¿Somos realmente libres? ¿Nuestras decisiones dependen exclusivamente de nosotros o de los demás? ¿Cuál es el verdadero poder del ciberespacio como moldeador de vidas? Son tres de las preguntas que palpitan en las páginas de Conectados. El sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan, que Taurus publicará este miércoles en España. Una pista: La felicidad, la obesidad o la riqueza se contagian a través de las redes sociales que tienden a cambiar hábitos o conductas de manera consciente o inconsciente. Un tramado de influencias que hoy adelanta Babelia en ELPAÍS.com, a través de un pasaje del libro.
Nicholas A. Christakis, sociólogo y médico, y James H. Fowler, profesor de Ciencias Políticas, son los dos estudiosos de las redes sociales que firman este ensayo. Partiendo de la base de que en la naturaleza humana anida la naturaleza social, los dos científicos estadounidenses reconstruyen gran parte de la historia y evolución de los comportamientos en grupo. Estudios, análisis, ejemplos y reflexiones que dejan al descubierto el poder de los demás, conocidos o desconocidos, sobre el destino de cada individuo. Estas páginas desvelan esta asombrosa ascendencia. Y confirman que los estándares con que se medía el comportamiento humano ya no sirven y que los avances tecnológicos han cambiado el mundo y han transformado los mecanismos de estudio.
Las redes sociales en Internet como Facebook o MySpace son el penúltimo paso en esa evolución del ser humano y sus comportamientos colectivos. Su poder y capacidad es muy superior a lo conocido hasta hoy, y sus reacciones un misterio. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Unas veces por contagio, otras por imitación y, quizás, pocas por iniciativa genuina. Las redes sociales, las de siempre, y las ciberespaciales, son un superorganismo vivo. Y la clave no es sólo la influencia que ejercen los demás sobre un individuo sino la de éste sobre los demás. Sobre todo ahora que hay un resquicio hacia el futuro lleno de incertidumbre como queda reflejado en el pasaje de Conectados que se puede leer en la edición digital de este diario: "Una de las características que distinguen a los mundos virtuales del real es nuestra capacidad de controlar nuestra presencia...".
Fuente: Winston Manrique Sabogal - Madrid - 22/02/2010. El País.
Fragmento
Podemos usar Internet para encontrar a gente que ya conocemos en el mundo real y trasladar nuestras relaciones a la esfera virtual. También podemos usar Internet para conocer gente en el mundo virtual con la esperanza de establecer conexiones en el mundo real. O bien nuestras conexiones pueden empezar y permanecer en su mundo respectivo, virtual o real. Nuestras conexiones virtuales se parecen en muchos sentidos a las reales, pero en otros aspectos reflejan maneras y patrones de interacción completamente nuevos. La hiperconectividad que hace posible el mundo virtual explota una ancestral maquinaria biológica de maneras novedosas, pero que todavía están al servicio de objetivos ancestrales.
Las redes virtuales ofrecen nuevas vías para la influencia y el contagio social. La rápida organización facilitada por las interacciones electrónicas en Netville, las manifestaciones on line de impulsos tan diversos como el racismo y el altruismo y la manera en que Obama y los activistas colombianos utilizan Internet para movilizar a sus seguidores sugieren que la influencia social puede difundirse a través de Internet de la misma forma en que lo hace en las redes sociales del mundo real.
Sin embargo, algunas cosas se podrán propagar más fácilmente que otras. Como vimos en el capítulo 2, la difusión de emociones parece requerir interacción cara a cara. Así, aunque las conexiones virtuales aumentan la frecuencia de contacto, no está claro si tienenel mismo efecto que estar presente en carne y hueso. Por contra, en el capítulo 4 mostramos cómo la frecuencia de contacto no es tan importante en la difusión de normas sociales. Las costumbres de comer, beber y fumar de amigos que viven a centenares de kilómetros parecen tener la misma influencia que las de los amigos que viven al lado. Esto significa que las ideas sobre el comportamiento pueden difundirse incluso en ausencia de contacto personal directo y frecuente. Aun así, parece que la difusión de estas ideas está basada en conexiones sociales profundas, y que por tanto unos vínculos virtuales débiles adicionales tendrán poco o ningún efecto sobre nuestra capacidad para cambiar las normas. Desde el punto de vista global, la experiencia de las redes sociales reales indica que las redes virtuales pueden usarse para mejorar los flujos existentes entre amigos y parientes del mundo real, pero aún desconocemos si Internet aumentará la velocidad o el ámbito del contagio social en general.
Nuestras interacciones, apoyadas y promovidas por nuevas tecnologías, pero que existen incluso en su ausencia, crean nuevos fenómenos sociales que trascienden la experiencia individual enriqueciéndola y agrandándola, y esto tiene importantes repercusiones en el bien colectivo. Las redes pueden ayudar a que el conjunto de la humanidad sea muy superior a la suma de sus partes, y la invención de nuevas formas de conectar promete fortalecer nuestro poder para lograr aquello que la naturaleza nos tiene destinado.
Fragmento del libro sobre redes sociales 'Conectados'
DOCUMENTO (PDF - 169,45Kb) - 22-02-2010
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