Más allá de lo que sea o no efectivamente el mundo, es posible observar que toda cultura, organización o persona vive a partir de un conjunto de interpretaciones, creencias o paradigmas que constituyen para ella la realidad misma. Los paradigmas o juicios maestros sobre los cuales se sostiene una cultura determinan "lo que somos", el "mundo en que estamos o vivimos" y "lo que es significativo para nuestra comunidad".

La cultura previa a Colón que vivió bajo la certeza de la planitud de laTierra, el mundo medieval que vivió bajo el dato que la Tierra está alcentro del universo, los griegos que vivieron bajo la certeza que el mundo se regía por la voluntad y deseo de los dioses.

Así también el niño que vive con la certeza de la existencia del Viejo Pascuero, la organización que opera bajo el supuesto que nunca se podrá hacer tal cosa o que siempre serán los primeros del mercado. La persona que se relaciona con el mundo a partir de la creencia que se debe desconfiar de todo, no creer en nadie, etc.

Nos interesa subrayar que las creencias o juicios maestros que constituyen el mundo para una cultura no son "ideas" que las personas tengan sobre el mundo; más bien son la realidad misma. El niño no requiere pensar la existencia del Viejo Pascuero, la persona desconfiada simplemente ve como el mundo la quiere agredir o engañar. Desde otra perspectiva podemos señalar: las creencias no las tenemos, ellas nos sostienen a nosotros.

Aceptar que vivimos en mundos interpretativos pone en cuestión el modo cómo hemos pensado tradicionalmente el concepto de verdad. Podemos decir que dentro del espacio infantil es "cierto" que el Viejo Pascuero pasó a dejar los regalos, que para los medievales "es evidente" que el sol gira en torno a la Tierra o que para la cultura indígena la cosecha no prosperó pues los dioses no lo quisieron. Como es posible observar en esta mirada, la "verdad" es la adecuación que guardan nuestras afirmaciones con el conjunto de creencias que constituyen la realidad y no con la realidad misma. En definitiva, no sabemos como las cosas son. Sólo podemos llegar a decir como las observamos o interpretamos.

Todo lo dicho es dicho por alguien

Una de las más notables consecuencias que tiene reconocer que vivimos en mundos interpretativos es que en el tipo de mundo que vivimos se deja ver el tipo de ser que somos. En todo lo que hacemos o decimos se transparenta el tipo de persona en que nos constituimos al momento de decir o hacer lo que hacemos.
Quién ve en el mundo constantes amenazas, malas intenciones y tragedias nos revela su actitud vital de desconfianza. Aquel que en las organizaciones siempre tiene disponible el "nunca lo podremos hacer" revela su actitud resignada ante el futuro. Quién ante un bosque se conecta con la divinidad y la trascendencia nos delata su actitud mística, aquel que ve preguntas sobre el mecanismo de la vida su actitud científica, el que observa "kilos de madera o metro ruma" su ser comercial.

Humberto Maturana ha señalado lo anterior con dos aforismos: "Todo lo que decimos sobre lo observado (el mundo) revela el tipo de observador que somos" y "Todo lo dicho es siempre dicho por alguien".

Fuente: Fragmentos de un apunte titulado "Una nueva mirada" escrito por Carlos Sandoval P. sobre la base de conversariones con Julio Olalla. Con tanta paranoia y discusiones sobre la "verdad" circulando en Internet, este escrito resulta ser un buen antídoto.