Culmino esta serie de reflexiones basadas en los planteamientos de Julio Olalla y el denominado coaching ontológico.

Las siguientes palabras con sentido hay que ligarlas a mis dos post anteriores. Pronto voy a iniciar una serie que recopila la visión de Rafael Echeverría, quien completa desde el punto de vista conceptual la tarea que iniciara en Estados Unidos Fernando Flores.

La Ontología del Lenguaje revoluciona la forma de entender el mundo y las organizaciones. Personajes como Rafael Echeverría, Fernando Flores, Humberto Maturana, Francisco Varela, Julio Olalla "coincidieron" en algún momento para darle forma a esta nueva herramienta. Me atrevo a decir que es una disciplina de síntesis, cuya breve historia intento reconstruir en estos post con el objetivo de esclarecer algunos de sus fundamentos y articular esos fragmentos dispersos que han contribuido a que sea poco conocida en Chile.

Leamos la parte final de la conversación con Julio Olalla:

REPENSAR COMO ENTENDEMOS EL LENGUAJE

El lenguaje es uno de esos fenómenos en el que vivimos pero como vivimos en él, no lo vemos y no reflexionamos sobre él. Literalmente es como la vieja frasecilla de “como el agua para el pez” que aquí funciona perfectamente.

Desde los griegos la interpretación del lenguaje es que es un acuerdo social por el que nosotros nombramos las cosas, de esa manera nos referimos a ellas y sabemos de qué estamos hablando, si por ejemplo yo digo silla, los dos sabemos a qué me estoy refiriendo. El lenguaje se entendió por 25 siglos como un fenómeno descriptivo.

La filosofía del lenguaje a comienzos del siglo pasado hace algo diferente y dice que es cierto que el lenguaje puede ser descriptivo pero es mucho más cierto que el lenguaje es un fenómeno generativo. Los seres humanos no sólo describimos el mundo del lenguaje sino que también lo constituimos. Un ser humano que aprende el mundo desde pequeño en conversaciones no podría aprenderlo si no tuviera el lenguaje a mano y los pocos seres humanos que conocemos que nunca accedieron al lenguaje, en realidad dejaron de ser seres humanos.

Nosotros nos olvidamos del poder constitutivo del lenguaje.

Si yo te muestro el cielo con sus estrellas y tú no tienes el poder de las distinciones vas a ver un cielo muy distinto al cielo que tu ves cuando tienes esas distinciones. En otras palabras, si yo salgo a mirar el cielo contigo una noche y no sabemos nada de astronomía, los dos vamos a mirar el cielo y vamos a ver puntos que les vamos a llamar estrellas pero si yo soy un astrónomo y converso contigo y tengo distinciones y te hablo de las constelaciones, de los planetas y de los satélites, tú vas a empezar a ver con los mismos ojos que tenías antes un mundo que antes no podías ver y eso lo produce el lenguaje a través de la capacidad de distinguir que es un elemento fundamental. Nos permite acceder a un mundo que antes de tener esas distinciones no veíamos.

Si yo miro un motor y un mecánico mira un motor, los dos vamos a ver una cosa diferente. El mecánico mira un motor y ve cosas de las que yo no tengo ni idea y esto pasa en todas las profesiones. Por ejemplo un médico chino y un médico occidental. No sólo ven el mundo diferente sino que intervienen en mundos diferentes.

Ocurre que nosotros creemos que todo el que tiene ojos ve lo mismo y no nos damos cuenta que lo que uno puede ver depende del mundo de intenciones en el que vive y eso es lo que hace que las culturas sean tan importantes. Un español ve un mundo distinto a un rumano o a un peruano y no es porque sea mejor ni peor, es porque ve una cultura que le provee, le constituye en mundos diferentes. El lenguaje nos constituye mundos y cuando ese mundo que hemos constituido lo tenemos enfrente, creemos que todos los demás van a ver el mismo mundo que yo miro. La diferencia con que miramos el mundo lo constituyen los diversos aspectos lingüísticos en que vivimos. No es el único elemento determinante, por supuesto que hay otros, pero es un elemento esencial.

¿Como se puede a través del coaching, generar innovación colectiva en una organización?

Yo he estado trabajando con organizaciones bastante grandes en las que hago coaching colectivo, es decir, trabajo con grupos de 20 a 150 personas en una sala durante tres días y después de eso, tengo un grupo de gente que continua trabajando con ellos hasta que nos reunimos otra vez todos.

Cuando la gente colectivamente se somete a un proceso de reflexión, cuando se miran y aprenden a vivir en paz diciendo yo no sé y voy a aprender, cuando es legítimo como parte de la vida no saber, cuando es legítimo reflexionar, cuando es legítimo empezar a aprender, se produce un espacio extraordinario de conversación, de reflexión que genera una necesidad inevitable de reestructurar la organización, la forma en que trabajamos juntos.

Esto requiere de unos ejecutivos que tengan un poder de liderazgo y un pensamiento renovado y hasta el momento, esto sigue siendo minoría.

Yo estoy trabajando en Chile con una empresa muy grande en donde llevamos un proceso ya de dos años y nos reunimos cada cuatro o cinco meses gente que trabajan en distintos países y nos sentamos a reflexionar lo que nos pasa, lo que nos duele, lo que funciona, lo que no funciona y lo que ocurre después de las reuniones es que se producen transformaciones internas que no es que yo les aconseje que las hagan, es que es inevitable cuando la gente reflexiona y piensa. Y una de las cosas más interesantes es que dejan de pensar linealmente y empiezan a pensar sistémicamente.

¿Cómo pueden vencer los directivos sus resistencias al cambio?

Creo que ahí tenemos un rol importante que cumplir. Nadie quiere cambiar si no entiende que lo que viene o lo que podría ser, es mejor de lo que es ahora. La gente piensa primero: Yo no veo ninguna necesidad de cambio, para qué?

Y segundo: Si la veo, el costo de cambiar es mucho mayor a quedarme como estoy. Esta es su reflexión.

Para que alguien decida cambiar es porque entiende y ve que siendo quien soy, así como soy hoy, no me puedo hacer cargo de las dificultades que estoy teniendo. Que algo tiene que pasar en mí para poder hacerme cargo. Si esa reflexión no la he tenido, ni coaching ni otra cosa, yo me quedo donde estoy.

Es nuestra tarea mostrar que si tú quieres algo diferente a lo que está pasando ahora es legítimo decir: Yo soy insuficiente para ese punto, y ese insuficiente no es una acusación, no es decir estoy mal, es simplemente decir: para ese punto tengo que cambiar.

Esa reflexión requiere de una gran honestidad, de una gran valentía y requiere también de mucho coraje.

¿Cómo prevé la evolución de las organizaciones?

En el cambio organizacional lo único que realmente importa es que entiendan que los resultados de la organización son mayores que simplemente las ganancias, que hay que incluir en los resultados el impacto social y el impacto ambiental de la empresa. Cuando estos tres puntos se coordinen y en el resultado final digamos: la empresa ganó tanto, su impacto social fue tanto y su impacto ambiental ha sido tal, en ese momento yo diría que estamos en la dirección que vale la pena mirar.

¿Cuál es para usted el perfil de un coach eficiente?

Yo creo que un coach eficiente es una persona que enseña desde sus propias heridas, no enseña desde yo ya tengo todo resuelto. Es capaz de transformar sus heridas en capital y te enseña desde ahí y es capaz de tener compasión por el dolor, por el drama que el coachee vive muchas veces. Por lo tanto la capacidad de empatía es fundamental.

También para mí, el coach es un personaje que vive en paz con no saber, que está dispuesto a aprender pero que no tiene miedo a no saber y es capaz de producir en otros seres humanos paz también con el no saber.

Actualmente en la vida en general nos estamos enfrentando con que todos los días nos damos cuenta de que no sabemos. Producir paz en relación a eso y producir otra vez la alegría de aprender son para mí virtudes fundamentales de un coach.

Fíjate que la mayoría de la gente cuando les hablas de aprender algo reaccionan como: ¿hay que aprender algo más? No miramos el aprendizaje con alegría, lo miramos casi como un peso. El coach vive el aprender con alegría, el coach vive en la libertad no vive en la gravedad, el coach es capaz de ir a lo más profundo sin necesidad de ser dramático. Estas son para mí algunas de las cualidades de un coach.

¿Qué piensa de la nueva economía, en donde el grande ya no devora al pequeño, sino que el ágil le gana al lento?

La economía últimamente ha estado premiando a los que son capaces de transformarse y de aprender. Hay casos extraordinarios de empresas como IBM por ejemplo. Se compran empresas pequeñitas que han tenido éxito y una vez que se las compran se mueren, porque lo que hacía que esa empresa pequeña tuviera éxito era su gran dinámica interior y cuando el monstruo grande la compra, le mata la agilidad interna que tenía. Esto es cierto y es cierto también que vivimos en un mundo en el que el grande sigue teniendo peso, las grandes multinacionales son parte importante de la economía mundial. Pero lo que he visto que está pasando es que las empresas grandes empiezan a estructurarse internamente como si fueran un conglomerado de empresas pequeñas para generar un proceso de gran dinamismo interior y en vez de operar como una gran empresa, funcionan más bien como una constelación de pequeñas empresas y eso hace que generen el máximo de poder interno. Y lo hacen otorgándole más espacio a la creatividad individual, dejando de tenerle miedo a los procesos caóticos que ha veces se producen, entendiendo el caos como un fenómeno fundamental de la creatividad.

Yo creo que hay una mezcla de las dos cosas. Necesitamos a veces el poder financiero que va acompañado a la gran empresa y necesitamos la agilidad de transformación de pensamiento de la pequeña organización. Creo que las grandes están empezando a entenderlo y a organizarse internamente también.

¿Cuáles son los valores que persistirán en la sociedad del futuro?

Creo que hay valores fundamentales como la ética, la honestidad, el coraje, la persistencia, la franqueza, la generosidad, la calidez y otros que trascienden en el tiempo.

Creo que hay un valor en el mundo de hoy que está empezando a crecer y que no sé como llamarlo justamente por ser nuevo. Tiene que ver con la capacidad de mirar planetariamente, mirar el todo, empezar a entender que todo está conectado con todo y que mis acciones afectan a un todo. Es una mirada que va a cambiar en el sentido de responsabilidad.

El valor del ciudadano planetario más que del ciudadano nacional es un valor que viene y creo que va a ser importantísimo y lo encuentro además deseable.

El valor de la gratitud, de pensar como podemos ser un regalo para el mundo en vez de pensar que el regalo es el mundo para mí es otro valor fundamental.

Estos valores tienen que ver con un pensamiento holístico, un pensamiento sistémico que es otro valor que está empezando a crecer.

¿Qué nos aconseja para compaginar el mundo personal y el mundo laboral en los tiempos que vivimos?

Para vivir una vida diferente a la que tú ya no quieres seguir viviendo, hay algo inevitable, al menos así lo he ido entendiendo yo con los años, y es que necesitas del coraje. Y el coraje no quiere decir no tener miedo, el coraje tiene que ver con ser capaces de actuar a pesar de tener miedo.

Si nosotros queremos transformarnos en la vida, si queremos una vida mejor tenemos que tener el coraje de poner a prueba el que no sabemos, de admitir que nos equivocamos, de intentar un mundo inédito, un mundo que todavía no conocemos.

Nosotros hablamos mucho del coraje en el sentido físico, por ejemplo de tirarnos en paracaídas y yo no estoy hablando de ese coraje, ese está conectado con la adrenalina y yo estoy hablando de otro. Un coraje que te hace pararte en la vida y decir por aquí va, por aquí pienso, aquí no sé y poder determinar tus acciones por un sentido ético fundamental. El deseo de colaborar, de cambiar, de contribuir a pesar de que a veces, muchas veces no vas a ser comprendido y es más, algunas veces vas a ser hasta despreciado por aquello.

Yo no creo que los seres humanos tengamos procesos importantes de transformación mientras no desarrollemos coraje. En mis programas de lo primero que hablo cuando la gente llega al programa es del coraje. Ustedes quieren aprender pero tienen el coraje para hacerlo o quieren aquí confirmar lo que ya saben. Ese coraje es un coraje mayor.

Yo he visto seres humanos dentro de los programas que nosotros hacemos que es como si entraran en un torbellino y se dan cuenta que algunas de las cosas que han hecho las van a tener que revisar, repensar, darles otro carácter. Que a lo mejor lo que hasta ayer era útil como sabiduría, deja de ser sabiduría en el mundo que empieza. Una de las partes más difíciles de todo aprendizaje es el aprender a desaprender. Entonces el coraje de tener la frescura de poder seguir pensando y no transformarte en un defensor de teorías, la capacidad de poder reflexionar con liviandad, de no tener que andar defendiendo tesis, a eso me refiero, ese coraje es fundamental y nosotros no hemos aprendido así, hemos aprendido a estar defendiendo posturas.

Lo que yo aconsejo es tener coraje en ambos lados de repensar el mundo, el coraje de empezar a vivir con la siguiente pregunta que ya he comentado anteriormente: qué regalo soy yo para el mundo en vez de qué regalo es el mundo para mí. Creo que esto lo engloba todo. Los seres humanos que trabajamos y que hemos perdido el contacto con que nuestro trabajo es servir a otros, nos produce al final depresión. No hay nada más bello para un ser humano, que hacer lo que hacemos sabiendo que le sirve a otros. Y eso pone junto lo personal y lo profesional.

Las cursivas son mías.