Esta es la segunda parte de la conferencia del Dr. Rafael Echeverría mencionada en el post anterior. Aquí se aplica la Ontología del Lenguaje a la educación, una de las vetas que me encuentro explorando.

¿Qué hace el maestro?, el maestro enseña; qué significa enseñar, una sola cosa producir aprendizaje, quien enseña y no produce aprendizaje no enseña, la enseñanza se valida del aprendizaje que produce, el maestro es un artífice, el que produce aprendizaje. Y ¿qué es el aprendizaje? es producir la transformación del alumno, transformar el sentido con el que éste mira el mundo, transformar su forma de intervenir con efectividad en ese mundo y poder hacer cosas que no podía hacer antes y cómo lleva a cabo el maestro esa transformación, simple y llanamente, a través del poder de sus conversaciones.

La práctica docente es una práctica conversacional y no hay otra que nos exhiba de manera más patente la capacidad de lenguaje de las conversaciones para transformarnos, para que ese alumno que llega a nuestra aula, salga siendo diferente, salga con un futuro distinto, salga abriendo posibilidades que no veía antes, salga pudiendo ver y hacer lo que originalmente le estaba negado.

El maestro es un artífice de la transformación de seres humanos al poder, a partir del poder mágico de su palabra, de sus conversaciones, expresamos cuando enseñamos, no hacemos más que esto, y por tanto es muy central preguntarse, qué tengo que hacer para que mi palabra tenga el mayor poder transformador, vale decir genere la mayor capacidad de aprendizaje, cómo debo hacerlo, de qué forma debo diseñar lo que digo y las conversaciones que hago, para que esos seres que están allí esperando ver posibilidades distintas, efectivamente accedan a ellas, cómo hacerlo.

Conversaciones efectivas

He notado al llegar a Chile, que el tema de las evaluaciones y de los logros está planteado con una fuerza inaudita, yo no la había visto nunca planteado con tanta urgencia, con tanta fuerza, con tanta prioridad como lo observo ahora. Se habla de las escuelas efectivas, se habla de las aulas efectivas. Sin embargo, no se habla de las conversaciones efectivas, y es en ellas donde está el secreto. Por lo tanto, los docentes deberían preocuparse en como enseñarles a diseñar esas conversaciones a sus alumnos, como garantizar que lo que dice sea efectivamente escuchado por el que escucha.

La escucha efectiva no es otra cosa que permitir que la palabra del otro me transforme. Si yo escuchara las conversaciones como posesiones tomadas podría oír lo que se me dice, pero no escucho, la escucha es el secreto del aprendizaje. Cómo debo hablar por tanto para que mi palabra no solamente genere aprendizaje, genere la condición del aprendizaje que es la escucha en mis alumnos, de qué forma debo hablarles, cómo debo hacerlo para que escuchen bien lo que se le ha dicho, el secreto del escucha está en la posibilidad que yo hablo para que la palabra del otro me transforme, yo no sé qué han escuchado ustedes, sólo espero que algunos a partir de lo que estamos diciendo vean cosas que no habían visto antes y que esta presentación pueda ser un punto de inicio de crecer con respecto a la manera cómo hacer las cosas, cómo enseñar y no solamente cómo enseñar, si no cómo convivir con los demás.

El escuchar

Uno de los talleres de los que recuerdo en Venezuela, hace algunos años, al día siguiente de un día muy intenso, le preguntamos a la gente, cuéntenos qué pasó el día de ayer, qué experiencias quedaron, era con el Banco Central de Venezuela y un gerente presenta una historia curiosa: “yo llegué a la casa anoche, y al llegar mi hijo, que tiene cinco años, salió a la puerta y me dijo: ¿por qué llegas tan tarde? porque hoy día a diferencia de los demás días, tuve un taller que duró hasta un poco más tarde y es importante que yo asista a este tipo de cosas, porque aprendo cosas nuevas. Y –me dijo– papá ¿qué aprendiste? ¿qué te enseñaron?. Le respondí: yo creo que una de las cosas importantes que me enseñaron fue a escuchar mejor, y él me dice: ¡qué bueno papá! porque sabes que tú me escuchas bien poco.” Tú me escuchas bien poco, qué quiere decir el niño, quiere decir que tú no oyes lo que te digo. El sabe que el padre no lo escucha. Lo que le está diciendo es: nada de lo que yo diga te cambia, mi palabra no te toca, eres refractario a mi voz. Cuando la pareja dice al otro, él no me escucha, ella o él, sí te escucho, ¡quieres qué te diga lo que me dijiste!, solamente muestra que oyó.

Saben ustedes cuál es el poder transformador del lenguaje, de la palabra, que cuando yo hablo no solamente describo lo que existe, sino que porque hablo hago que ciertas cosas pasen, transformo; cambio.

Positivismo y Negativismo

Nosotros trabajamos mucho con equipos de alto desempeño, es uno de los trabajos nuestros en empresa, trabajar con equipos de alto desempeño y un equipo de alto desempeño es un equipo que tiene capacidad de escuchar, de auto escucha, donde lo que unos dicen cambia a los demás, lo que los demás dicen cambia al resto, y se produce una sinergia tal que terminamos todos en un lugar donde nadie es estrictamente responsable, descubriendo cosas nuevas, cuándo nos preguntamos quién fue que nos llevó allí, no podemos sino responder, fue Fuenteovejuna, fue la dinámica que produjimos que permitió que nos escucháramos y nos transformáramos con las cosas que cada uno iba diciendo.

¿Y saben ustedes en qué me baso?. En una investigación hecha por un gran amigo mío, en los Estados Unidos, un chileno Marcel Losada, ¿saben ustedes cuál es el tejido importante en ese espacio emocional?, la tasa que existe entre la positividad y la negatividad en las conversaciones, y ¿saben cuál es la tasa mágica que produce la mayor capacidad de transformación?, ¿cómo tiene que estar la positividad en la conversación versus la negatividad en la conversación? ¿cuáles son las porciones de positividad y negatividad? ¿1 a 1? no, ¿2 a 1? no, ¿3 a 1? no.

¿5 a 1?; 5 a 1 es la tasa de positividad versus negatividad que muestran los equipos de alto desempeño. Y tienen negatividad, porque sin negatividad no hay cambio, no hay mejoramiento, pero hay cinco de positividad: de retroalimentación positiva, de celebración, de decir: ¡Esto estuvo bien!. Gracias por esto. Bravo por ésto. ¡Qué bien lo hiciste!; y aquí te falta mejorar un poco, 5 a 1 es la tasa mágica.

Yo no tengo datos empíricos, pero si sitúo la pregunta en el campo de la enseñanza, de la práctica docente, les advierto que no me extrañaría que si me dicen selecciona a los buenos maestros y descubre cuál es la clave de su eficiencia, me encontrara que la clave no está en los medios, en los recursos, en los conocimientos, sino que está en la tasa de positividad versus negatividad, ese es el secreto de la transformación, eso genera escucha, y, el escucha, transformación.

Actos de Lenguaje

Yo tengo el lujo de estarle hablando a un porcentaje muy grande de maestros en lenguaje, de maestros que enseñan lenguaje y donde yo creo que lo que estamos hablando puede significarles preguntas nuevas, porque muchas veces hemos concebido, y yo sé que muchos de ustedes están más allá de eso, pero que enseñar el lenguaje es fundamentalmente enseñar un idioma, o enseñar a leer y enseñar a escribir. Nosotros decimos enseñar el lenguaje es algo mucho más profundo, mágico, sagrado, es entregar la verdad mágica, es enseñar una forma de vida, es enseñar una modalidad de convivencia, es enseñar que tras cualquier idioma no importa cuál sea éste, todo idioma reconoce una estructura genérica fundamental que sigan todos, que no basta con enseñar la palabra sí o la palabra no, que algunos conocen la palabra, pero viven toda su vida con la incompetencia de no poder decirla, quiero tratar de enseñar cómo se conjuga el verbo poder que lo sé conjugar, pero hay quienes van toda la vida sin atreverse a pedir, o a ofrecer, o a prometer.

Por tanto, lo que importa tras el lenguaje no es la gramática solamente, que es muy importante; el vocabulario únicamente, que es muy importante; sino que el lenguaje nos enseñe a una forma de operar en la vida, que además de ser el verbo pedir, hay que enseñar las acciones del verbo y quien no sabe decir que no, quien no sabe pedir, viven de acuerdo a la incompetencia que lo caracteriza, esa incompetencia sobre ti –como nos decía Heráclito– tendrán la vida del que no sabe, del que no sabe pedir, del que no puede ofrecer, es enseñar las emociones que acompañan las acciones fundamentales en la vida, que todo lenguaje es una forma de vida y eso es lo que estamos enseñando y para enseñar eso, el lenguaje tenemos que colocarlo en aquella base crítica de la que hemos estado hablando, que no podemos disociarnos de ella, que hay mucho más que la enseñanza de un idioma, que está en la tasa de positividad versus negatividad, ese es el secreto de la transformación, eso genera escucha, y, el escucha, transformación.

Hay que ir mucho más allá por menos importante que ella sea, hay que acceder a esa estructura subyacente que en todo idioma podemos reconocer y que es válida para todo ser humano, no importa el idioma que hable.

Los maestros

El maestro es la persona que tiene la posibilidad de garantizar esos cambios, quizás sólo los promete ningún otro ser humano en esta vida puede prometerlo. Yo les pregunto a ustedes como una reflexión de lo que estamos hablando, estamos conversando, piensen en aquellos maestros que marcaron sus vidas, que sin ellos ustedes hoy día no serían quienes son. Somos la obra de nuestros maestros, de aquel que quiso crear un sueño, era su sueño y que lo hicimos nuestro, que notó que había otra forma de mirar las cosas, quiso creer en un futuro distinto y en nosotros mismos. Y aquellos maestros que marcaron nuestras vidas, no fueron los que sabían más, no fueron los que seguían los textos, no eran siquiera los más articulados, eran aquellos que tuvieron aquella llave que nos permitió escucharlos de una forma que nos transformó, que nos hizo devenir en un ser distinto y los hemos tenido todos, todos recordamos aquellos maestros que son parte de quienes hoy día somos, y el sueño de un maestro, es justamente eso, el ser, el poderse encargar de los futuros de sus alumnos, de sus nuevas identidades, el saber que hicimos una diferencia, marcamos una huella, dejamos un rastro que hoy día esa gente que va allí lleva las impronta de esas conversaciones que tuvimos en el aula y fuera de ella.

Y cuando yo trato de buscar una imagen, una experiencia que como ninguna otra me dé justamente esa imagen del maestro que creo que tenemos que procurar reproducir, me encuentro con un cuento, con una experiencia concreta de un niño, de un niño que vive en Argel, en la primera mitad del siglo XX, hijo de un padre que muere cuando él tenía un año, que tiene como madre a una mujer que prácticamente no hablaba, era analfabeta, que se dedicaba al aseo de otras casas, que vive con la madre y con su abuela, impositiva, una abuela dura, castigadora, que no estaba interesada mayormente en escucharlo. Que cuando el niño jugaba con su pandilla, en la calle con una pelota, que armaba la pichanga decimos en Chile - fútbol -que va a una escuela y que en esa escuela se encuentra con un maestro que descubre que ese niño tiene un potencial, tiene la posibilidad, la sensibilidad especial, que es un niño posible de despertar, que es un niño que lo escucha, que se encanta con lo que él dice, que lo sigue en los cuentos que él le narra, que es un niño que puede llegar a ser alguien, que sin duda lo es, y le insiste que postule para una beca para ir a Francia, y estudiar en una buena escuela, porque tiene las habilidades y él está dispuesto a respaldarlo.

Y él dice sí, pero en mi casa quieren que yo trabaje, mi madre espera que yo cuando termine esta escuela, la primaria, busque trabajo porque somos pobres, le dice. Déjame ir a tu casa a hablar con tu abuela y hablar con tu madre. Va y las convence y aceptan ellas que ese niño vaya a París y que estudie en la Escuela Normal, la gran escuela, una buena escuela, desarrolladora de talentos. Ese niño, es un niño que vivía en la pobreza más absoluta, en un país pobre, en un barrio pobre, de padres pobres, en escuelas pobres. Recibe el Premio Nobel el año 57 y hace una de las contribuciones más importantes de la primera mitad del siglo XX y, luego de la emoción del premio, pocos días después, escribe una carta a su profesor, al Sr. Germain y le dice:

"Querido Sr. Germain esperé que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos los días antes de hablarle de todo corazón, he recibido un honor demasiado grande, que no he buscado, ni he pedido, pero cuando supe la noticia pensé, primero, en mi madre y después en usted, sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que calló, sin su enseñanza y su ejemplo no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo, pero ofrece, por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí y de corroborarle que sus esfuerzos y su trabajo y el corazón generoso que puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que pese a los años no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus.

Hoy día todos alabamos la obra de Camus, pero no alabamos el reconocimiento de Camus, que fue la obra de su maestro, del profesor: Sr. Germain.

Nota: esta es la segunda parte y final de la transcripción de una conferencia del Dr. Rafael Echeverría en la Universidad Católica de Temuco.

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