Tienen menos de 30 años y publican libros que llegan a los rankings. Su mirada refresca el pasado nacional y los pone en el mapa con una apuesta ambiciosa: sacar la historia de las capillas de la solemnidad y acercarla al ciudadano común.

Juan Luis Ossa pide una pausa en la entrevista porque lo han venido a saludar. Un grupo de compañeros de carrera lo ha visto desde lejos y cruza el patio de la casa central de la Universidad Católica. Se turnan para felicitarlo. Hay apretones de mano y abrazos llenos de orgullo; hay sonrisas y palabras de admiración.
Buena, muy buena dice uno, palmoteándole la espalda. Te felicito, loco.
Cuando hagas otro libro, acuérdate de mí añade alguien más atrás.
Juan Luis sonríe y encoge levemente los hombros. Está contento, y no es para menos. Con 23 años y recién licenciado en Historia, el libro XIX. Historias del siglo diecinueve chileno (Vergara), está en el ranking de los más vendidos. El volumen contiene un relato suyo y de otros seis historiadores menores de 30 años que se propusieron rescatar episodios y personajes del pasado para traerlos al presente, donde la muerte de Balmaceda, el Copiapó de 1859 y el joven Francisco Bilbao son revisitados con una mirada fresca, pero no menos rigurosa.
Juan Luis y sus compañeros tal vez no cambiarán los paradigmas de la historiografía nacional. Aún no, pero sí el modo de contar, la forma de decir. Porque hoy la historia, y lo tienen más claro que nadie, es un relato que debe acercarse a los lectores. No al revés. Ya no.
Los historiadores nacionales han comenzado a mirar al gran público. Las editoriales advirtieron las señales y lo que hace veinte años parecía un suicidio comercial, hoy tiene a textos como Historia de la vida privada en Chile, Voces de ultratumba. Historia del espiritismo en Chile y El otro lado del espejo en un lugar de preferencia en los estantes de las librerías nacionales.
Los más jóvenes se sienten afortunados. Saben que hay muchos textos valiosos que no han tenido la chance de ser difundidos a gran escala. Pero finalmente el mérito es suyo. Se atrevieron a salir de la norma y a abordar la historia desde una perspectiva diferente. Nadie los fue a buscar. No hubo scouting ni cazatalentos recorriendo los patios de las facultades. Por eso la buena acogida de quienes fueran sus profesores, y hoy sus pares, es genuina.
Son generosos con quienes protagonizan estas historias, al devolverles la vida, y generosos con quienes las leen como un apasionante relato apunta el profesor Claudio Rolle, del Instituto de Historia de la Universidad Católica, en la presentación a XIX. Generosos con la historiografía chilena, a la que confieren un nuevo aire, distinto de esa manía de relatar todo con un tono solemne y grandilocuente.
Juan Luis da un sorbo a su lata de Orange Crush y saca de su bolso un computador portátil. Allí tiene un texto sobre música y también reseñas literarias. Juan Luis aprendió que la historia más que nunca debe beber de diversas fuentes para seguir estando allí, presente. Cree en la mezcla de géneros, en los cruces entre la historiografía, el ensayo y la crónica. Por eso su mención a Joaquín Edwards Bello no es antojadiza. El dato duro se mezcla con la descripción, la cita textual con el derecho a la conjetura.
¿En qué momento cambió la brújula de los lectores? ¿Qué hizo a obras como éstas un producto apetecido por las editoriales? Responde Cristián Gazmuri, cuya Historia de la vida privada en Chile (Taurus) es uno de los libros más vendidos actualmente. Y su nueva entrega, La historiografía chilena, va por el mismo camino.
Hubo épocas en que el lector común se interesó mucho por estos temas, como cuando Encina publica su Historia de Chile; un libro gigantesco que vendió miles de ejemplares afirma Gazmuri, pero luego vino una sequía, justamente porque la historiografía se distanció al tocar temas que el lector medio no entendió o no le interesaban. Pero estos últimos años ha retomado el camino sin perder la calidad del producto.
Juan Luis Ossa pronto postulará a un doctorado en el extranjero. Aportó al volumen XIX con un controvertido texto sobre los amores, la amistad, los negocios y las motivaciones políticas de Diego Portales. Es un Portales humano. Demasiado humano para los paladares más conservadores.
Si hubiera escrito esto en los 80, lo menos que me hubiera llevado habría sido un palo. Pero sin duda que el espíritu crítico nace con la abstracción, y la abstracción llega con la edad. No somos punks ni revolucionarios, pero vivimos en un tiempo en que es más fácil acceder a nuevos temas o sustentar nuevas miradas, por eso pude trabajar el texto de Portales sin temor a casi nada.
Todos los frentes
Mónica Kast tiene 24 años y es profesora del Colegio Huelén. Su abuelo Miguel estuvo en las filas del ejército alemán durante el Tercer Reich y fue su principal inspiración para dar forma a Chile y la Segunda Guerra Mundial, obra que comenzó como tesis de licenciatura y con el apoyo del profesor Joaquín Fermandois lo amplió hasta transformarlo en uno de los títulos más valiosos sobre el tema en Chile.
Habían pasado sesenta años desde el fin de la guerra y para muchos era un tema delicado, que les costaba compartir. Finalmente pude abarcar todos los frentes de la guerra.
Publicado por el Centro de Estudios Bicentenario, el volumen reúne una veintena de entrevistas en profundidad a anónimos veteranos de guerra, quienes conforman un vívido relato coral que comienza en el frente de batalla y termina con su llegada al país.
"No cabe duda que esta aproximación a la vida cotidiana en tiempos de guerra es de enorme atractivo y de gran vitalidad", reseña la revista Historia de la Universidad Católica. "El esfuerzo de Mónica Kast y sus 21 entrevistados por transmitir sensaciones y emociones es digno de ser destacado y agradecido".
Andrés Estefane conoce el libro de Mónica y lo comenta con entusiasmo. Andrés fue estudiante entre el término de la crisis asiática y la mitad del gobierno de Ricardo Lagos. Lo suyo son los personajes en el límite entre el anonimato y el reconocimiento, "aquellos que se roban un par de líneas por su carácter excéntrico". Justamente el relato sobre uno de ellos, el estrambótico intelectual Louis Antoine Vendel-Heyl, es recogido en el compilado XIX.
Pero hoy, además de la investigación, Andrés está centrado en la docencia universitaria; un espacio donde también se advierte el efecto renovador de esta nueva generación.
La forma en que se están escribiendo y publicando estos nuevos libros tiene que ver con la disposición de académicos, nuevos y antiguos, por reinstalar temas en el imaginario colectivo asegura el coordinador de la Escuela de Historia de la Universidad Alberto Hurtado. Proyectos como el programa Chile íntimo son el resultado de una labor académica que antes permanecía enclaustrada y ahora llega a un medio masivo como la televisión.
No extraña, entonces, que la agenda noticiosa y los soportes de difusión sean incorporados a esta forma de enseñar historia. Música, cine, diarios y novelas; todo sirve para una educación más centrada en la reflexión que en un oficio de memoriones.
Nosotros no nos educamos con la reforma actual y hay diferencias plantea Mónica Kast. En Ciencias Sociales, los contenidos han aumentado en extensión a costa de mayor profundidad. Hoy es fundamental enseñar a pensar más que a repetir datos y fechas que probablemente olviden en el corto plazo.
La herencia
El panorama es alentador, y bien valen las palabras de Gabriel Salazar, reciente Premio Nacional de Historia, quien, al ser galardonado, destacó el nuevo interés de los jóvenes por la disciplina.
Todas las escuelas de Chile tienen una alta demanda de estudiantes, lo que implica un interés no sólo por la vieja historia, la de documentos, del pasado y de los héroes, sino por la del presente, basada en la memoria viva de los chilenos que ha sido tan rellenada con toda clase de acontecimientos.
Un profe de Historia tiene que ser viejo, pelado y guatón dice Andrés Estefane, y se ríe del estereotipo que hubo por décadas. Se lo toma relajado, con más gratitud que animosidad, pues fueron justamente los viejos profes quienes han confiado en la nueva generación y, a diferencia de campos como la literatura y la plástica, los nuevos historiadores prefieren hablar más de coexistencia que de choque generacional. Tal vez no sea una tendencia ni todos estén con los brazos abiertos, pero hay respeto.
Eso los distingue claramente precisa el profesor Gazmuri, quien apuesta por los nuevos investigadores, enfatizando en que si bien los temas que abordan son de dominio público, su gran mérito está en la forma: relatos breves que tocan fibras precisas, emotivas, sin grandes pretensiones y además cuentan con buena difusión. La idea de Gazmuri coincide con la de Claudio Rolle, para quien "las relaciones entre el mundo del presente y el territorio del pasado, entre el espacio de los vivos y el de los muertos, es un rasgo esencial de nuestro oficio".
Sabemos que esta oportunidad es única. Somos privilegiados y por eso no podemos publicar chanchullos advierte Santiago Aránguiz Pinto. Atrincherado en su escritorio colmado de libros, el investigador de 27 años tiene frente a sí las pruebas de imprenta de Escribir es llegar a ser hombre. Artículos, crónicas y ensayos de Carlos Droguett (Ediciones Universidad Diego Portales), volumen que tuvo a su cuidado y presentará en la próxima Feria del Libro.
Hoy Santiago, además, corrige Todo el poder para los soviets, su tesis doctoral sobre el impacto de la Revolución Rusa en Chile. Con un título cuando menos explosivo, el texto repasa los discursos ideológicos, las acciones propagandistas y de apropiación cultural de los movimientos anarquistas de 1920, los mismos que hoy sirven de referente para los grupos rebeldes que tanto preocupan al gobierno.
Para hacer un aporte historiográfico necesitas hacer un trabajo feroz, y eso cuesta. Por eso varios quedan en el camino. Esto no se trata de dar miradas superficiales. El investigador se construye hora a hora, día a día, por más que haya recursos o universidades sensibles al tema.
Los nuevos historiadores son pura energía. Qué duda cabe, pero también tienen más ojos encima. Saben que les falta experiencia, pero aquello lo han transformado en un plus. Tal vez hoy sea muy temprano para esperar una interpretación distinta de la historia de Chile. Pero hablemos en veinte años. El primer paso ya lo han dado.
No me preocupan tanto las opiniones que pueda haber sobre nuestro trabajo, lo raro es aparecer en los medios, dar entrevistas y sacarnos fotos dice Andrés Estefane. Pero es un detalle; lo importante es que sepan de los libros y se animen a leerlos; que cuando alguien piense regalar uno, regale un libro de historia.
LOS LIBROS DEL RECAMBIO
XIX. Historias del siglo diecinueve chileno. Juan Luis Ossa, Andrés Estefane y otros. Vergara, 2006. Siete jóvenes historiadores abordan el 1800 chileno a través de textos como La picantería. Cultura y política en una tertulia del XIX y La cuestión del sacristán: historia en diez actos.

Chile y la Segunda Guerra Mundial. Testimonios de los sobrevivientes. Mónica Kast. Centro de Estudios Bicentenario, 2005. Una investigación que recupera la historia oral para construir un relato con múltiples voces sobre algunos protagonistas de la guerra que luego se radicaron en Chile.

Escribir es llegar a ser hombre. Artículos, crónicas y ensayos de Carlos Droguett. Santiago Aránguiz Pinto. Ediciones Universidad Diego Portales, 2006. Un minucioso trabajo de documental y de edición sobre la obra de un intelectual que se ha transformado en modelo para algunos de los nuevos historiadores nacionales.

Historia de la vida privada en Chile. Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri. Taurus, 2006. Calificado por muchos como punta de lanza y emblema del nuevo proceso, la obra de los historiadores reúne una serie de artículos del Chile moderno, desde 1840 a 1925.

Fuente: Patricio Jara, Revista Ya, diario El Mercurio. Octubre 2006.
A mi juicio, esta crónica refleja muy bien lo que está ocurriendo con el estudio de la Historia en Chile: el sorprendente interés de nuestros jóvenes por estudiar esta carrera, y la renovación historiográfica nacional. Ello lo he observado en la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad Pedro de Valdivia.




















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