El valle del Elqui no es sólo la cuna de la Premio Nobel Gabriela Mistral sino también el origen del pisco chileno, la principal zona de observación astronómica de Chile y desde los años '80 el destino de buscadores espirituales que lo han transformado en sitio de culto y atracción turística. Desde que llegué a La Serena, hace casi 30 años, he seguido con interés los cambios culturales, sociales y productivos que han tenido lugar en el valle elquino.
Foto: Valle de Elqui en 1906. Fuente: Wikipedia.
La siguiente crónica la escribió Juan Sharpe en el diario La Nación, el pasado 11 de febrero. Pese a entregar datos que a mi juicio no son del todo claros (como la supuesta reunión de Luksic con Fernando Valdés, Isabella Rastello y Patrick Garreaud -Q.E.P.D-), el mérito es queplantea temas interesantes como la llegada de grandes capitales al lugar, los monocultivos, las aplicaciones de pesticidasy el impacto del turismo en la costumbres de la población local. Aquí hay suficienteinformación para una bonita investigación sociohistórica.
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Los místicos acudían a ver ovnis y extraterrestres, pero quien finalmente descendió de los cielos fue Andrónico Luksic a bordo de su helicóptero. El valle ya no es lo que era. De pequeños huertos familiares heredados por generaciones se ha pasado a la explotación industrial con cuadrillas de temporeros y contratistas que importan trabajadores bolivianos y peruanos. Hoy, los reyes son el mentado Andrónico y Jorge Errázuriz, controlador de Celfin, uno de los grandes operadores de bolsa. Los místicos son residuales, pero nuevos liderazgos se oponen a las consecuencias de la industrialización del valle mítico.

En 1991, Andrónico Luksic había comprado el fundo La Ciénaga en Montegrande, en sociedad con Jorge Errázuriz. Fue su desembarco en el valle. Para conocer al vecindario organizó una cena en su nueva casa. Junto a Patricia Lederer, entonces su esposa, invitó a algunos notables de su nuevo barrio. Con él estaban Errázuriz y el ex director de Impuestos Internos Francisco Fernández. Invitaron a Fernando Valdés, un santiaguino aventurero que había instalado en las afueras de ese pueblo una galería de arte llamada Alma Zen, y a la que entonces era su mujer, Isabela Rastello, a Patrick Garreau, al pintor Iván Durán y a Juan Carlos de la Barra con su pareja, entre otros personajes. Rastello, que quedó sentada frente al anfitrión, llevaba una hoja para conseguir firmas para luchar contra el entubamiento del río Claro, un proyecto de Endesa que crispaba a los lugareños y ecologistas. Temían que acabaría por arruinar el valle de Cochiguaz, su tradición hortelana y su promesa de misticismo new age. Durante la cena, alguien sacó a colación el asunto y Andrónico le dijo a la mujer que no firmaría y que “mejor transemos”. Entonces Valdés, que estaba sentado en la cabecera, golpeó la mesa con el puño haciendo saltar los platos y dijo: “Nooo, aquí no se transa nada”. Los vasos temblaron y la fiesta se tensó. Isabela Rastello, indignada con el ofrecimiento, dijo: “El río Cochiguaz se va a entubar sobre mi cadáver”. Se levantó para irse y los demás la siguieron. Patricia Lederer, en cambio, dijo que estaba de acuerdo en que el río Claro no debía ser entubado y firmó el cuaderno que pedía la paralización del proyecto, firma que había negado Luksic.
Errázuriz, que acababa de llegar de Colombia, traía buenos discos de vallenato y puso uno fuerte para salvar el incidente, pero igual el grupo de invitados díscolos se fue, marcando la distancia que desde entonces habría entre los lugareños, los místicos y los empresarios que acababan de aparecer de los cielos financieros.
Rastello tenía en su casa de Montegrande un puesto para vender esencias de flores que ella misma destila en un alambique. Al día siguiente de la cena fallida sonó la campana de su tienda y al abrir la ventana de su quiosco, Isabela encontró a Luksic, Errázuriz y Fernández frente a su mostrador. Andrónico, amable, compró algunas esencias y pagó con un cheque. Quería hablar más cómodo y ella lo hizo pasar a su casa. Los amigos se quedaron fuera, en el estacionamiento.
La entrevista duró horas y se fraguó una relación de mutuo respeto que se ha mantenido en el tiempo y ha propiciado buenos acuerdos entre la ambientalista, que contribuyó a crear Elqui Sustentable –ONG que ha levantado polvareda con algunas acciones– y el empresario. Isabela declina confirmar aquel incidente, contado por personas que conocen la historia de la primera cena que Luksic organizó para conocer al vecindario, y su relación con un entorno modificado para siempre desde su “bajada de los cielos”.
SE INSTALA LA MODERNIDAD
Quince años después, la aventura que emprendieron Luksic y su amigo Jorge Errázuriz ha cambiado la fisonomía del valle, convertido ahora en un gigantesco parronal, reemplazando las tradicionales uvas tardías –moscatel, Alejandría, torrentés, la dulce pastilla rosada, asentadas durante más de un siglo y que crearon la leyenda pisquera– por rozagantes variedades de exportación que compiten en los mercados abiertos por los Tratados de Libre Comercio. Según Isabela, se han contado hasta 18 nuevas variedades, algunas completamente transgénicas, creadas para las estanterías de los mercados europeos y norteamericanos.
El cambio de los sistemas productivos es un conflicto diurno, larvado, entre los lugareños y las grandes empresas, no percibido por los 300 mil turistas que siguen llegando al valle entre septiembre y marzo, agotando las plazas hoteleras. En estas semanas de febrero, un lleno completo. Ningún no iniciado consigue una cabaña para dos personas por menos de 40 mil pesos, y muchos no encuentran cama y deben volver a La Serena, 107 kilómetros abajo. El valle es un destino turístico caro y ha cambiado la casta de los visitantes. “Hace un año, el dueño de Almendra, el restaurante donde trabajaba, me sacó a la calle y me dijo, mostrando los autos de los clientes que teníamos: mira, hay ocho autos y suman casi un millón de dólares”, cuenta Alberto, un marplatense que ahora es el propietario de Donde la Elke, uno de los comedores mejor reputados del valle, donde su mujer, Ana María Reinoso, es la chef que prepara atún llegado ese mismo día de Isla de Pascua y un pastel de jaivas(sic)famoso en la comarca.
LOS JUGOS Y EL GRAN SYRAH
Las noches en los alrededores de la plaza de Pisco Elqui bullen como en cualquier sitio de moda, porque el valle ya no es refugio de mochileros hippientos ni místicos recién caídos del Himalaya, como era hasta hace cinco años, sino de parejas o grupos treintañeros que llegan en Audi 3 o Pathfinder buscando tranquilidad para sacudirse el estrés urbano. Visitantes que paran en Cavas del Valle, la viña boutique orgánica de Raimundo Piracés y Marlies Duerr. Ambos elaboran en su campito de Quebrada Pinto, de ocho hectáreas, un syrah que en tres años ya tiene medallas de oro en catas gracias a su Valle del Silencio Gran Reserva 2004. Piracés, un geólogo que se atrevió a plantar uvas viníferas mientras los demás ponían uvas de exportación, vende toda su pequeña producción en la bodega que atiende su esposa, la que se preocupa de recordarnos que la leyenda dice que fue un syrah, una cepa originaria de Persia, el tinto que bebió el propio Jesucristo en la última cena.
En la plaza de la iglesia de Pisco, rescatada en 2000 de su ruina gracias a 50 millones de pesos salidos de la chequera de Luksic, está el centro de la movida. En la esquina que da a la casa-museo-tienda de la antigua pisquera Control, ahora cabeza de operaciones del grupo Luksic (Quiñenco) a través de CCU en el mercado del alcohol, están Lado V y Los Jugos, dos bares taquillas imprescindibles para empezar la noche, que se extiende hasta la madrugada pasando por pubs, restaurantes y casas particulares.
EL CAMBIO
Esa mezcla entre sacerdotes de las finanzas, como Luksic, Errázuriz, Miguel Allamand, Álvaro Flaño y otros, con la vieja cultura campesina de minipredios de subsistencia familiar, aliñada por la inmigración de hippies o místicos desencantados de la urbe, cuajó una fauna modernoide que se construye casas en el valle y lo usa como refugio a salvo de molestias. Desde Paihuano no hay cobertura de celulares y no llega la señal de Chilevisión en televisión abierta, porque los vecinos eligieron sólo tres canales para pagar la conexión satelital. Sólo hay banda ancha en la esfera de influencia de Luksic, lo que hace las conexiones lentas y engorrosas. La desconexión total.
El gran protagonista es Andrónico Luksic, presente en todas las conversaciones. A veces llega en helicóptero hasta La Jarilla, donde se construyó una casa que domina el valle con seis hectáreas de parque y jardines bien diseñados. En una ladera, para la noche de Año Nuevo, despliega un espectáculo de fuegos artificiales como el de Valparaíso, que se ha hecho tradición para lugareños y turistas.
Un vecino que aprovecha la pirotecnia del empresario es Lorenzo Torres, el alcalde PPD de la comuna –cuarto período–, y uno de los centenares de elquinos que salen al camino o se encumbran en una terraza a ver los fuegos de Luksic con la botella de champán.
Torres, profesor que se vino a trabajar el año ’76 a la escuela de Cochiguaz, cuando el camino era una huella calamitosa y vivió el boom esotérico, reconoce que el principal problema de su comuna es “la contaminación que producen estos parronales de la uva de exportación. Antes teníamos la uva pisquera, pero llegaron los grandes empresarios que plantan centenares de hectáreas de nuevas variedades, y hay cosas que nos desfavorecen, como la contaminación que han generado y que vamos a tener que enfrentar con mucha seriedad”.
El alcalde se quejaba esta semana del despido de 17 trabajadores elquinos de la factoría de Jorge Errázuriz, porque sabe que esas empresas recurren a contratistas que traen cuadrillas de temporeros bolivianos y peruanos, a los que pagan cuatro mil pesos por día trabajado –descontándoles mil por la pensión–, situación que crea un problema social añadido al desempleo.
Precisamente Errázuriz, el socio principal de Celfin, una de las operadoras estrellas de la bolsa, pedía la semana pasada permitir mayores cupos de trabajadores extranjeros, “por la escasez de la mano de obra” en la zona. Sin embargo, las versiones de los lugareños no acompañan la opinión de Errázuriz.
“Ellos igual contratan gente de fuera y los elquinos se quedan cesantes, y más si reclaman”, dice Carlos, ex trabajador de Bellavista, el campo que tenían a medias los dos megaempresarios. En 2002, Carlos hizo un curso de buenas prácticas agrícolas en manejo de pesticidas: “Nos hicieron el curso a unos 40 trabajadores. A la semana siguiente estábamos abriendo químicos (Tamarión y Dolmex) a las ocho de la mañana, al lado de la escuela donde estaban desayunando los niños, y ahí tuve el encontrón con el jefe, don Patricio Aguirre, porque estábamos haciendo todo lo contrario que nos habían enseñado”.
Eso fue como el 27 de agosto, y el 1 de septiembre le dieron el aviso de que no trabajaba más en el fundo. “Casi la mayoría de la gente que trabajábamos vomitaba si estaba sin máscara, sin filtros. Entonces, eso a la larga nos perjudicaba a todos”, manifiesta Carlos, ahora contento porque tiene un buen trabajo de hostelería.
LOS QUE RESISTEN
Uno de los resistentes activos fue Damián Guerra, hijo de una de las parejas pioneras en llegar a “la tierra prometida”. “Estábamos acosados con los Luksic”, dice, “porque nuestro terreno había quedado como una isla y ellos pasaban con sus tractores echando insecticida y yo que tenía 17 años les reclamaba pero no pescaban. Así que un día que estaban fumigando en mis narices les solté la compuerta del canal El Pozo y el agua les rompió los parronales. Llegó Rubén Naas, que era el administrador, a insultarme y me metieron un juicio. Pero el juez me absolvió”.
Damián, ahora de 25 años, no cree en la inocencia de Luksic: “Creo que hace como que no sabe lo que pasa en sus tierras y los abusos contra la gente que trabaja para él, pero sabe perfectamente todo”.
Justin Blau, un santiaguino que recaló hace unos años en Pisco y uno de los miembros más activos de Elqui Sustentable, grabó un DVD que muestra las prácticas en la fumigación. “Tengo las imágenes que muestran los tractores lanzando su nube de veneno a metros de la escuela de Montegrande, y creo que este año va a ser especial porque ha llegado la hora de pelear muy duro para que esta gente no siga envenenado a nuestros hijos y a nosotros”, afirma Blau, quien advierte que están preparando un recurso de protección. Su ONG, dice, está dispuesta a liderar la resistencia a “esa impunidad con que actúan, porque no hay fiscalizaciones del SAG ni de la Conama ni de nadie”.
Precisamente esta presunta falta de responsabilidad del Estado es uno de los temas que más molesta a Isabela Rastello, la que ha conseguido más de su buena relación con Andrónico Luksic que de las entidades que deberían regular los asuntos laborales, la correcta aplicación de pesticidas y evitar los daños al medio ambiente.
Por ejemplo, Isabela consiguió que Luksic ordenara plantar árboles nativos después de haber desviado sin permiso –dice ella– el curso del río.
Y entre otros acuerdos favorables, obtuvo que quitara una reja que cercaba el río. “Elqui es ahora una comunidad de huasos donde ya no quedan campesinos”, sostiene Bárbara, una santiaguina de 25 años que llegó a trabajar en un proyecto de apoyo a comunidades locales y se enamoró del valle. Junto a su pareja montó Migrantes, una agencia que organiza viajes y excursiones a la cordillera, a un parque natural donde pastan centenares de caballos, mulas y otros animales, más allá de la frontera creada por los empresarios que llegaron en sus helicópteros en vez de los extraterrestres prometidos, cambiando una cultura milenaria por un gigantesco packing monoexportador.
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Datos adicionales:
Población de la comuna de Paihuano:
Tres Cruces - La Conchina: 266
Qda. de Paihuano: 312
Paihuano: 974
Montegrande - Cochiguaz: 583
Pisco Elqui: 984
Horcón - Alcohuaz: 826
Qda. de Pinto: 162
Total Comuna: 4.107 habitantes
Superficie: 1.494 km2
Un estudio realizado el año 2004, para optar al título de ingeniero en recursos naturales renovables, y aplicado al 10% de los integrantes de las juntas de vecinos, determinó que el 46% de la población encuestada considera de baja o sin importancia el tema ambiental.




Patricio
9 nov 2008 | 09:55 PM
Hola:
Encuentro una excelente fuente de información tu blog. Tengo uno, pero es pobre.
Incluyo allí algunos de mis artículos que publico en mi columna de los viernes del diario local.
No me gustan las injusticias y por eso escribo algo acerca de lo que sucede en el valle, más que nada por lo sufrido de la gente y niños por los plaguicidas.
Te felicito
Patricio Borlone
pborlone@gmail.com