"El universo está hecho de historias, no de átomos". Muriel Rukeyser.

Desde que los seres humanos desarrollaron por primera vez la capacidad de pensar y de maravillarse, nos hemos maravillados ante la magnificencia, la belleza y las, en ocasiones, aterradoras fuerzas de la naturaleza. Como testigos de la jornada desde el milagro del nacimiento hasta la finiquitud de la muerte, nuestros ancestros se preguntaron ¿de dónde venimos?, ¿Adónde vamos? Como nosotros, deseaban conocer cómo encajamos en el mundo que nos rodea.

Para dar sentido a estos misterios creamos historias. Algunas culturas crean historias sobre espíritus de la tierra alojados en la naturaleza, otras acerca del único dios del cielo que rige desde allí, y otras nos dicen que estamos solos en un universo indiferente.

¿Podemos decir que alguna de estas historias es más cierta, mejor o más válida que las demás?

De ser así, ¿de qué manera?

¿Cómo apreciamos qué es cierto?

Y, ¿qué pasa cuando las historias en que confiamos dejan de tener sentido?

¿Qué es un paradigma?

El término "paradigma" hace referencia al contexto conceptual, el sistema de creencias y la perspectiva general desde la que vemos e interpretamos al mundo.

El diccionariodefine paradigma como "un patrón, ejemplo o modelo." Proviene del término griego paradeigma, compuesto por para, que significa "junto a, más allá de, paralelo a" y deigma, "ejemplo" o "muestra". De modo que para-digma significa "junto a o más allá del ejemplo"; se puede decir que es aquello que está al lado de o "se ajusta" al ejemplo- es decir, un modelo. Podríamos también decir que es aquello que está "más allá de lo que se ve o muestra", lo que implica que es de algún modo invisible o desapercibido. Luego, el paradigma tiene un doble sentido, significa tanto un modelo de algo (el mundo, por ejemplo) y una estructura invisible (por ejemplo, el sistema de pensamiento por el cual vemos al mundo).

Nuestro paradigma determina aquello que somos capaces de ver, cómo pensamos y qué hacemos. No cuestionamos su exactitud ya que no somos, por lo general, conscientes de su existencia. Intentar reflexionar sobre nuestra visión del mundo es como intentar estudiar el color azul a la vez que usamos anteojos azules. No podemos distanciarnos lo suficiente para ver la medida en que afecta nuestra percepción. Simplemente asumimos que así como vemos las cosas es cómo son en realidad. Nuestros paradigmas son, por lo general, todo lo que conocemos y sólo se tornan perceptibles cuando nos encontramos con otros diferentes del propio.

Los paradigmas científicos

El historiador de la ciencia, Thomas Kuhn, sacó a la luz a los paradigmas en su clásico libro La Estructura de las Revoluciones Científicas (The Structure of Scientific Revolutions, University of Chicago, 1962). Describe cómo la comunidad científica sostiene los paradigmas "como una decisión judicial aceptada en la legislación." Kuhn va más allá y explica:

"Los paradigmas cobran su estatus porque son más exitosos que sus competidores cuando se trata de resolver unos pocos problemas que el grupo de profesionales acaba de reconocer como críticos. El éxito de un paradigma…es desde el comienzo, y en gran parte, una promesa del éxito a descubrir entre una selección aún incompleta de ejemplos. La ciencia normal consiste en la realización de esa promesa."

Según Kun, un paradigma científico se acerca más a una hipótesis elaborada por la "ciencia normal" mediante la acumulación de más y más datos. De este modo, los científicos tienden a buscar la correspondiente coherencia y a evitar la novedad. Con frecuencia pasan por alto anomalías que desafían al paradigma existente hasta que aquellas anomalías se tornan demasiado perturbadoras para ser ignoradas.

Todo paradigma científico existe dentro del contexto cultural que apoya el proyecto de ciencia. Si bien los paradigmas pueden darse en distintas escalas – personal, familiar, comunitaria, - fluyen del paradigma cultural más profundo que conforma el contexto dentro del cual reside nuestra comprensión de la ciencia o de la religión.

Las metáforas en nuestra vida

Nuestros presupuestos básicos sobre el universo son parte de las metáforas que usamos. Joanna Macy, eco-filósofa, explora las cinco metáforas esenciales por las que los pueblos de las distintas tradiciones espirituales ven el mundo: el mundo como campo de batalla, el mundo como aula, el mundo como trampa, el mundo como amante, el mundo como sí mismo. Agregamos a esta lista: el mundo como máquina.

El mundo como campo de batalla

"Muchos ven al mundo como campo de batalla donde el bien y el mal se enfrentan, a la vez que las fuerzas del la luz se baten con las fuerzas de la oscuridad. Esta antigua tradición data de los seguidores de Zoroastro y de los Maniqueos… Existe la sensación de estar peleando la batalla de Dios y de que en último término se ganará. Según Macy, William Irwin Thompson llamó a este tipo de certeza y de santurronería "el apartheid del bien".

El mundo como aula

"Aquí la visión no es el trenzarse en lucha o vencer al enemigo, sino el liberarnos y escapar de la maraña de este mundo. Intentamos sustraernos y ascender a un plano más alto, supra-fenomenal. Fundada sobre una visión jerárquica de la realidad, en esta instancia la mente es vista como superior a la materia y al espíritu se lo coloca por encima de la naturaleza. Esta visión propone el desprecio por el plano material", dice Macy. El mundo occidental se fundó sobre esta metáfora, cuya trampa reside en la ilusión de que el mundo fenomenal es real. Para conocer la verdad uno debe aprehender directamente las ideas o las formas eternas, trascendentes Platónicas. Estas formas perfectas son inmutables, una aceptable liberación del sobrecogedor flujo y caos del mundo.

Todas las mayores religiones de los últimos tres mil años incorporan elementos d esta visión del mundo, independientemente de su visión metafísica. Macy afirma: "Muchos de nosotros en nuestro sendero espiritual caemos en esta visión. Al querer reafirmar una realidad trascendente distinta de una sociedad que parece muy materialista, la colocamos a un nivel supra-fenomenal lejos de la confusión y del sufrimiento. Imaginamos que la tranquilidad que aporta la práctica espiritual pertenece a un lugar distante, no de nuestro mundo, al que podemos ascender y así estar seguros y serenos. "Para aquellos que no participan de la búsqueda espiritual, otra visión de este mundo es la idea de que primero necesitamos sanar nuestras neurosis y dolores de cabeza para luego participar en el mundo. Desde esta visión, el self y el mundo aparecen esencialmente separados, por lo que la creencia es que podemos sanar a uno sin sanar al otro.

El mundo como máquina

También conocido como la modernidad, el mundo es visto como un conjunto de objetos inanimados que interactúan de manera predecible, mecánica según leyes matemáticas (desarrolladas en su mayoría por Isaac Newton, conocidas como Newtonianas, o física clásica). Introducidas en el siglo XVII por Descartes, Newton, Bacon y otros, la modernidad estableció una discontinuidad entre mente y materia, lo subjetivo y lo objetivo, y en último término entre la ciencia y la religión. Después de siglos de lucha entre una creciente ola de empiristas que se debatía con una inamovible teología, surgió una incómoda tregua. La ciencia pretendía dominar el campo del mundo físico, la religión pretendía dominar el campo del mundo mental.

En una visión del mundo donde lo físico y lo mental presentan lealtades dispares ¿qué pasa con los poderosos impulsos religiosos y espirituales que tratan el esencial rol del significado en nuestras vidas? El teórico integral Ken Wilber sostiene que cuando se relega la necesidad básica humana por la trascendencia a un plano inferior, ésta surge "al sesgo", mediante la compulsión de acumular posesiones y de mimar al ego.

El mundo como amante

Macy nos dice que con esta visión, "el mundo es visto como un muy íntimo y gratificante partenaire. En el hinduismo encontramos algunas de las más ricas expresiones de nuestra relación erótica con el mundo. El deseo juega un rol creativo, manifiesta al mundo, mientras que su carga pulsa hacia la veneración de Krishna, en la que los cánticos devotos, o bhajans, despiertan las ansias eróticas del cuerpo y del alma… Uno se siente envuelto en el erótico juego primal de la vida. Esta afirmación erótica del mundo fenomenal no se limita al Hinduismo. Las religiones de las antiguas diosas, ahora en estudio, también lo presentan, como algunas ramas del sufismo y de la cábala, a su vez que el cristianismo tiene su tradición de misticismo nupcial."

Los poetas románticos del siglo XIX como Blake, Wordsworth y Shelley sintieron esta afinidad con el mundo, como también la sintiera Walt Whitman en su "cuerpo eléctrico".

El Movimiento Trascendentalista Americano, con Emerson y Thoreau, también comulgaron profundamente con el mundo natural para descubrir que hacerlo los tornaba más plenamente humanos.

El mundo como sí mismo

El mundo como amante es un complemento del mundo como self (sí mismo). El sujeto (el amante) y el objeto (el amado) ya no están separados. El mundo es un todo interconectado y cada individuo un nodo en la viva red de vida. La tradición hindú ofrece la imagen de la red de Indra, en la que cada nodo es una joya que brilla con el reflejo de todos los demás nodos. En el pensamiento budista encontramos esta idea expresada en el concepto de "origen dependiente"o de causalidad mutua. Actualmente esta percepción aparece también en el reino de la ciencia – en la teoría general de sistemas, en la ciencia de la complejidad, y en la física cuántica. Estamos descubriendo que la Mente es inmanente por naturaleza, que se extiende más allá del alcance de nuestro propósito consciente individual.

El autor Robert Todd Carol nos previene acerca de una concepción errónea: "lo que conforma al paradigma es relativo y subjetivo, por ende puramente personal y sin conexión alguna o comprobación en la realidad. Algunos de aquellos que piensan que el creacionismo y la evolución compiten como paradigmas o como teorías caen en este error. Bien puede ser verdad que toda teoría o creencia sea ‘subjetiva’ en alguna medida, pero esto no implica que sean útiles o probables en una misma medida, o ni siquiera del mismo tipo."

Fuente: Guía para profundizar la película Qué Rayos Sabemos.