Una marea de malestar recorre el mundo entero y esa ola ha llegado a Chile. Pedimos cambios políticos, sociales, económicos. Muchos quedan atrapados en el discurso de que los culpables son solamente las estructuras, las oligarquías, los otros. Pocos apuntan hacia uno mismo, hacia la responsabilidad personal en este estado de cosas. Reclamamos contra decisiones de otros que pueden afectar el medio ambiente, pero al mismo tiempo contaminamos física y emocionalmente el lugar donde vivimos o cada sitio donde nuestra humanidad se posa: calles, ríos, bosques, playas y lagos que son una vergüenza.
Reclamamos participación, pero somos los primeros en abstenernos cuando nos convocan. Nos gustaría que nos respetasen, pero cada vez que tenemos la oportunidad le ponemos al otro el pié encima. La lista de incongruencias es larga y cada uno de nosotros tiene la propia.
Por eso, en este mar caótico de quejas, descalificaciones y reclamos me ha gustado la postura consciente de Robert Sánchez en Una Vida Sencilla. Les traigo algunos extractos de sus posts, que ojalá los compartan en sus redes.

Tú eres el primero
Repasando estas líneas me doy cuenta de que el dedo me apunta a mí mismo. Soy consciente y sé que soy el primero. Y aprovecho para recordártelo a ti. Te señalo, porque tú también eres el primero. Hoy tengo ganas de dar caña.
Vives en el que dicen que es el primer mundo. De momento, y afortunadamente para ti, el mejor que se conoce. Sin embargo, con una educación enfocada hacia la productividad, la competitividad, el individualismo y el perfeccionismo, no ves más que problemas. No discutiremos sobre la dualidad positivismo/negativismo en tu actitud. Porque es cierto, hay pequeños problemas, y se puede mejorar en muchos aspectos. Pero lo único que haces es quejarte. Nada más.
A ti te digo: no te has enterado de la película. ¡No te enteras de nada! ¿Quieres cambios? Tú eres el primero.
¿Quieres que las hipotecas no sean abusivas? Tú eres el primero. No te hipoteques. ¿Cómo? ¡Mentira! No es cierto, nadie te obliga. ¿El alquiler es tirar el dinero porque vale lo mismo que la hipoteca? Sí, ¿y qué? Bueno, tú mismo. Ya lo sabes. Si te hipotecas bajo cualquier condición a cualquier precio, primero a pagar. Luego a callar, que la firmaste voluntariamente. Y además, las hipotecas para el resto de los mortales seguirán siendo abusivas. Gracias de parte de todos.
¿Quieres que no haya tanto tráfico? Tú eres el primero. No cojas el coche; sal del tráfico. Es más fácil decir que es culpa del vecino, del alcalde y de las infraestructuras. ¿Qué pasa? ¿Los demás se van a quedar en casa para que tú vayas sólo por la ronda? ¿El alcalde se ha tirado en medio de la autopista? ¿Van a construir un carril sólo para ti? Tú también generas la caravana, como el resto de vehículos. Si no quieres caravana, no la provoques. Coge la bici o el metro.
¿Quieres mejores noticias? Tú eres el primero. No te quedes embobado mirando el telediario o leyendo el periódico. La mayoría de las noticias están manipuladas o sólo consiguen infundir tristeza, desesperanza, odio, rabia, etc. Tal vez el camarero del bar quiera explicarte lo bien que le ha ido con su nuevo masajista. O tu mujer quiere explicarte lo barato que estaba el lenguado. ¡Eso sí son buenas noticias! Comunícate más con los demás.
¿Quieres una sociedad más ecológica? Tú eres el primero. En vez de opinar desde lejos sobre la catástrofe de Fukushima empieza por responsabilizarte del consumo energético de tu casa. Cada vez que enciendes la calefacción también estás encendiendo el reactor de una nuclear. ¿Tienes frío? Abrígate, come frutos secos y practica más sexo.
¿Quieres que dejen de emitir telebasura? Tú eres el primero. Deja de verla. Y deja de ver el resto de programas que se nutren de la telebasura. Les estás dando audiencia. Sí, sí, tú. No la señora María de la que te burlas por no saber quién es Eduard Punset pero sí conocer a Belén Esteban. Tú, con carrera universitaria, también la miras. Podrías ver alguno de esos documentales de animalitos que en realidad no miras nunca, aunque digas que sí en las encuestas. O algún programa de cultura o de entretenimiento respetuoso -no insultante-.
¿Quieres que tus hijos lean más? Tú eres el primero. Hablando de televisión,… ¡apágala! Y lee por favor, ¡lee más! Lee solo. Lee con los demás. Lee algo a los demás. Pide a los demás que te lean. Y los que estén alrededor también lo harán.
¿Quieres que bajen los precios? Tú eres el primero. No compres a cualquier precio. El consumidor pone el precio de los productos y su poder es infinito. ¿Qué pasa si el producto no se vende? ¡Bajan el precio! Cuando pagas un precio por algo, estás diciéndole a la multinacional: “señores, estoy de acuerdo con el precio que han puesto y lo pago”. Así que si sigues comprándolo a ese precio seguro que no lo bajarán. ¿Por qué iban a hacerlo? ¿Por tu cara bonita? Si yo fuera empresario igual te lo subía un poquito. Con un poco de suerte serás tan tonto de seguir pagando y yo, la multinacional, aún ganaré más pasta. ¿Te acuerdas de cuando el litro de gasoil superó el euro? Ya vamos por 1,30. Tú sigue poniendo gasoil, así seguro que te lo bajarán…
¿Quieres que la gente te conozca? Tú eres el primero. Trata de conocer a más gente, interésate por ellos. Crea una red social a tu alrededor. Saluda a las personas por su nombre. No tardarán en preguntarte: “¿Y tú? ¿Cómo te llamas? ¿Qué haces?”
¿Quieres más alegría en el mundo? Tú eres el primero. ¡Sonríe! Muéstrate optimista, haz bromas, explica algún chiste de vez en cuando aunque se te dé fatal. Si los demás te ven con cara de amargado, ¿que crees que les pasará? ¿Estarán contentos? No hombre, no. Se amargan también. Recuerda que tu estado de ánimo se pega.
¿Quieres más educación? Tú eres el primero. No te hagas el loco y aguántale la puerta a la señora María. Sí, la de la Belén Esteban. ¿Qué crees? ¿Que no te ha visto? Tal vez sí. O tal vez no pero sí el vecino del quinto. La próxima vez será otro el que no te aguantará la puerta a ti. Tú, cómo no, dirás: “Qué estúpido, ¿no?” Recuerda que tú fuiste el primero.
¿Quieres más amor? Tú eres el primero. Quiérete más a ti mismo y quiere más a los demás. No tengas miedo de mostrar tus emociones. Si lo haces, los demás también las compartirán contigo. Entonces te darás cuenta de que no estás solo como pensabas. Hay mucha gente que te quiere.
¿Quieres que las cosas cambien? Tú eres el primero. No lo olvides. El cambio empieza por ti, ¡siempre!
¿Quieres una vida sencilla? Ahí sentado no cambiará nada y todo será muy difícil, muy complicado. Nadie te va a facilitar las cosas. Y tú seguirás quejándote con el tópico del momento: “Mira que nos complicamos la vida ¿eh?”. Te la complicas tú solito. Y sólo tú puedes cambiarla. Tú eres el primero.
¡¡¡TÚ ERES EL PRIMERO!!!
Indignados

Yo estoy indignado con el sistema y pido cambios a los de arriba. Pero a la vez estoy un poco indignado con el indignado, conmigo mismo, y pido cambios a los de abajo, a nosotros mismos.
Pido centros comerciales e hipermercados vacíos, a la vez que llenamos las tiendas y mercados de nuestro barrio. Pido minimizar el desplazamiento en coche, a la vez que potenciar la bicicleta o las propias piernas. Pido zumo y frutos secos en vez de cruasán y café con leche. Pido alquiler en vez de compra. Pido ejercicio diario en vez de sofá. Pido libros en vez de televisión. Pido abrazos en vez de mensajes por el WhatsApp.
Porque quien crea y manipula el sistema son los políticos, la banca y las multinacionales. Pero quien lo apoya, lo mantiene y lo retroalimenta es el ciudadano, el consumidor.
Estoy indignado conmigo mismo. No debo olvidar que soy el primer responsable -que no culpable- de todo esto.
- ¿Quién firma la hipoteca?
- ¿Quién bebe Coca-Cola?
- ¿Quién se queda embobado viendo pasar el último modelo del Audi A4?
- ¿Quién se pasa el día informándose de los últimos comentarios de Mourinho?
- ¿Quién va al médico a las primeras décimas de fiebre?
- ¿Quién marca el PIN de la tarjeta de crédito?
- ¿Quién se queda amodorrado en el sofá con la mochila del gimnasio ya preparada?
- ¿Quién se infla a bollería barata para desayunar?
- ¿Quién sube los precios de los pisos?
Me indigno con los titiriteros del sistema, del teatrillo. Pero también me indigno conmigo mismo y apuesto por no ser nunca más títere de nadie. Corto los hilos.
¿Y tú? ¿Te atreves a indignarte contigo mismo? ¿Vas a dar, además de pedir? ¿Quieres cambiar el sistema realmente? Es decir, ¿vas a cambiar tú?
Fuente: Robert Sánchez en Una Vida Sencilla, España.