Se ha hablado y escrito mucho acerca del Coaching Ontológico. Algunos lo han presentado como una disciplina nueva y otros lo mostraron como el resumen de ideas ya trabajadas y desarrolladas con anterioridad.

Personalmente adhiero con esta segunda idea. Si bien es relativamente nueva como disciplina, sus orígenes no lo son. Es probable que lo novedoso sea el modo de implementar los conceptos que propone. O sea, su mirada.

El mérito del Coaching Ontológico radica en la practicidad y simpleza con que expone conceptos que muchas veces son muy difíciles de entender y llevar a la práctica. Es una propuesta que, si bien tiene un componente de reflexión, su foco está en la ACCIÓN (reflexión incluida). Podemos dar millones de explicaciones para dar cuenta de un hecho o situación, pero serán nuestras acciones lo que nos mueva o mantenga en el mismo lugar.

El Coaching Ontológico, en tanto disciplina, puede ser visto como una práctica profesional, un puñado de ideas, un conjunto de herramientas, un proceso de aprendizaje o todo eso en conjunto. La diferencia no radica en lo que es, sino en el tipo de inquietudes de las que se hace cargo. El "para qué". De acuerdo al sentido para el cual recurramos a él, será una cosa o la otra.

Para facilitar la comprensión de los temas que se expondrán en este espacio, voy a aventurar algunas definiciones, sabiendo de antemano las limitaciones que una definición impone al fenómeno definido. No obstante, invito a aquellos que estén interesados en profundizar en este tema, a ampliar la búsqueda y no conformarse con esta. La línea a la cuál suscribo proviene del trabajo realizado principalmente por los doctores Rafael Echeverría y Julio Olalla. Desde esta mirada, el Coaching Ontológico propone un cambio en el tipo de observador que es el Ser Humano. En otras palabras, un cambio en la manera de interpretar "la realidad". Si lo que tenemos es resultado de lo que hacemos, entonces lo que hacemos es, a su vez, el resultado de cómo observamos. En síntesis, de acuerdo al tipo de observadores que seamos, realizaremos una determinada acción; y de allí, nuestros resultados serán consecuencia de
esa acción.

Quien lleva adelante este proceso es un coach, que posee habilidades para reconocer "el tipo de observador" que una persona es y, desde allí, ofrecer nuevas interpretaciones que permitan obtener un determinado resultado. Uno de los espacios principales de intervención es en donde no podemos ver nuevas posibilidades, o cuando nuestro enfoque nos impide reconocer recursos y opciones que quizás están a nuestra disposición. Lo llamamos "ceguera". En nosotros hay soluciones y accesos muy poderosos para utilizar, pero nuestro foco, nuestra forma particular de "observar" la realidad, nos impide reconocerlos y aprovecharlos. Existen varios tipos de "ceguera" o lugares que nos resultan "transparentes". También existen automatismos que fortalecen y renuevan esa ceguera, prolongando indefinidamente una condición. El origen de este tipo de cegueras puede ser personal, social o cultural.

Ariel Goldvarg. www.mvprensa.com.ar

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