Una de las consecuencias importantes de entender a los seres humanos desde la perspectiva de la Ontología del Lenguaje, ha sido reinterpretar la importancia de la dimensión corporal. La educación centrada en un énfasis exagerado en las cualidades de la racionalidad trajo como resultado centrarnos mayoritariamente en la actividad mental, despreciando todo aquello relacionado con el cuerpo, y de paso, escondiendo la importancia capital que tienen las emociones. Dentro de los muchos grupos existentes en Facebook está el argentino de Latidos Coaching, desde el cual extraigo esta nota.
"Si en algún momento hemos olvidado el cuerpo, este olvido no es casual, sino que tiene que ver con el observador que estamos siendo".
Mientras vivimos, tenemos la ilusión de relacionarnos con un mundo externo determinado, que tiene valores, existencia y significados propios.
Pero en la vida, las cosas que están ahí afuera no son de una manera determinada, sino de la manera como lo ve o lo vive el observador. Todos somos observadores de ese mundo, y cada uno es un tipo particular de observador.
Vivimos en el mundo desde ese observador que estamos siendo. Así actuamos, pensamos, sentimos, nos movemos, nos emocionamos, nos relacionamos, adoptamos ciertas posturas y ciertos gestos. Cuando actuamos, lo hacemos desde ese observador que somos. Y nos podríamos preguntar, que clase de observador estoy siendo?
Si partimos de esa pregunta, se nos abren varios dominios de acción, que en el ser humano funcionan juntos e integrados. Ellos son:
El dominio de la palabra: Las formas de explicar y contar lo que vemos e interpretamos de lo que ocurre en el mundo.
El dominio emocional: Las posibilidades de acción son muy diferentes de acuerdo a las emociones que nos invaden, o los estados de ánimo en los que nos encontramos. Vemos muy diferente el mundo desde la emoción de la alegría o desde la tristeza.
El dominio del cuerpo: El propio cuerpo, el que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos es, tal vez por eso mismo, un terreno de obviedad para nosotros los seres humanos. Si nos detenemos en este dominio, nos podemos dar cuenta de la relevancia, que tiene, ya que sin él no sería posible nuestro tránsito por la Tierra y no podríamos cumplir con ninguno de nuestros propósitos.
Si hemos olvidado el cuerpo, este olvido no es inocente, es parte del observador que somos.
El dominio de la espiritualidad: La percepción del hombre como un microcosmos en vinculación con el macrocosmos.
En cualquier cambio que hagamos, el cuerpo estará presente, y se hará cargo de alguna manera de este cambio.
Los seres humanos somos cuerpo. Somos con él y desde él. Sin él nada es posible. Sostenemos que el cuerpo habla, que es un lenguaje, que el cuerpo comunica el ser que somos.
Cada ser humano existe y es, en la coherencia de los dominios de cómo piensa y habla, de sus emociones, de su corporalidad y de su espiritualidad.
El ser humano no es posible que sea humano sin su cuerpo.
Podemos decir que el cuerpo en la historia de nuestra cultura occidental no tuvo un lugar de atención, fue objeto de olvido, relegado hasta acusado de contaminar con indecencias al alma. Así suele ser visto por los diferentes dogmas éticos religiones de nuestra cultura, que privilegió la razón, el conocimiento intelectual y a la ciencia en detrimento de la sensibilidad y la sensualidad proveniente del cuerpo y de las emociones. Para tener acceso a la plenitud de la totalidad del ser que vamos siendo, necesitamos tomar conciencia del propio cuerpo.
Al hablar de disposiciones corporales hacemos referencia a esa coherencia de la persona, que se muestra en su particular postura, en las formas de realizar sus movimientos, en los ritmos preferidos en los que se mueve, en las actitudes desde donde se relaciona, ante la voz que manifiesta y en la manera de articular sus palabras para poder expresar sus pensamientos.
Nosotros no sólo somos ese cuerpo sino que nos mostramos a través de él.
Tanto cuando estamos quietos como cuando estamos en movimiento, nuestro cuerpo habla y dice de nosotros. Nuestras emociones, conversaciones y cuerpo constituyen una particular coherencia relativa al ser que somos hoy. Decimos que cada ser humano tiene una especial manera de comportamiento y a esto lo llamamos Disposición Corporal para la acción.
¿Cómo hacemos para definir estas disposiciones? Las relacionamos con los elementos de la naturaleza. ¿Y por qué? Porque los elementos de la naturaleza estás asociados a un tipo de energía determinada. Estos elementos son los señores de la naturaleza que a través de sus vibraciones electromagnéticas constituyen la posibilidad de la vida terrestre. Podemos considerarlos como los principios raíces. Estos elementos son: Fuego, Tierra, Agua y Aire y Eter.
Cada uno de estos elementos lo podemos relacionar con un tipo de energía básica, como una manera de encontrar el equilibrio de la polaridad donde transcurre lo que llamamos vida. Vida como movimiento equilibrado e inestable.
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