En un mundo plagado de incertidumbres y creciente deterioro de las normas mínimas de convivencia surgen paradójicamente chispazos de luz en la esperanza de obtener verdaderos avances para la especie humana. Es el caso de "Educando a los ciudadanos del siglo XXI", una conferencia realizada en Washington que ha sido profundamente reporteada por Eduard Punset, el que le ha dedicado dos programas completos a esta iniciativa, cuyos videos constituyen lo medular de este post y a los que les invito a dedicar su atención.
La conferencia, auspiciada por el gobierno de Barack Obama, ha presentado los avances en investigación relacionados con la neurociencia - el funcionamiento de la mente humana- y las experiencias exitosas en el ámbito educativo aplicadas en diferentes entornos de aprendizaje. Del encuentro han sido parte el Dalai Lama y científicos y educadores tales como Linda Lantieri, Daniel Goleman, Mark Greenberg, Linda Harlingdam y Richard Davidson, entre otros. Un tema que no ha estado ausente de este blog y que desde el año 2005 venimos insistiendo.
Hay dos áreas a mi entender que son cruciales para el futuro de la humanidad: una es la educación y la otra es la política. Ambas comparten la singularidad que están basadas en la reacción emocional de los seres humanos. Mientras no se aborde el tema de la conciencia emocional desde edades tempranas el futuro puede no ser auspicioso. En el caso de la política, al igual que en la educación, hay unas "lógicas" y "sentidos comunes" tan arraigados y nefastos que mientras no se encaren seguiremos atrapados en un círculo vicioso de evolución e involución.
Muchos lo perciben y expresan con otras palabras. la desafección que produce por ejemplo la política. El hastío que provoca el querer participar en la vida política, pero enfrentarse a recurrentes malas prácticas. En esta esfera desde el Renacimiento sigue reinando la lógica de El Príncipe de Maquiavelo. Los intentos por renovar la política siempre terminan en la explotación y manipulación que los líderes hacen de la pasión (emociones) de sus seguidores y en la deshonestidad de la incoherencia entre el decir y el hacer. Y esto no discrimina entre tendencias e ideologías. Los cambios que muchas veces nos prometen son simples slogans de campaña. Son diferentes rostros, pero la lógica de fondo y las prácticas siguen siendo las mismas. Y similar es lo que ha sucedido con todas la revoluciones. Lamentablemente (o afortunadamente, según se mire) la democracia sigue siendo, aunque siempre imperfecto, el único sistema viable para garantizar ciertos equilibrios. No obstante, es hora de buscar nuevas interpretaciones.
Volviendo al tema central, los programas de la serie Redes de Eduard Punset que aquí les presento apuntan muy bien a la necesidad de repensar la "lógica" de la educación y a abrirse a visiones renovadas acerca de cómo somos realmente los seres humanos y qué necesitamos para formarnos de manera más positiva, aportando de paso a mejorar la convulsión del mundo actual.
¿Qué pasa con las experiencias para calmar la mente y centrar la atención? ¿Qué sucedería si lo cultiváramos en los niños, si aumentáramos la repetición de esa experiencia en sus vidas mediante la práctica regular, por ejemplo? ¿Acaso cambiaría su manera de aprender, su manera de dominar las emociones durante el resto de su día a día? Déjame explicarte brevemente un pequeño estudio que ya hemos realizado en Nueva York a través del Inner Resilience Program. El estudio contó con la participación de unos 855 estudiantes de hasta 11 años, y fue un estudio aleatorizado y controlado, con un grupo de tratamiento y un grupo de control, así como 57 profesores. Lo primero que descubrimos es que se produjeron cambios significativos en los profesores. Acabaron menos estresados… Los profesores que están menos estresados son más felices y más conscientes de los niños y de sus necesidades. ¿Y qué descubrimos con los estudiantes? Pues dos cosas: por un lado, una disminución de los niveles de frustración y, por otro, un aumento de una sensación que en este estudio llamamos «autonomía», es decir, los niños sentían que tenían voz en la clase, que el aula era una comunidad de aprendizaje democrática donde su opinión contaba y se les escuchaba. Ambas cosas, la menor frustración y la mayor autonomía, sin duda aumentan las posibilidades de que nuestros niños aprendan en general, tanto si educamos el corazón como la mente.
¿Hacia dónde ha de evolucionar nuestro sistema educativo para formar a ciudadanos capaces de afrontar los retos de este siglo? Tanto la ciencia como la tradición contemplativa budista tienen mucho que decir al respecto. ¿Por qué no unirlas para que se enriquezcan mutuamente y aporten soluciones? Eso es lo que hicieron el pasado mes en Washington D.C., y allí estuvo Redes para presenciar un excelente debate sobre las necesidades de la educación de nuestros hijos.
Si desde la escuela nos enseñaran a crearnos un rincón de paz, desde el cual serenarnos y conectar con nuestra sabiduría interior, nuestra inteligencia se desplegaría inundando la vida.
Linda Lantieri imparte seminarios a profesores de todo el mundo. Su método para que niños y adolescentes aprendan técnicas de respiración y relajación y sepan administrar la ira o la frustración está implantado en medio millar de escuelas públicas de EE UU y otras tantas de Brasil y Puerto Rico. Un estudio de la Universidad de Columbia constatando que una hora semanal de aprendizaje de este método disminuye un 23% la conflictividad en el aula y mejora el rendimiento académico un 11% resulta un buen aval para que la Administración de Obama se haya comprometido a debatir en el Congreso su generalización en el sistema educativo.
"Aún hay padres que dicen: 'Bah, chorradas'. Y congresistas que dicen: 'Será una pérdida de tiempo'. Espero que sean minoría. Creo que el proyecto se aprobará y daremos un paso de gigante", comenta esta mujer optimista y pragmática, hija de italiano y alemana.
La editorial Aguilar acaba de lanzar la segunda edición de Inteligencia emocional infantil y juvenil, que incluye un CD de ejercicios con la voz de Elsa Punset. (Nota: fragmento de reciente entrevista a Linda Lantieri en El País).
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