Así se titula la última columna de Patricia May, un antropóloga chilena de la que sigo habitualmente sus escritos en la Revista del Sábado de El Mercurio. Como siempre, con gran sensibilidad y asertividad, Patricia recoge la lógica con la que actúan los medios de comunicación para captar la atención de las audiencias (vender), y de paso cargarnos emocionalmente con una alta cuota de negatividad. ¿Cómo quebrar esa "lógica" informativa? He aquí un gran desafío para todos nosotros.
La interconexión mundial transmite no sólo información, eventos, noticias, sino también emociones.
Los estados emocionales viajan en segundos a través de la red informática impregnando a las personas, llevándolas a sumarse a corrientes de vibración que a menudo arrasan con la conciencia personal, con la cordura, con lo que en sano juicio pensaríamos o actuaríamos.
Dentro del campo emocional-mental humano hay niveles; desde los más densos y dañinos como el miedo, la envidia, el rencor, la intolerancia, la ansiedad, el deseo, el egoísmo, el fanatismo dogmático, el placer hedonista, el dramatismo hasta los más livianos y benéficos como la alegría, el amor, la serenidad, la confianza, la armonía, el disfrute, el gozo, la bendición, el agradecimiento. Los primeros son más impactantes, y generan impresiones fuertes y una vibración alterada que es sumamente contagiosa, una sensación de “estar viviendo a concho” de estar “sintiendo la vida”, tienden a generar adicción bioquímica, por ello son las que se hacen notar más y tienden a contagiar a las personas y a poseerlas, ese nivel es el que tratan de explotar los medios cuando convierten el drama en un espectáculo de circo intentando movilizar estos niveles de emoción con asaltos, accidentes, deudos expresando su dolor ante las cámaras o gente furiosa insultando o peleando. Lo que producen en el espectador es impacto, atención, absorción, hipnosis y, con ello, por supuesto, rating y venta.
Es éste el nivel de pensamientos y emociones que se estimulan en la red de información con más fluidez, corren velozmente a través de las cadenas de mails pues su nivel de contagio es enorme; es lo que ha estado ocurriendo en los últimos años con temas como terrorismo mundial, calentamiento global, crisis financiera, enfermedades… evidentemente todas estas cosas están ocurriendo y requieren de acciones eficientes y conscientes, de replanteamientos profundos de nuestro estilo de vida, de transformaciones personales y sociales, pero no podremos hacer esto desde el estímulo del miedo colectivo que sólo genera avalanchas de terror que arrasan con toda consideración humana, que nos llevan a escondernos, protegernos, aislarnos, cuidar el propio pellejo sin importar lo que pase con los demás.
Es natural sentir temor ante la cantidad de cosas que parecen cernirse ante nosotros, pareciera que estamos recibiendo el efecto de nuestras acciones desconsideradas e irresponsables en relación al medio, a la mentalidad economicista, a los abusos de poder y dinero, da la impresión de que muchas cosas estuvieran tocando fondo llegando al límite de su expresión, parece que la tierra quisiera sacudirse de nosotros y que ya no tuviéramos control por los hechos inesperados que afectan las economías mundiales, con esto, las sicosis colectivas están a flor de piel y se transmiten por la red contaminando nuestro estado interior, nuestras relaciones, nuestras decisiones, nuestras acciones.
Es vital en estas situaciones conservar el centro personal, no dejarse agarrar por las oleadas de miedo colectivo, no hacerse parte transmitiendo información catastrófica o destructiva, pues es desde la conciencia y el amor desde donde podremos hacer las transformaciones necesarias para gestar una nueva tierra, con un nuevo sentido para lo humano.
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