Otra de las falencias que el terremoto desnudó en Chile y de la que no se ha hablado es la débil comunicación científica en el campo de la sismología. Y no se trata solamente de la precariedad digital de sitios como el de la Onemi, el SHOA y el propio Instituto de Sismología de la Universidad de Chile sino de la falta de fuentes en Internet a la hora de recabar información confiable.
A la hora de recurrir a información científica cuando se produce un sismo en Chile por lo general se recurre al primer resultado en Google y este sigue siendo sitio del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, el cual para ser francos es pobre en información o la manera como ésta se ofrece, pese a que en los últimos días fue mejorado, suponemos que a partir de la experiencia de la catástrofe. Lo mismo sucede con el el Centro Sismológico de la Universidad de Tarapacá.
Tanto ha sido así que las redes sociales -como Twitter- han dejado en evidencia que ante la falta de información clara y confiable la mayoría de los navegantes recurre ahora al USGS de Estados Unidos, pese a que gran parte sólo se ofrece en Inglés.
Mejor diseñados están los sitios que estudian y alertan actividades volcánicas anómalas. Un ejemplo es POVI, iniciativa privada, sin fines de lucro, financiada por sus integrantes y numerosas donaciones. En el caso del equipo Observación Visual del Volcán Villarrica está integrado por Werner Keller (volcanólogo independiente, fundador y webmaster), Víctor Marfull (ingeniero en informática), Alex Koller (guía profesional de montaña) y Mario Alarcón (fotógrafo y empresario).
¿Blogs de sismólogos?
Pero echamos de menos la actividad independiente en la red de sismólogos, geólogos o geógrafos nacionales, sea a través de sus propias webs, blogs o redes sociales. Al respecto, creo que en muchos de ellos todavía hay una visión estereotipada de Internet. En otros, un cierto pudor a participar y ser criticados por sus pares. También se dan situaciones en que los profesionales no poseen las competencias comunicativas necesarias o miedo a cometer errores y exponerse a la crítica.
Sin embargo, hace ya tiempo que Internet se ha convertido en la plataforma ideal para poner en práctica el viejo ideal de la democratización del conocimiento, aún con los riesgos de malas interpretaciones que ello implica. La crisis vivida por Chile en el terremoto es un ejemplo preclaro.
Lamentablemente la mayoría de los sismólogos sigue confiando en que sean los medios de comunicación masivos sean los que lleguen a entrevistarlos a sus despachos y de esa manera llegue su opinión a la comunidad, pero esa opción restringe sus posibilidades a lo que el periodista pueda entender y quiera reproducir, desechando la oportunidad de ser consultados directamente por miles de personas. En definitiva: comunicación científica.
El espacio que comunicacionalmente dejan abierto en Internet permite que los menos informados recurran a adivinos, magos y presuntos profetas para llenar esos vacíos con las previsibles consecuencias de desinformación, paranoia y psicosis en momentos en los que los efectos psicológicos de la catástrofe afectan a gran parte de la población.
Es también lamentable que poco se pueda hacer a través de los medios de comunicación. La lógica de mercado que los sustenta los transforma en víctimas de su propia política de supervivencia mediante el rating. Si bien el rol cumplido por la mayoría en las horas y semanas posteriores al desastre ha sido positiva, excepciones mediante, la búsqueda del impacto emocional y la necesidad de vender no los hace confiables. El problema radica en que tratadas las informaciones con esa estructura de "noticias" el aporte a otros seres humanos, la virtud, la belleza y la verdad pasan a segundo plano.
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