en el tiempo. Si hoy le preguntáramos a la gente cuál es la diferencia que siente entre un gobierno de la Concertación y el de la Alianza, tendríamos respuestas sorprendentes. Ofrecimos una nueva forma de gobernar y nadie podría decir que en estos 2 meses nos hemos distinguido por ello.
Hay gente de su sector que reclama que éste parece el quinto gobierno de la Concertación...
—Yo quiero ser muy claro: cuando el Presidente me consultó por esta alza transitoria de impuestos, le dije que era partidario. De lo que no soy partidario es que se haga de esta alza de impuestos una lucha de clases, que ha sido parte del lenguaje que transmitió el gobierno. Es exactamente el argumento contrario al que queremos difundir en la UDI, que durante toda su vida pública ha enfrentado el concepto de lucha de clases. Esta es un alza transitoria y excepcional por el terremoto que vivimos. Y se introdujeron aspectos que no tienen nada que ver con la recaudación que necesitamos para el terremoto, que son dos modificaciones propias de una ley tributaria: los cambios al DFL2 y a los depósitos convenidos. Y eso tiene muy irritado a mucha gente, porque afecta a profesionales, a emprendedores, a ejecutivos del país, a una clase media emergente.
¿Va a aprobar esos dos puntos en el actual proyecto?
—Voy a tratar de que ojalá las dejemos para otro proyecto de ley. Soy partidario de discutir estos temas, pero en el marco de una ley tributaria general, donde discutamos y hagamos una modificación hacia una carga tributaria más justa y equitativa. Si no se logra, tal vez vote en contra... Ahora, ni yo ni la UDI tenemos problemas desde el punto de vista conceptual con las alzas transitorias; tienen para mí una justificación, igual que la de los tabacos. Luego que el Presidente me contó sobre la propuesta tributaria, le hice llegar por escrito una propuesta —que me pareció acorde con el momento del país— de acompañar esta alza transitoria con una disminución, también transitoria, para la clase media del país del impuesto a la renta: subir el tramo exento del impuesto a la renta, que hoy está en algo más de $ 300 mil mensuales a un millón de pesos, para dar una gran señal a nuestro sector y especialmente a la clase media. Haber incorporado una idea como esta, que no hubiese afectado la recaudación, no sólo hubiese muy justo para nuestra afligida clase media, sino que también hubiera sido mucho más coherente con nuestras ideas. No recibí ni respuesta ni nada. Al revés, la respuesta fue incorporar otras cosas que uno se va enterando por la prensa, como es el tema del DFL2 y los depósitos convenidos.
Por la forma en que se ha dado el debate y las críticas que ha habido en su partido, ¿éste es el límite de lo que la UDI puede apoyar?
—Es inviable seguir así, es no conocer la UDI. De continuar estas formas o estas faltas de prolijidades, van a ir generando un creciente distanciamiento con el Gobierno. Ninguno de estos errores, que nos podríamos haber evitado, tiene buenas explicaciones y me preocupa que sigan ocurriendo. La instalación, los nombramientos, las formas, la falta de prolijidad, no tienen justificación en el terremoto.
Y el gran riesgo es que si esto no lo resolvemos pronto, esto puede ser un paréntesisd e cuatro años. Eso es lo que tenemos que entender. Este tiene que ser un gobierno de coalición, en que los partidos se tienen que sentir parte. Y me causa terror cuando dicen que el que critica es un desleal. Porque en el fondo es una forma de silenciar, de mostrar que sólo van a tener acceso (al gobierno) los «yes men», aquellos que digan «amén» a todo. Y en la UDI no ha sido nunca ésa la cultura.
Fuente: entrevista de María José Gómez y María José O'Shea, La Segunda, viernes 7 de Mayo.
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3 comentarios
Fabiola
8 may 2010 | 03:59 PM
Mauricio estoy muy de acuerdo, pero no hay que perder la esperanza en que esto sea realmente el cambio que esperabamos y no el desorden que sufrimos ahora.
gabriela
9 may 2010 | 08:53 AM
Mauricio, lamentable lo que está ocurriendo, porque creo que tanto los partidarios como los que no, queremos que le vaya bien al gobierno , por Chile, porque hay mucha gente que está mal en este momento, y no es posible que estén haciendo un gobierno tan personalista como la dictadura, en que nadie puede hacer algo sin que esté el señor Piñera encima, que pareciera que es el único que puede inaugurar, aprobar, decir, contar, examinar, hablar...Además, no es forma de tratar a los ministros...No se trata de hacerle una reverencia al dueño de la empresa...Aún están a tiempo de recapacitar.
Fernando E.
9 may 2010 | 08:23 PM
Yo tengo la misma sensación de lo que aqui cuentan y eso no debe ser causualidad. Eso de las malas prácticas en política es transversal y contra ello debemos luchar según nuestras posibilidades. Quienes incurren en esas acciones parece que no se dan cuenta que los estamos observando y que no se puede tapar el sol con un dedo. Es una lástima que los vivos se aprovechen de esos espacios para hacerse del poder y que nosotros nos quedemos callados. Ojalá nos acordemos cuando tengamos que votar que estos care' palos están repartidos equitativamente en todos lados, en la UDI en la DC, en el PPD, en RN, en el PC, en el PS, sí en todos lados.
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