Las teorías y los modelos no son más que interpretaciones o simulaciones de lo que observamos. Esto es especialmente aplicable al campo de las Ciencias Sociales, donde aún es posible encontrar personas que viven sus ideologías como verdades cuasi absolutas. Basado en los escritos del ya fallecido profesor Dietrich Schwanitz de la Universidad de Hamburgo, Alemania, voy a publicar a partir de hoy una serie de posts relacionados con este tema, en los cuales se desarrolla la idea de que las ideologías compiten en un verdadero mercado de opiniones. Son ellas, y quienes las profesan, los que libran la "batalla por la mente", disputas que es especiamente usual encontrar en las profesiones universitarias latinoamericanas. Las teorías seleccionadas son marxismo, liberalismo, comunitarismo, psicoanálisis y Escuela de Frankfurt o Teoría Crítica de la Sociedad.

Cuando en la modernidad, la religión entró definitivamente en coma, aparecieron en su lugar toda una serie de cosmovisiones. Eran modelos explicativos del mundo en su totalidad que, en un principio, estuvieron fabricados fundamentalmente en los talleres de filosofía; pero con el tiempo las distintas ciencias particulares también produjeron grandes esquemas teóricos con pretensiones explicativas totalizadoras. Estas cosmovisiones fueron designadas con términos acabados en “ismo”, como liberalismo, marxismo, darwinismo, vitalismo, etcétera. Detrás de ellos estaban las denominadas escuelas, que eran algo así como comunidades intelectuales, clubes de opinión, círculos con determinados idearios, conventículos de correligionarios y células ideológicas. El concepto “teoría” se impuso como el mínimo denominador común de esta mezcolanza de filosofía, ideología y ciencia. Hoy, el panorama teórico es un mercado de opiniones de rumbo variable. En él reina la misma diosa que en otros mercados: la moda. La moda de la continua innovación que se aparta de lo que hay: por lo tanto, el que sale antes tiene ventaja, está al día, va con su tiempo, pasa a todos los demás y le divierte ver cómo tratan de alcanzarlo.

Así pues, hay teorías in y teorías out. Existe un vértigo de etiquetas e imitación de artículos de marca, competencia desleal y ofertas económicas, nostalgias, oleadas de reciclaje, liquidaciones y saldos, hay booms y depresiones, épocas de quiebra y de bonanza. Para orientarse, es necesario tener visión de conjunto: hay que conocer las empresas y su seriedad en el sector teórico, la cotización de las acciones, los precios, los márgenes de beneficio, los proveedores y el gusto del público. Y sobre todo hay que tener buen olfato para las nuevas tendencias teóricas.

Antes que nada: en el mercado teórico la moda ha logrado consolidarse tan rápidamente porque el objetivo de las teorías es ser competitivas. Por ejemplo, el marxismo contiene una teoría sobre la conciencia de su oponente: su conciencia es necesariamente falsa, pues por su posición social, su pertenencia a determinada clase, lo condiciona a pensar como capitalista. Así pues, la conciencia no hace sino enmascarar los verdaderos intereses. Esto mismo ocurre también en los marxistas, pero su interés coincide en este caso con el de la humanidad. De ahí que su conciencia sea la verdadera.

Tal teoría conlleva consecuencias terribles: ya no hay conciencia que sea inocente. La conciencia es moral o inmoral, y quien tiene una conciencia falsa de la realidad se hace culpable, lo que convierte a la ilustración en un deber sagrado. Ésta recibió el nombre de crítica de las ideologías porque, en el marxismo dialéctico, ideología significa siempre falsa conciencia de la realidad (según su propia concepción, pues, el marxismo no es una ideología). 

En esta situación, casi todas las teorías abrieron un departamento dedicado a la práctica de la sospecha generalizada sobre todas las demás. Las teorías eran, por decirlo así, polémicas desde el momento mismo en que nacían. Cada una de ellas decubría en las demás estructuras latentes (ocultas) con las que poder relativilizarlas. La competencia entre teorías se convirtió en el juego "Yo veo lo que tú no ves, es decir, las estructuras que condicionan tu pensamiento".