La Coctelera

15 Abril 2014

Se sabe que la actividad laboral permite a la persona sentirse independiente. Casi todos trabajan para mantener a su familia económicamente. La gente siempre necesita  el dinero que cobra, por ello la gente siempre trabaja. Pero, ¿qué es el mercado laboral? Pues, es un conjunto de relaciones mercantiles entre empleadores y trabajadores, o sea, es un espacio económico donde convergen una oferta y una demanda. Son dos fuerzas que interactúan en el mercado del trabajo.


Podemos definir la oferta como cantidad negociada de los bienes o servicios que los vendedores (en nuestro caso trabajadores que ofrecen su mano de obra, conocimientos, habilidades etc.) ofrecen al mercado por un precio. La demanda, a su vez, es la solicitud de un producto o servicio. Hoy resulta bastante difícil encontrar empleo ya que las calificaciones que los trabajadores poseen no siempre son las mismas que los empleadores solicitan. Por ello, para localizar oportunidades para buscar trabajo en Valparaíso tienes que seguir unos pasos muy importantes que te ofrecemos en adelante.

1.   Verificar cuáles de las profesiones son importantes hoy. La verdad es que tienes que pensar no solamente en lo que te gustaría hacer en la vida, sino también de la demanda. Si esta profesión será necesaria en la sociedad donde vives. Al elegir la profesión demandada, podrás sostener a tu familia y convertirte en un profesional que siempre puede encontrar y cambiar de trabajo. Así, entre los perfiles profesionales que ganarán terreno laboral hallamos los siguientes: diseñadores de páginas web, administradores de empresas, ingenieros, especialistas en finanzas, traductores o intérpretes, key account manager, analistas de información sobre seguridad informática, organizadores de eventos y conferencias etc.

2.   Escribir un CV perfecto. Tienes que mencionar tu objetivo con relación al cargo al que postulas. Así tienes que cambiarlo si se trata de los cargos y empresas diferentes. Menciona tu educación, habilidades necesarias para este trabajo, experiencia laboral etc. Revisa tu currículum vítae otra vez para evitar errores gramaticales y ortográficos.

3.  Prepárate para una entrevista. Lee la información sobre esta compañía en Internet para hacer preguntas que te interesan durante la entrevista y mostrar tu motivación. Habla centrándote en lo que se te pregunta, no tengas miedo y, sin duda, tendrás éxito.

23 Octubre 2013

Tipologías organizacionales hay muchas y aunque soy contrario a catalogar, a veces algunos ejercicios nos abren perspectivas para darnos cuenta dónde estamos y trazar el camino que queremos recorrer. Es el caso de la siguiente clasificación que nos entrega el blog de Carlos Díaz Lastreto, que ya he citado en otros post. Les invito a revisarla.


Carlos construyó una matriz de dos dimensiones, en la que figuran logro de resultados versus clima predominante (clima como estado de ánimo). Y a partir de ello caracterizó cuatro tipos de organizaciones:

Camino al despeñadero: Se trata de organizaciones que no logran sus resultados y tienen un estado de ánimo negativo, de cierre de posibilidades, con desgano, desánimo, desinterés. Las personas que trabajan en estas organizaciones se sienten frustradas, temen quedarse sin fuente de trabajo. Tengo la idea que es como un barco hundiéndose, en el que todos los pasajeros, incluido el capitán, quieren huir de ahí.

Todo es una fiesta: Organización con baja orientación al cumplimiento de resultados y un estado de ánimo positivo. Organizaciones que por alguna razón no se orientan a los clientes, no desarrollan procesos de negocios profundos y, sin embargo, por alguna razón (falta de competencia, propiedad estatal, posición monopólica, etc.) no sienten la presión de cumplir metas o resultados. Veo estas organizaciones como lugares donde las personas se sienten contentas por la dinámica interna de la organización, aunque los clientes o usuarios no sientan lo mismo.

Parecemos mercenarios: Se trata de organizaciones en que predomina el cumplimiento de las tareas y las metas, con baja preocupación por las personas. El estado de ánimo predominante puede ser el miedo, el agobio o el resentimiento. En este caso, si bien cumplen con sus resultados, las personas se declaran insatisfechas, buscan cambiarse de trabajo y cunde un sentido de resentimiento con quienes dirigen la organización. Estoy convencido que en lugares como este los resultados no son sostenibles en el tiempo y quienes las lideran buscan estar poco tiempo para irse “en la cresta de la ola” para no dejarle a quienes los sucedan el trabajo de “pagar los costos”.

El mejor lugar para trabajar: Lugares donde simultáneamente se logran buenos resultados y existe un estado de ánimo positivo, de entusiasmo, de ambición, de deseo de innovar y comprometerse. En estos lugares idealmente las personas desean hacer contribuciones y se disfruta el trabajo. Creo que a lugares como estos se refiere Losada cuando habla de equipos de alto desempeño, con experiencias de escucha, de conectividad, de positividad.

- ¿En qué tipo de organización trabajas, según esta tipología?

- ¿Estás a gusto?

- ¿Cómo es el clima laboral que se respira?

- ¿Es posible mejorar?

Te dejo con estas inquietudes...

14 Septiembre 2013

Se le llama el "patógeno perfecto" por su rápida capacidad de multiplicación. Identificado por primera vez en la ciudad de Norwalk, Ohio, en 1968, toma de allí su nombre: norovirus o "virus Norwalk". Durante las últimas semanas ha afectado a casi 4.000 personas en Ovalle, una ciudad chilena de 108.000 habitantes.

Evolución de casos/día de gastroenteritis notificados en Ovalle. Fuente: Ministerio de Salud.


En días posteriores al 3 de septiembre, numerosos habitantes de Ovalle comenzaron a sufrir molestos síntomas: vómitos violentos, diarrea, dolor de cabeza, malestar general. Las consultas en centros de salud se multiplicaron de tal manera que colapsaron los establecimientos día y noche. Al principio algunas decenas de casos, luego cientos que se convirtieron en varios miles de  afectados. Se encendieron las alertas sanitarias y al principio se habló de una "intoxicación masiva".

El desconocimiento de la causa llevó a tejer toda clase de rumores que se propalaron en redes sociales generando desinformación, propalándose la psicosis colectiva a las ciudades de La Serena y Coquimbo pese a que aquí no se registraron casos notificados. Se habló, sin fundamentos, de cólera, arsénico y otras causas. El agua embotellada se agotó en los supermercados. Con el paso de los días se informó ya oficialmente que se trataría de un "norovirus".

En este caso se comprueba una vez más la importancia de la precisión del lenguaje y el pánico de la población cuando se enfrenta a situaciones desconocidas. Al comienzo se informó de un "brote epidémico", concepto bastante ambiguo y que abre paso a toda clase de interpretaciones. Probablemente no había otra forma de caracterizar la situación en ese momento porque las investigaciones estaban en pleno proceso. Sin embargo, al rotular luego la intoxicación masiva como "norovirus", al menos hubo un punto de referencia.

Recién en el año 2010, de alguna forma la palabra norovirus se incorporó en parte al léxico de  los chilenos. Esa vez, un masivo brote de gastroenteritis afectó a 30.000 habitantes de la ciudad de Antofagasta. El origen del brote fue una planta de tratamiento de aguas servidas que contaminó cultivos y también el agua de mar. Pese a ello, en Chile aún hay poca conciencia del norovirus en el ambiente, siendo que según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), el norovirus «es responsable de millones de infecciones cada año y es conocido por su habilidad para evadir el control». Añaden que «21 millones de personas enferman en EE.UU cada año a causa de este virus». El norovirus es el «Ferrari del mundo de los virus y uno de los más infecciosos», expresa al respecto el científico Ian Goodfellow.

Muchos brotes de gastroenteritis son causados por norovirus en sus diferentes variantes. Incluso se ha determinado que intoxicaciones sufridas por comensales en los restaurantes más famosos del mundo tienen ese origen. También es la causa más frecuente de brotes registrados en cruceros. En Chile incluso muchas veces se diagnostica erróneamente como "influenza estomacal" debido a que presenta síntomas similares.

Discrepancias sobre su origen

El caso de Ovalle motivó la apertura de un sumario sanitario en contra de la empresa Aguas del Valle, que abastece de este elemento a la ciudad, y cuyos resultados se conocerán en las próximas semanas. La sanitaria privada niega rotundamente su responsabilidad y descalifica el rigor técnico de las muestras tomadas por el Servicio de Salud, las cuales arrojaron una dramática caída en los niveles de cloración del agua potable domiciliaria en la red durante el inicio de la epidemia.

Las muestras analizadas por el Servicio de Salud se inician el día 3 de septiembre y es allí donde detectan baja cloración. Posteriormente, el Instituto de Salud Pública, ISP, tomó otras a partir del 5 de septiembre y en ellas no se advierte ese problema en el agua potable, que es el argumento para inculpar a la sanitaria. Ello ha dado pie para que a nivel de comunicación masiva se den versiones contradictorias sobre el origen del brote.

Lo que sí está plenamente confirmado es la presencia de norovirus en los afluentes que abastecen de agua a la ciudad. El informe del ISP corrobora que en la captación de agua ubicada en el sector de Los Peñones, se encontró que el curso del río presenta norovirus. A su vez, las muestras tomadas a personas afectadas confirmaron que padecían del mismo patógeno.

En la línea investigativa de las autoridades de salud la tesis que se maneja es que el río Limarí puede haber sufrido una contaminación por norovirus, cuya fuente probablemente sean aguas servidas que fueron a parar al cauce durante la realización de la fiesta religiosa del Niño Dios de Sotaquí celebrada el domingo 2 de septiembre, ocasión en que cerca de 30.000 personas llegaron a ese pueblo.

La contaminación del agua habría afectado más abajo a uno de los puntos de captación para el abastecimiento del agua potable de Ovalle, la que se traspasó a la red domiciliaria. Los datos y análisis del Servicio de Salud son aparentemente concordantes con labaja cloraciòn del agua domiciliaria que detectaron. No obstante, la empresa sanitaria ha sido pertinaz en descalificar la validez técnica de esas muestras. Su postura es congruente con una defensa de su servicio pues se expone a recibir multas y además probables demandas de los afectados.

Tips

-          Los norovirus son altamente contagiosos. Pueden ser transmitidos por el aire (estornudos o tos), agua, alimentos, verduras, mariscos, utensilios, baños.

-          Los síntomas son vómitos violentos, diarrea, fiebre, náuseas y dolor abdominal los cuales desaparecen entre 24 y 48 horas.

-          Las personas contagiadas portan el virus hasta 10 días después por lo que lo ideal es que no tengan contacto con otras personas durante una semana. Besos, estornudos, deposiciones fecales, vómitos e incluso por mano son vías frecuentes de propagación.

-          Algunos estudios indican que incluso el lavado de platos no elimina el virus de esos utensilios.

-          La gastroenteritis no es mortal. Los pacientes se recuperan, pero hay que cuidar de la deshidratación y poner cuidado en niños menores de 5 años y ancianos.

-          No existen medicamentos ni vacunas para contrarrestar el virus.

-          En EE.UU se calcula que por cada caso notificado existen otros 280 que no son conocidos por las autoridades de salud..

Qué son los norovirus

Los norovirus son uno de los grandes secretos a voces de la virología. En un número reciente de The Journal of Infectious Diseases, Aron Salón del Centro para el Control de Enfermedades declaró: "Los norovirus son quizás el patógeno humano perfecto".

Cada norovirus lleva apenas nueve genes codificadores de proteínas. A pesar de que la caja de herramientas genética es escasa, estos patógenos pueden romper las cerraduras de nuestras células y "hackear" nuestro propio ADN para hacer nuevos norovirus. Los detalles de esta invasión son incompletos, por desgracia, porque los científicos no han encontrado una buena manera de aislarlos en las células humanas en sus laboratorios. Ni siquiera está claro exactamente qué tipo de células nos  invaden una vez que alcanzan el intestino. Sin importar el tipo, ellos saben claramente cómo explotar sus anfitriones. Los norovirus vienen rugiendo de las células infectadas en gran número y luego se esparcen fuera del cuerpo.

Los norovirus son tan buenos en su propagación que es muy probable que en algún momento de su vida, usted ha tenido una infección. (Es posible que le hayan mal llamado "virus estomacal").

Sería muy bueno si sólo tuviésemos que preocuparnos de contraer norovirus una vez y luego quedar inmunizados de los mismos para el resto de nuestras vidas. Por desgracia, parece que sólo tenemos una breve protección, de tal vez unos pocos meses, y luego somos presa ellos de nuevo.

Una cepa modificada puede entonces barrer todo el mundo en tan sólo tres meses.

Cepa de Sidney, Australia

Una nueva cepa del norovirus provocó la mayoría de brotes de una enfermedad intestinal altamente contagiosa en Estados Unidos entre septiembre y diciembre pasados. En un estudio, los investigadores del Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE.UU analizaron datos sobre las cepas de norovirus relacionadas con los brotes en EE. UU, y hallaron que 141 de los 266 brotes reportados en los últimos cuatro meses de 2012 fueron causados por la cepa GII.4 Sydney, la cual también ha afectado de manera virulenta a otras regiones del mundo

ACTUALIZACIÓN 22/10/2013

- Aguas del Valle es declarado culpable tras sumario sanitario por brote de norovirus en Ovalle

Por Mauricio Bertero. Se autoriza su reproducción. Se agradece mención del autor.

3 Septiembre 2013

Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo. Pero pasaban los años y no encontraba la solución. Cierto día, su hijo de siete años invadió su laboratorio decidido a ayudarle a trabajar. Y ante la imposibilidad de sacarlo de ahí, el científico arrancó una página de una revista en la que aparecía, una imagen del mundo y la recortó a modo de puzzle en decenas de pedazos.

- "Mira. hijo, aquí tienes el mundo todo roto. El juego consiste en que lo recompongas de nuevo".

El científico calculó que por lo menos tardaría un par de días. Sin embargo, solo unas horas después oyó la voz de su hijo entusiasmado:

- "¡Papá, ya está arreglado!"

Completamente estupefacto, comprobó que todos los pedazos estaban en su sitio exacto.

- "¿Cómo es posible que lo hayas terminado tan rápido?".

Y el niño le contestó:

- "Cuando arrancaste el papel de la revista para recortarlo, me fijé que en el otro lado de la hoja aparecía la figura de un hombre. Y cuando me dijiste que arreglara el mundo, lo intenté, pero no supe. Entonces di la vuelta a los pedazos de papel y empecé a arreglar al hombre, que sí sabía cómo era. Y una vez que conseguí arreglar al hombre, le di nuevamente la vuelta a la hoja y encon­tré que había arreglado el mundo".


Fuente: Borja Vilaseca en El País, España.

2 Septiembre 2013

Los seres humanos hemos sido educados para regirnos según nuestra "conciencia moral". Es decir, para tomar decisiones basándonos en lo que está bien y en lo que está mal. Desde niños se nos ha premiado cuando hemos sido buenos y castigado cuando hemos sido malos. Así es como nuestros padres -con su mejor intención- han tratado de orientarnos. Pero esta fragmentación dual es completamente subjetiva. De ahí que cada uno de nosotros tenga su propia moral.


Prueba de ello es el capitalismo. Para unos está bien, pues consideran que este sistema promueve el crecimiento económico y la riqueza material. Para otros está mal, pues aseguran que se sustenta sobre la insatisfacción, la desigualdad y la destrucción de la naturaleza. Lo mismo sucede con las empresas, los partidos políticos, las instituciones religiosas y, en definitiva, con el comportamiento mayoritario de la sociedad. Una misma cosa, persona, conducta, situación o circunstancia puede generar tantas opiniones como seres humanos las observen. Dependiendo de quién lo mire -y desde dónde lo mire-, será bueno o malo; estará bien o mal. De ahí que, a la hora de hacer valoraciones, todo sea relativo.

Anatomía de la moral

'Detrás de cualquier prejuicio y estereotipo se esconden el miedo y la ignorancia" (Ryszard Kapuscinski)

Podríamos definir la moral como nuestro dogma individual. Un punto de vista sobre cómo deben ser las cosas. Este es el motivo por el que muchos intentamos imponer nuestras opiniones sobre los demás. Al identificarnos con nuestro sistema de creencias, creemos que el mundo debería ser como nosotros pensamos. De ahí que mantengamos "batallas dialécticas", juzgando, criticando e incluso tratando de imponer nuestra verdad a aquellos que piensan y actúan de forma diferente. En estos casos, más que compartir, lo que buscamos es demostrar que tenemos la razón. Cabe preguntarse: ¿qué obtenemos cuando conseguimos "tener la razón"?. Por muy sofisticados que sean nuestros argumentos, este tipo de conductas solo ponen de manifiesto nuestra falta de madurez emocional.

Las personas intolerantes y dogmáticas estamos convencidas de que las cosas están bien o mal en función de si están alineadas con la idea que tenemos de ellas en nuestra cabeza. En esta misma línea, los demás son buenos o malos en la medida en la que se comportan como nosotros esperamos. Así, la conciencia moral actúa como un filtro que nos lleva a distorsionar la realidad. Es la responsable de la mayoría de los conflictos que destruyen la convivencía pacífica entre los seres humanos. No es otra cosa que la suma de nuestros prejuicios y estereotipos. Y se sustenta sobre dos pilares: nuestras interpretaciones subjetivas y nuestros pensamientos egocéntricos. De ahí que limite nuestra percepción y obstaculice nuestra comprensión, siendo una constante fuente de lucha, conflicto y sufrimiento.

La realidad es neutra

"La realidad suele ser más amable que las historias que contamos acerca de ella" (Byron Katie)

Al empezar a cuestionar y trascender el condicionamiento a partir del cual hemos construido nuestra moral, nuestro nivel de comprensión y de sabiduría crecen. Y, como consecuencia, empezamos a regir nuestras decisiones y nuestro comportamiento según nuestra "conciencia ética". Ya no etiquetamos las cosas como buenas o malas. Más que nada porque sabemos que las cosas son como son. Y que cualquier etiqueta que le pongamos será una proyección de nuestros pensamientos y creencias. Así es como comprendemos que las cosas no son blancas o negras, empezando a discernir los infinitos matices grises que existen entre uno y otro extremo.

En este sentido, el capitalismo no es bueno ni malo. Más bien es como es. De hecho, podemos concluir que se trata de un sistema que promueve el crecimiento económico y la riqueza material. Y también que se sustenta sobre la insatisfacción y la desigualdad de los individuos y la destrucción de la naturaleza. Sin embargo, esta definición no lo convierte en algo bueno o malo. Estos adjetivos no forman parte del capitalismo, sino de nuestra manera subjetiva de verlo.

En la medida en que trascendemos nuestra percepción moral de la realidad, podemos renunciar a que el mundo sea como nosotros hemos determinado que debe ser. Principalmente porque el mundo y todo lo que en él existe y acontece tiene derecho a ser tal como es, de la misma manera que nosotros tenemos derecho a ser tal como somos. Más allá de que estemos de acuerdo o no con lo que sucede, desde un punto de vista existencial es completamente legítimo que todo suceda tal y como está sucediendo. Y esta postura nada tiene que ver con la resignación, sino con la aceptación. La diferencia entre una y otra es nuestro grado de comprensión acerca de aquello que estamos observando. La realidad es neutra. Verla de este modo requiere ir más allá de las limitaciones de nuestra mente.

La conciencia ética

"Si juzgas a la gente no tienes tiempo para amarla" (Madre Teresa de Calcuta)

Al trascender nuestra subjetividad empezamos a ver, a comprender y a aceptar que las cosas son como son. Así, la conciencia ética se sustenta sobre dos pilares: la objetividad de nuestras interpretaciones y la neutralidad de nuestros pensamientos. A diferencia de la moral, que nos guía hacia la división y el conflicto, la ética nos mueve hacia la unión y el respeto. No se posiciona ni a favor ni en contra de lo que sucede. Adopta una actitud neutral, yendo más allá de cualquier noción dual. No importa cómo sea la persona o la situación. Ni tampoco lo que esté diciendo, haciendo o sucediendo. Al guiarnos por nuestra conciencia ética no perdemos el tiempo juzgando ni criticando porque no interpretamos ni etiquetamos la realidad como buena o mala, y gracias a esta nueva visión más objetiva empezamos a cultivar la humildad, una cualidad que nos permite comprender que las cosas siempre tienen una razón de ser que las mueve a ser como son. De ahí que frente a cualquier circunstancia de nuestra vida, la ética nos motive a elegir de forma voluntaria los pensamientos, las palabras y las conductas más beneficiosas para nosotros, los demás y el entorno.

Al regirnos por nuestra conciencia ética no juzgamos moralmente el capitalismo -por terminar con este ejemplo-, sino que invertimos nuestro tiempo, esfuerzo y energía para interactuar en este sistema de forma objetiva y neutra, orientando nuestra existencia al bien común. En este sentido, la conciencia ética nos inspira, tal como dijo Mahatma Gandhi, a "ser el cambio que queremos ver en el mundo". Curiosamente, la felicidad es la base sobre la que se asienta la ética, y esta, la que permite preservar nuestra felicidad. De ahí que más allá de ser buenos, lo importante es que aprendamos a ser felices.

La verdad no puede imponerse

Por más que hablemos sobre la necesidad de promover un sistema y unas empresas más éticas, lo cierto es que la ética -a diferencia de la moral- no puede imponerse. Sería tan falso y violento como obligar alguien a ser amable. Al contrario, la ética puede servir de inspiración través del ejemplo, del mismo modo que la amabilidad de una persona puede despertar esta cualidad en nuestro interior. Y entonces, ¿qué es la ética? Etimológicamente, procede de un vocablo griego, que significa "modo de ser", "carácter" y "predisposición permanente para hacer el bien". Es decir, que podría definirse como la manera natural de relacionarnos cuando vivimos conectados con nuestra verdadera esencia. Y dado que la ética es el principal fruto de la consciencia y la sabiduría, siempre nos inspira a dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento. No en vano, parte de la premisa de que lo que damos a los demás nos lo damos en primer lugar a nosotros mismos.

Fuente: Borja Vilaseca, en El País, España.

2 Septiembre 2013

No es nada fácil ser ciudadano en el mundo de hoy. Solo protestar y echar la culpa no asegura el futuro. Es el momento de tomar las riendas. El primer paso para emanciparnos es difícil. Consiste en atrevernos a asumir el protagonismo de resolver los problemas.


Hoy día sobran los motivos para estar enfadados. Au­mentan los impuestos. Sube la inflación. Trabajamos más horas. Cobramos menos. Se alarga la edad de la jubilación. Y cada vez más personas engordan la lista del desem­pleo... En paralelo, presenciamos a tra­vés de la pantalla del televisor un sinfín defraudes, escándalos y estafas por par­te de políticos corruptos y empresarios codiciosos. Y como colofón, estamos siendo testigos de cómo está desmoro­nándose el sector financiero, poniendo en peligro la salud y la soberanía econó­mica de todo el país.

Frente a semejante panorama, el miedo y la confusión no solo se han apoderado de la población activa es­pañola, sino que se han convertido en un virus de lo más contagioso. Y como reacción mayoritaria, muchos seguimos esperando que de algún modo u otro el Estado se encargue de solucionar nues­tros problemas. Y tiene sentido que sea así. El paternalismo y el victimismo son los dos principales legados psicológicos que nos ha dejado la era industrial. Am­bas actitudes se retroalimentan; se ne­cesitan mutuamente para poder existir.

El quid de la cuestión es cómo los ciudadanos dependemos absolutamen­te del Estado, de las empresas y de los bancos. Sin ellos, muchos no podría­mos ni sabríamos cómo sobrevivir eco­nómicamente. Y esta dependencia ha dado lugar a nueva forma de esclavitud contemporánea. Y dado que la presión ejercida por quienes nos gobiernan es cada vez mayor, en los últimos años unaparte de la ciudadanía ha salido de su aletargamiento, expresando su incon­formismo a través de manifestaciones, pancartas y megáfonos.

Indignación e indiferencia

"La libertad conlleva responsabilidad. Por eso, a la mayoría de personas les aterroriza"
(George Bernard Shaw)

Muchos de los que pretenden cambiar el orden social establecido suelen atravesar cuatro estados anímicos diferen­tes. El primero es el que hace más ruido; de ahí que también sea el más conoci­do: la indignación. Y aparece cuando sentimos que las decisiones y los actos de otras personas o instituciones perjudican nuestros intereses. Esta emoción mueve a la queja y la protesta que ponen de manifiesto el creciente malestar de los ciudadanos, pero no suelen cambiar el modo en que funciona la sociedad.

Esta es la razón por la que la indig­nación suele dar lugar a un segundo estado anímico: la frustración. Esta emoción puede definirse como el sen­timiento de decepción que nos invade cuando no se cumplen nuestras espe­ranzas y expectativas.

Una vez nos sentimos sin fuerza ni energía para seguir combatiendo, la frustración se convierte en un tercer estado de ánimo: la resignación. Fruto del cansancio físico y el agotamiento mental, experimentamos una profunda impotencia por no poder cambiar el sis­tema en el que vivimos. Y con el tiempo, esta emoción vuelve a mutar, dando lu­gar al cuarto y último estado de ánimo: la indiferencia. De pronto nos volvemos completamente insensibles, tratando de que lo que pase en el mundo nos afecte lo menos posible.

Más allá de victimizarnos o de indig­namos, lo que necesitamos es compren­der que la manera en la que el mundo ha venido funcionando está cambiando. Las reglas del juego profesional van a ser cada vez más diferentes a las que esta­mos acostumbrados. De ahí que para ob­tener nuevos y mejores resultados en el ámbito económico sea necesario experi­mentar un profundo cambio de mentali­dad, aprendiendo a relacionarnos con el mercado laboral de una manera mucho más madura, libre y responsable. Y esto pasa por depender lo menos posible del Estado, las empresas y los bancos para obtener los medios económicos que ne­cesitamos para vivir dignamente.

En muchos casos, la raíz de nuestra situación de dependencia emocional y económica es el miedo a la libertad. Es decir, el temor a adentrarnos en la incertidumbre que implica seguir una senda profesional alternativa, más acorde con la persona que intuimos que verdaderamente somos. El primer paso para emancipamos es el más difí­cil. Consiste en atrevemos a asumir la responsabilidad y el protagonismo de resolver por nosotros mismos nuestros propios problemas laborales y financie­ros. Y es precisamente esta declaración de intenciones lo que nos lleva a tomar las riendas de nuestra vida.

La hora de la responsabilidad

"Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo»
(Mahatma Gandhi).

Parece una decisión fácil, pero no lo es. Curiosamente, cuanto mayor es nuestro miedo, más larga es nuestra lista de ex­cusas y justificaciones para no cambiar. Y es que cuesta tanto, que muchos solo nos atrevemos a dar este primer paso después de haber padecido una satu­ración de sufrimiento. Más que nada, porque solo entonces sentimos que no tenemos nada que perder.

Si bien no se habla de ello en las noticias, está surgiendo una nueva ten­dencia ciudadana mucho más silencio­sa: "el movimiento de los responsables". Se trata de una minoría de ciudadanos cada vez más numerosa que están adoptando una visión más proactiva. Forman parte de una revolución silen­ciosa. En vez de preguntarse qué puede hacer el Gobierno por ellos, invierten su tiempo y energía en formación para reinventarse profesionalmente, des­cubriendo qué pueden hacer ellos por la sociedad. Principalmente porque se han dado cuenta de un hecho que mu­chos siguen obviando: que quejarnos, protestar y culpar a los demás no ha traí­do ningún cambio positivo ni construc­tivo a nuestra vida. Tan solo sirve para enfurecemos y debi­litamos todavía más.

Por todo ello, la misma energía que antes utilizábamos para indignarnos y tratar de cambiar el sistema, es más eficiente emplearla en modificar lo único que sí podemos transformar: nuestra mentalidad, nuestra actitud y, en definitiva, las decisiones con las que construimos día a día nuestras circuns­tancias laborales y económicas. Eso sí, quien diga que este camino alternati­vo es fácil y está exento de obstáculos, miente. Además, nadie puede asegu­rarnos y garantizarnos que saldremos adelante. Pero por lo menos es una senda que sí depende de nosotros, de nuestro esfuerzo, de nuestro compro­miso y de nuestro talento.

En el mundo de hoy, más allá de la crisis, sigue habiendo muchos proble­mas por solucionar y muchas necesi­dades por saciar. Y gracias a las nuevas tecnologías relacionadas con la comu­nicación y la información, así como a las redes sociales, nunca antes en la historia había habido tantas oportunidades para emprender nuevos negocios y proyectos que beneficien a otros seres humanos.

Una de las revoluciones que pode­mos hacer hoy es reflexionar sobre cómo ganamos y gastamos nuestro dinero, conductas que dicen mucho acerca de la persona que somos. Y una buena mane­ra de empezar esta senda hacia la madu­rez y la coherencia es tratar de respon­der, con más hechos y menos palabras, a la pregunta ¿qué puedo hacer yo para cambiar aquello de lo que me quejo?.

Fuente: Borja Vilaseca en El País, España.

6 Agosto 2013

En una charla exclusiva, el sociólogo Castells analiza las formas que toman las relaciones entre desiguales, el papel de los movimientos sociales, la renuncia a la toma del poder a cambio del triunfo de las ideas, y el lugar que adquirió la Web para el nacimiento de redes que luego actúan en el terreno.


Los movimientos que van de Plaza Tharir al 15-M español, de Occupy Wall Street a los estudiantes chilenos, de las manifestaciones brasileñas a las ocurridas en Grecia y Portugal. Estas revueltas actúan ya sobre la superficie desplegada y en acelere permanente de las nuevas tecnologías para usufructuarlas y convertirlas en parte de lo que Castells denomina “redes de indignación y esperanza”, en un proceso de “autocomunicación de masas” ¿Qué tipo de contrapoder suponen estos movimientos? Castells los define como un actor fundamental pero no los termina de considerar políticos. O mejor: reserva el nombre de política para los movimientos que buscan tomar el poder. Los movimientos sociales entonces operan a otro nivel: transforman la capacidad perceptiva y cultural de la sociedad. De modo tal que perseveran sus ideas más allá de ellos mismos, cultivando lo que sería una sensibilidad (más que formas de producción y organización) de avanzada y poniendo en crisis a las instituciones del ciclo fordista anterior. En este esquema no puede dejar de notarse que estas irrupciones quedan confinadas a la esfera importante pero un tanto morosa y menos explosiva de la cultura (¡La lucha de clases queda viva sólo en China!). Castells propone una tipología: estos movimientos se inician en Internet y se conectan con la ciudad; emergen de una indignación espontánea y no tienen un programa homogéneo. En América Latina, dice, no están rotos los puentes entre movimientos e instituciones políticas y deja una clave: la investigación debe hacerse desde dentro y fuera de los movimientos. Tal vez sea un modo de investigar el impacto de los movimientos más allá de su pura energía para la innovación cultural.

"Este es mi café favorito en el mundo", exagera el sociólogo Manuel Castells antes de sentarse en La Biela en una fría mañana porteña. Vamos desayunando mientras los parroquianos, varios turistas, se toman fotos con los clones de Borges y Bioy, perpetuados en este bar recoleto. "¿Qué es una biela?", se preguntan algunos, confundidos frente a esas raras piezas mecánicas caladas en las sillas del lugar.

Confundidos y curiosos, como nosotros, que pretendemos exprimir en un desayuno al profesor Castells para que nos ayude a entender los vientos de transición que sacuden al mundo. Necesitaríamos meses. De charla y de lectura.

Recién llegado del agitado Brasil, anda a las corridas este español ciudadano del mundo. Por la tarde partirá a un congreso de Movimientos sociales en Montevideo y viene de recibir un Doctorado honoris Causa en la UNSAM, en una ceremonia que describe emotiva, repartiendo elogios para esa experiencia académica conurbana.

Compenetrado con la necesidad de entender y explicar las características de las sociedades contemporáneas, Castells arriesga lecturas sobre el presente, anclado en sus propias experiencias y estudios, con influencias de Alain Touraine o el marxismo althusseriano. A su amplio conocimiento de América latina, donde vivió y dejó títulos como "La lucha de clases en Chile", suma varios clásicos, entre ellos el tríptico La era de la información, textos que lo convierten en el teórico más citado en trabajos sobre tecnologías de la comunicación a nivel mundial. Ahora que los contrapoderes también se organizan en red, ausculta el nuevo escenario de los movimientos sociales. Redes de indignación y esperanza tituló su último libro. El es el esperanzado, qué duda cabe. Mientras avanza la charla, sobrevuela una impresión: Castells adelanta. ¿La realidad va detrás?

-Cuando hablamos del origen de su obra siempre hacemos referencia a todos esos exilios forzados por los que debió pasar. Huir del franquismo primero, de los coletazos del Mayo francés después, recalar en el Chile de Allende, ¿qué impacto tuvo en el perfil multicultural de su obra?


-Me marcó en dos sentidos. En términos de contenido aprendí que las relaciones de poder son fundamentales en toda sociedad. Quienes tienen el poder, organizan, institucionalizan nuestras vidas en función de sus intereses y valores. Al mismo tiempo, como agente que, afortunadamente, no acepta ese tipo de instituciones políticas, prácticas sociales y empresariales que no están en concordancia con sus deseos y aspiraciones, aprendí que siempre hay un contrapoder. Todo depende de cómo se jueguen esas relaciones de poder, que no se traducen sólo en el ámbito político o del Estado, sino que están en todos lados. Por eso las estudié en la ciudad, en la globalización, en la tecnología, en las identidades, y finalmente en los movimientos sociales, que para mí son el actor fundamental. Enfrenté a una dictadura como la franquista y recibí la obvia represión. Aprendí que si te enfrentas sufres. De muy joven tuve que huir de España para evitar la cárcel y la tortura, pero seguí tratando de impulsar cambios sociales en otros lugares, otras sociedades. Fui catalán, francés, chileno, brasileño. En Quebec, Canadá, participé del movimiento nacionalista y por lo tanto aprendí otras identidades hasta que finalmente, y ya por elección, debido a mi nicho ecológico que es la gran universidad de investigación anglosajona, acabé en Berkeley, donde pasé muchos años.

-Aquél inicio suyo coincide con lo que podríamos llamar los setentas (el Mayo francés, la buena salud del bloque socialista). En aquellos movimientos sociales, subyacía un factor ideológico que ha perdido presencia en los nuevos, ¿qué cambió?

-Es que los movimientos sociales no buscan tomar el poder. Nunca. Cuando lo intentan se vuelven movimientos político revolucionarios, que es otra cosa. El movimiento social busca cambios en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la sociedad, normalmente, se piensa a sí misma. Desde ese punto de vista, todos los grandes cambios en Europa y en gran parte del mundo salieron de los movimientos sociales de los 60 en los Estados Unidos, y del Mayo francés, principalmente. Ecologismo, derechos de la mujer, ideas modernas de autogestión, independencia de los partidos políticos... es lo que vemos ahora. Nuestro enemigo en el Mayo francés era tanto el Partido Comunista Francés como el capitalismo. Lo que se hundió fue la izquierda tradicional. Pero lo que ocurrió en el Mayo francés, un típico movimiento social, fue que fracasó en lo que nunca se propuso, tomar el poder. Es un error interpretarlo en categorías tradicionales. No queríamos nada de eso.

-Si tomar el poder no es lo superlativo, ¿estos movimientos no terminan por diluirse o volverse funcionales a las verdaderas redes del poder?

-No, porque lo peor que puede hacer un movimiento social es transformarse en lo mismo que combate. Conquistar el poder para hacer más o menos lo mismo, como ocurre con la social democracia, sepulta la legitimidad del proyecto. Si llegar al poder quiere decir gestionar todo aquello contra lo que se lucha con un acento más de izquierda pues no estamos frente a un movimiento social. Eso es la izquierda política, que es muy importante, pero los cambios culturales implican otro proceso. En términos políticos, un año después del Mayo francés cayó De Gaulle, se tuvo que jubilar. Poco tiempo después cayó la derecha francesa, reemplazada por el socialismo, entonces, también se determinaron cambios políticos en Francia. Pero la idea de que si no se llega al poder se le hace el juego a los que están en el poder es histórica y empíricamente errónea. Todos los movimientos sociales terminan siendo o cooptados o destruidos. Nunca ganan como movimientos sociales. Lo que ganan son sus ideas. La cuestión es cuál es su productividad histórica una vez que desaparecen. ¿Desaparecen y ya, o desaparecen y germinan algunas de esas ideas que los movilizaron?

-Hubo movimientos sociales inspirados en el marxismo, cristalizados en la revolución rusa, desvirtuados con el stalinismo. Hay varios ejemplos como ese, pero lo que primaba eran las identidades fuertes, ideas y conceptos marcados y definidos, ahora parece todo más difuso...

-Sí, pero esa es la fuerza de estos movimientos. La revolución soviética fue un golpe de Estado, en el sentido que reemplazó un estado por otro aunque fuera totalmente distinto y funcionara con una lógica distinta. No nació de un movimiento social, y si nació, éste fue reemplazado y destruido por los bolcheviques, que era un grupo minoritario en el movimiento revolucionario antizarista. Luego el imaginario colectivo de América latina ignoró durante mucho tiempo la realidad de una de las experiencias totalitarias más crueles de la historia. El movimiento social había sido aplastado en esos meses de revolución y durante la guerra civil que siguió. Los marinos de Kronstadt, los campesinos revolucionarios de Makhno, esos eran verdaderos movimientos sociales a los que el régimen soviético se dedicó a liquidar ya desde Lenin. Después Stalin lo organizó científicamente. El movimiento social fue el movimiento obrero, que tuvo un impacto histórico e institucional muy importante expresado en grandes progresos y reformas sociales. Los derechos de los trabajadores, el derecho al voto, el estado de bienestar, lo convierten en un movimiento que dio grandes cambios sociales y políticos de la historia. El movimiento obrero era el movimiento social, pero no fue eso lo que germinó en la Unión Soviética.

-Entonces, ¿con qué podríamos identificar hoy el concepto de lucha de clases si es que cabe alguna equivalencia?

-Es un concepto que tuvo su papel histórico, pero que hoy simplemente no va con esta realidad. Las luchas sociales que hay ahora definitivamente no son luchas de clase. Aquí, en Europa, o en cualquier lugar. Para empezar son luchas por los derechos humanos. La palabra clave para todas estas luchas es dignidad. Se produce un efecto de indignación en defensa de la dignidad, una explosión espontánea de gente que se siente humillada constantemente por el sistema político. No es una lucha de clases, aunque se puede encontrar siempre un contenido en la reivindicación social, en la explotación o la pobreza. Absolutamente. No son construcciones mentales arbitrarias, salen de una experiencia de explotación y ahí sí se puede expresar que hay una estructura de clases en la sociedad, pero las luchas no son de clase en casi ninguna parte del mundo. La única lucha de clase, y esto resulta interesante y paradójico, se está dando en China. El año pasado hubo 10 mil revueltas en China. Se producen entre los campesinos expropiados de sus tierras, los residentes urbanos a quienes les destruyen sus barrios, los arrasan para hacer especulación inmobiliaria, y sobre todo, los jóvenes obreros explotados hasta la muerte en las grandes fábricas.

-Disputas que se derivan de las nuevas matrices laborales en la sociedad en red, que usted describe: ¿es necesario crear nuevas categorías para pensar sociológicamente este cambio?

-Hay que partir de la observación y buscar las categorías más simples. Por ejemplo, en todo el mundo estamos en un proceso de flexibilización laboral y de individualización de estas relaciones. Es un proceso de desocialización. Si la sociedad industrial tomó artesanos y campesinos y los integró a grandes organizaciones en las que materialmente se unificaban las condiciones de trabajo y por lo tanto se formaba una clase, ahora vemos que sucede lo contrario. Asistimos a la disolución de esas grandes concentraciones de trabajo y la formación de redes de trabajo, pequeñas y medianas empresas trabajando para grandes empresas que internamente están descentralizadas y en una red global con otras empresas. En ese mundo las relaciones de trabajo están cada vez más individualizadas. Los sindicatos siguen existiendo y seguirán siendo importantes por un tiempo, pero son organizaciones sociopolíticas, mucho más que organizaciones de defensa de los trabajadores en concreto, salvo en el sector público.

-¿Son organizaciones del pasado, anacrónicas?

-Como manera de organización son formas del pasado. Como fuerza sociopolítica, en algunos países no. Aquí en la Argentina no se puede gestionar nada sin acordar con los sindicatos. Pero también aquí la mitad de la fuerza de trabajo está en la informalidad, y de los empleados formales, la mitad está en el sector público. O sea que la famosa clase obrera del sector privado, representa un mínimo de la fuerza de trabajo.

-La política tradicional parece ajena a este escenario. ¿Quiénes se benefician con este cambio, quiénes lo entendieron o lo fomentan para montar sus estructuras de poder? Yo hablaría del poder financiero, pero también hay redes de poder a diferentes escalas...

-Pregúntele a los brasileños. Lo que está pasando en Brasil es que sus políticos se ven desconcertados al no entender lo que pasa. Porque esto es espontáneo. Y si es espontáneo, ¿dónde están los enemigos?, ¿quiénes son? ¿Cómo se detiene a una red?

Pero vuelvo a su pregunta, quiénes son los que han constituido redes. Efectivamente la red más potente es la de los mercados financieros globales y las instituciones financieras que los manejan. Porque no son solamente mercados.

-¿Esa es la punta de la pirámide de poder hoy?

-Sí y no. Sí, mientras todo es normal. Pero cuando todos se hunden como en el 2008, lo que cuenta es el Estado.

-Bueno, siempre que el Estado sea funcional a ellos...

-Exacto. El poder en última instancia para que ellos sobrevivan implica que el Estado tenga el poder de capturar los impuestos de los ciudadanos y dárselos al sistema financiero. Pero la clave es que el poder está en redes, cada una de esas redes funciona, luego hay jerarquías en esas redes, pero la jerarquía general depende de los momentos. En los últimos 20 años ha sido el sistema financiero. En este momento el sistema financiero para reajustarse o reestructurarse depende de decisiones de los estados. Estados que también funcionan en red, porque no hay ningún estado soberano en este momento. Funcionan en términos de acuerdos, o en casos como la Unión Europea, todo el Estado es estado red, porque las decisiones se toman en la Unión Europea y los estados nación ya no son representantes de la nación si no que son nodos de una red en la que cada uno defiende sus intereses. Por tanto tenemos redes financieras, redes de estados, redes tecnológicas científicas, que son muy importantes. Y dentro de esas redes hay jerarquías distintas en función de la importancia de cada nodo. Los partidos políticos son los que no están en red. Están listados en cada sistema nacional intentando mediar la relación entre ese mundo de poder real en las redes y la ciudadanía. Como no lo hacen, han acabado por convertirse en un fin en sí mismos. Su desprestigio se relaciona con el hecho de que se han convertido en sistemas de poder para sí mismos. Luego negocian con el poder real. Pero para empezar ellos son sus intereses y no los que se supone que representan. Y por ello la última red que se viene construyendo de manera espontánea desde hace unos 5 años es la red de los movimientos sociales que nacen en Internet, se expresan en el espacio público, a veces en las instituciones como en Italia, y que están articulados a nivel mundial.

-¿Y qué peso tienen estas redes de movimientos sociales, redes ciudadanas, en la lucha de poder? ¿Pueden interferir, desprogramar o reprogramar aquéllas otras redes que sí ostentan el poder?

-De momento están cambiando la forma del movimiento social, son movimientos sociales no políticos, porque si fueran políticos no existirían. La mayor parte de la gente que participa de ellos no se fía de los partidos y no quieren líderes. ¿Qué no hacen nada? Sí, consiguen pequeñas victorias. En Brasil era necesario subir el precio del transporte, hoy han cancelado esa suba. Es una victoria reivindicativa que constituye la idea de que los ciudadanos pueden intervenir. En España se logró cancelar la ley de Hipotecas, una ley inicua. Pero el efecto es mucho más lento e intersticial en términos del cambio de mentalidad.

-¿Cómo funciona ese cambio?

-Hablábamos de lucha de clases. En los Estados Unidos, una sociedad que desde hace tiempo no se piensa en estructura de clase, como sociedad desigual, un lugar en el que cada uno si trabaja tiene sus oportunidades. Bueno, esto ha cambiado. He estudiado el movimiento Occupy Wall Street, tengo un mapa, desde septiembre de 2011 a marzo de 2012 se ocuparon más de mil ciudades en Estados Unidos. Con movimientos continuos de debate en Internet y fuera de Internet. De allí ha surgido la idea general del 99 por ciento contra el 1 por ciento. De repente, se dieron cuente de que el 1 por ciento de la población controla el 25 por ciento de la riqueza. Nosotros lo sabíamos, pero para ellos es un choque cultural, y lo importante es que lo sepan las personas y cómo esto se traduce. Por primera vez en 35 años salió una encuesta que preguntaba por los conflictos más importantes en la sociedad. Hoy, la mayoría de los estadounidenses piensa que el conflicto más agudo, el más importante, es entre pobres y ricos.

-O sea lucha de clases...

-(risas) No lo viven como una lucha de clases, pero sí como un reflejo de la desigualdad. Y ese es un cambio cultural fundamental. Pero la mediación política no puede reflejar estos cambios, porque está construida en base a los intereses de las redes de poder dominantes. Por lo tanto es un largo proceso de cambio.

-La hegemonía que tan bien mostró Gramsci...

-Exactamente. Eso es.

-En España, por ejemplo, la frustración del republicanismo todavía es un escollo para crear cualquier alternativa, el peso del franquismo todavía es palpable, en otros lugares lo ha sido la tergiversación de la inspiración marxista. Y estos nuevos casos, como Syriza en Grecia, o Cinco Estrellas en Italia, de fracasar, corren el riesgo de sepultar a estos movimientos incipientes que se replican en el mundo...

-La situación actual en España no tiene nada que ver con la de la Guerra Civil. Hay otro tipo de republicanismo, sobre todo en Cataluña, que es independentista. Pero en el resto de España lo que sí está ocurriendo es que la monarquía cae, principalmente por la ineptitud del rey. Los movimientos sociales en España son espontáneos y claramente anti partidos políticos, aunque ahora haya algunas experiencias de crear partidos ligados al movimiento para participar de las elecciones pero todo es muy incipiente todavía. Fundamentalmente, son formas de aprendizaje de una nueva política. Para ellos lo importante no es el producto sino el proceso. Porque el cambio es mental y es a largo plazo. Y lo que saben, es lo que rechazan.

-Vamos lento porque vamos lejos, dicen...

-Eso es. Y cuáles son los efectos políticos inmediatos: la deslegitimación total del sistema político. Si en estos momentos en las encuestas nos olvidamos de porcentajes y sumamos ciudadanos, el Partido Popular, con mayoría absoluta en el Parlamento, tiene el 13 por ciento del voto directo. Y los socialistas 11. O sea que el 76 por ciento de la gente o no vota, o elige una alternativa distinta a los dos grandes partidos que controlan el conjunto del país. Para intentar entender el proceso de cambio en profundidad necesitamos nuevas formas de medida, otra forma de contar la productividad social de un movimiento, que no son los cambios institucionales ni electorales. Para ellos las instituciones no los representan. No critican la democracia parlamentaria, pero sostienen que ha sido usurpada por partidos que juegan a su propio poder y no les interesa la representación ciudadana. Esto es unánime incluso en Estados Unidos, y en Francia, cuya alternativa de votar socialismo se ha hundido en seis meses.

-¿Qué puede salir de todo esto?

-Distintas cosas. Pueden ser movimientos de extrema derecha. Vemos lo que pasa con Le Pen en Francia. En Escandinavia, empieza a haber movimientos nacionalistas francamente de derecha. Lo único seguro es que los sistemas institucionales establecidos en los últimos 30 años están en crisis total. Los movimientos, de momento, han provocado una crisis de esas instituciones. Su reconstrucción, ligada a la realidad de las nuevas sociedades, en las que por ejemplo la capacidad de autoorganización y debate en la red es fundamental, es un proceso.

-¿Podemos decir entonces que el gran objetivo de estos movimientos es volver representativa de verdad a esta democracia que tan poco representativa?

-Es justamente eso. Son movimientos absolutamente diversos que crecen en culturas y contextos diferentes. Pero tienen tres rasgos comunes. Se inician por Internet, viven siempre en la red y desde allí van y vienen al espacio urbano, son rizomáticos. Segundo, parten de una indignación espontánea, y ante todo defienden su dignidad. Y tercero: en cuestión de objetivos programáticos, tienen tantos programas que no tienen ninguno. No hay un objetivo ni una ideología común, pero como usted dice muy bien, en todos los casos el tema central es la democracia. Son movimientos por la democracia. En España empezó con el movimiento Democracia Real Ya. Ellos hicieron el primer manifiesto. Y propugnan la construcción de un nuevo sistema de representación de las voces de los ciudadanos, son movimientos pro democracia pero de una democracia en cuya búsqueda están. No tienen un modelo definido, pero buscan formas que no son las actuales.

-En América latina los movimientos sociales no replican las características que vemos en Europa, quizá con la excepción de lo que vemos en México con el Yosoy132, o ahora en Brasil..., pero aquí, en la Argentina, los canales de discusión siguen perteneciéndoles a los partidos políticos o a instituciones tradicionales como los medios... ¿A qué lo atribuye?

-Podemos hablar de Chile, allí el movimiento estudiantil es mucho más que estudiantil, y están apoyados por la gran mayoría de la población. Y aunque su dirigente más popular, Camila Vallejo, sea del partido Comunista y otros hayan sido cooptados por las candidaturas socialistas, el movimiento como tal no es un movimiento aliado a los partidos políticos. Camila Vallejo puede ser dirigente porque en el movimiento no se comporta como el partido de vanguardia, es suficientemente inteligente para no hacerlo, porque si no, desaparecería como líder. El movimiento chileno pone en jaque a los partidos tradicionales y, en realidad, la futura presidenta Bachelet está apoyando ese movimiento porque sabe que es su única posibilidad de mantener un contrapoder a los partidos políticos chilenos de la concertación, que son la clase política tradicional, burocrática e incapaz de entender la nueva política. Usted va a ver cada vez más una conexión entre liderazgos fuertes a nivel presidencial y movimientos sociales alternativos que no entran a través de los partidos tradicionales. Esa puede ser la conexión con el sistema político.

-¿En América latina?

-Sí, aquí.

-Porque en Europa el ninguneo a los movimientos es absoluto...

-Claro, no hay nada. Y a la inversa. Los movimientos sociales desconocen al sistema político. Pero aquí en Latinoamérica hay puentes. En México Yosoy132 trabajó por la candidatura de Manuel López Obrador pero como reacción a la manipulación sistemática de las elecciones en México. No son del PRD ni mucho menos, pero tienen alguna clase de relación. En Chile, no están ligados a los partidos pero veo que a través de la conciencia que Michelle Bachelet tiene de esto, se va a establecer una relación muy directa. Estos movimientos han sido decisivos para acabar rápidamente con el gobierno de la derecha en Chile.

-Pero no pueden acceder al poder sin liderazgos...

-Al poder político institucional no. Pero como no quieren el poder político sino cambiar las mentes, diría que sólo sin liderazgos se pueden cambiar las mentes. Ahora, en la Argentina hay un problema teórico. Aquí todo el mundo es peronista.

-Eso lo decía Perón, supongo que con algún interés propio...

-El Estado, los movimientos, se mueve todo en una galaxia en la que todo el mundo es peronista. Y los que no lo son, se construyen paraísos artificiales, pero tampoco llegan al poder, de ninguna manera. Los movimientos en la Argentina solamente empezarán a darse a partir de esa ruptura. Si el peronismo ha logrado crear la imagen de que todo lo que se le opone es de derecha, entonces, lo que se le opone, es de derecha. Allí hay un problema. Pero cuidado, es cierto que hoy no vemos estos movimientos en la Argentina, pero tampoco los veíamos en Brasil hace un mes. Y esa es la cuestión. Estos movimientos son rizomáticos y explotan cuando explotan. Entonces, ahí se juega la capacidad de los políticos de aprender, flexibilizarse y reformar, o no. Pero cualquier violencia mata al movimiento, con violencia no se cambian las mentes.

-¿La opción ha dejado de ser resignación o radicalización?

-Yo creo sí. En España, claramente no hay resignación y tampoco radicalización en términos de la forma de acción, en términos de violencia. Me contaban que en Brasil, en el momento de mayor tensión frente a la alcaldía de San Pablo, hubo gente que empezó a hacer actos violentos y el movimiento los rodeó con el grito no a la violencia, no a la violencia. Igual que en España. Siempre hay violentos, pero el movimiento es consciente de que si entra en esa dinámica, pierde legitimidad.

-Pero serán conscientes de que si disputan el poder real, a cambio recibirán violencia.

-Ah, claro. Pero no significa que vayan a contestar con violencia. No es lo mismo. Hay un profundo sentimiento gandhiano en estos movimientos. Yo estuve en la plaza de Catalunya el 27 de mayo, frente a las cargas de la policía para desalojarlos con sus carros. Eran filas de gente sentada, sin moverse, y la policía machacando. Hubo 147 heridos. Pero cuando caía una fila venía la siguiente y se quedaban aunque les pegaran. Gandhi absoluto.

-Honestamente, veo difícil que eso ocurra en nuestra América latina.

-Yo estuve en Porto Alegre la semana pasada, unos días antes de que empezara la protesta (yo no tuve nada que ver) dando una conferencia sobre esto y una de las cosas que tenían bien en claro es que actuar con violencia autodestruiría los movimientos sociales. Es muy difícil, porque el sistema siempre intentará que haya violencia. La mejor arma para reprimir un movimiento social es provocar la violencia.

-El urbanismo y la sociología de la comunicación, ninguneados en los últimos cincuenta años por la política, encuentran en estos movimientos una manera de trascender las fronteras del mundo académico, ¿qué pasó para que los tomaran como banderas?

-Es cierto. El espacio público urbano es fundamental, porque es donde estos movimientos se articulan de forma visible en la sociedad. Nacen y viven en Internet, pero para encontrarse con la sociedad tienen que salir al espacio público. Pueden plantarse en una plaza y alguien, para ser del movimiento, le bastará con estar allí, aunque sea unos minutos. Los debates que se dan allí son fundamentales para la reconstrucción de la democracia. Como usted decía bien, el confrontar al sistema tiene costos importantes, y esto da miedo, y el miedo sólo se supera estando juntos, o juntas, como dicen en España. Los movimientos siempre hablan en femenino. Nos van a pegar, pero ya no es lo mismo estando juntos. En términos de las formas de expresión el espacio urbano es fundamental. En relación a las reivindicaciones y los orígenes, recuerde que a diferencia de América Latina, en Europa y Estados Unidos el contexto es la crisis financiera con todas sus repercusiones económicas sobre el empleo, etc. Pero esa crisis es una crisis inmobiliaria, una crisis del modelo especulativo de urbanización refrendado por las entidades financieras y que ha servido de base para la acumulación de capital virtual utilizando los activos inmobiliarios inflados hasta el desplome de la burbuja. A nivel del origen de la crisis, la especulación inmobiliaria está en el centro, y a nivel de la gestión de la vida cotidiana de las personas que son las ciudades los grupos de presión inmobiliarios son muy importantes. Todos los municipios están dominados por intereses inmobiliarios. Es la industria más potente del mundo en términos de su capacidad de acumular o destruir capital y su capacidad de penetrar las instituciones a nivel local, que es donde vive la gente.

-En la sociedad red, es un nodo muy importante en términos de poder...

-Absolutamente.

-¿Y esa es la razón porque la mayoría de las ciudades mientras crecen acentúan sus contradicciones?

-Sí. Vivimos en un planeta que en su mayor parte ya está urbanizado. De aquí a 25 años será urbanizado al 65 por ciento y a mediados de siglo lo será un 80 por ciento. El resto serán apéndices rurales bajo influencia urbana. Es decir, hemos urbanizado el planeta. Y en esa urbanización, cuanto más crecimiento económico puramente desarrollista, como se da hoy en América latina, peores condiciones de vida. Las formas de vida en las ciudades se están deteriorando masivamente. En términos de medio ambiente, pero también en transporte. No es casualidad que la protesta en Brasil empezara por aquí. No es sólo la tarifa, son las cuatro horas por día que la gente tiene que pasar viajando. Buenos Aires no es mejor en ese aspecto. Las formas de organización del transporte no tienen ningún sentido. El único sentido que tienen es que tratan de adaptarse a una organización especulativa del suelo urbano que depende de los intereses inmobiliarios no de los intereses de la ciudad. Es decir que el planeamiento urbano no existe, lo que existe es la supeditación a los intereses de inmobiliarias, de fabricantes de automóviles, etc. El gran gobierno revolucionario del PT en Brasil subvenciona la compra de automóviles para solucionar el problema del transporte. Vivir en las grandes ciudades se convierte cada vez más en un infierno del que la gente intenta escapar por consumo individual, pero estas condiciones colectivas no se arreglan de manera individual.

-Usted habla de este fenómeno, de la metropolización, ¿qué clase de ciudadanos crecen en estos contextos, en el sentido de su actividad política y social? ¿Acelera la ruptura del tejido social?

-El tejido social de convivencia física en el espacio está roto. Hay aislamiento. De hecho, las grandes metrópolis de nuestro tiempo no son la ciudad, Buenos Aires no es la ciudad de Buenos Aires, son muchas ciudades, más o menos conectadas. La gente vive en sus pequeños espacios, no vive en Buenos Aires. Vive en sus barrios y en sus lugares de trabajo. Van de uno a otro y luego tienen la televisión. Eso le pasa a la mayoría de la gente. Los hermosos espacios urbanos que tiene el centro de Buenos Aires quedan para la elite, los turistas y las personas que trabajan allí. Pero eso no es la ciudad real. Sabemos que el tejido social en el espacio se ha roto pero se ha recompuesto en Internet, donde hay una sociabilidad real y verdaderamente importante.

-¿Internet puede volver a crear ciudadanos político sociales?

-La prueba está en que los movimientos sociales nacen en Internet. Se crean ciudadanos en todo lugar de agregación libre. Y como el único lugar de agregación libre que nos queda es Internet, pues allí están. Pero en cuanto pueden salir a la calle y crear espacios físicos urbanos en los que se tocan los unos a los otros lo hacen, porque somos humanos y el tocarnos es fundamental.

-Eso es negar de plano la famosa fragmentación que promovería Internet...

-Ese es mi problema con los medios de comunicación. Los periodistas, salvo honrosas excepciones como la suya, no leen a los académicos. Todos hablan de Internet como si ya supieran todo por lo que hacen sus hijos o nietos. Existen en el mundo más de 60 institutos de investigación dedicados al estudio empírico de las relacione entre Internet, la cultura, la economía, la sociedad, etc. Por lo tanto, hay muchas cosas que ya sabemos, con datos duros. Una de esas cosas es que Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress. Por una razón muy sencilla: un sistema de comunicación libre e interactivo agrupa a la gente. Cuanto más usamos Internet, más sociabilidad física tenemos.

-¿Cómo evalúa usted el nivel de riesgo de que Internet deje de ser libre, de que esté más controlada?

-Internet está absolutamente vigilada. Pero no está controlada, en el sentido de que no se puede interrumpir el mensaje. Se puede detectar y reprimir al mensajero. Si uno es el mensajero, es un problema, pero si uno es el mensaje, sigue. En Turquía en este momento están deteniendo a personas a través de sus cuentas de Twitter. Les dan una paliza, los meten en la cárcel, pero el mensaje continúa. Hay control, sí, pero la cantidad de interacción que hay en Internet es tal que resulta muy difícil incluso en los sistemas totalitarios llegar a controlar Internet. Sólo se puede controlarla desconectándola. Pero Internet ya es como la electricidad, todo depende de las redes informáticas de comunicación, y en particular de Internet. Por lo tanto, desconectar Internet físicamente es prácticamente imposible. Egipto lo intentó, pero al cabo de cuatro días lo tuvieron que reestablecer porque nada funcionaba. El control de Internet es muy difícil. Ya los creadores de Internet diseñaron unos protocolos que hacen muy difícil dividir Internet en sectores que sí y sectores que no. Siempre hay formas de conexión y luego hay una comunidad de hackers e internautas, que suman millones de militantes, que están constantemente ayudando y acudiendo en socorro de cualquier amenaza a Internet. Pero es una lucha constante.

-¿Cuánto favorecen o facilitan esta vigilancia las grandes compañías del sector, como Facebook, Twitter o Google?

-No favorecen la vigilancia pero tampoco se resisten. Cuando se ven presionados entregan los datos. Ya hemos visto que lo han hecho. Pero a la vez favorecen el mantenimiento de la libre circulación en Internet. Y luchan por ello pues su negocio es que haya mucho más tráfico, no menos. Viven de vender comunicación libre.

-Su obra toda es una apuesta al cambio social. ¿Trabaja siempre pensando en la acción, en llevar al territorio sus trabajos académicos? Y si es así: ¿cómo le gustaría, una vez que pase este momento de confusión, de transición sociopolítica, que sus ideas se vieran reflejadas?

-Siempre he mantenido esa tensión entre el deseo de contribuir al cambio social y la investigación. Pero con distintas intensidades en mi vida, y no es una cuestión de edad, sino que en la primera parte de mi carrera lo más importante era el cambio social. Después, en la medida en que por mi experiencia vi que la mayoría de los agentes políticos no eran agentes de cambio social, me distancié de la política como tal, aunque nunca fui un militante en le sentido estricto estuve muy cerca del PSOE en España. Cuando me distancié, la investigación, que siempre había sido central en mi vida, pasó a ocupar un lugar absolutamente predominante. El cambio social no era mi pasión, sino mi deber, mi deber moral frente a la sociedad para no quedarme encerrado solo como un investigador. Soy feliz escribiendo, investigando, enseñando, eso es el centro de mi vida. Y en la investigación, cuanto más ligada al cambio social está, más importante es que sea rigurosa y no ideológica.

Hacia el futuro yo estoy intentando entender realmente cuál es este proceso de transición histórica hacia nuevas formas de civilidad y de construcción de la coexistencia entre los humanos, algo que veo en peligro. Yo no quería escribir el libro que acabo de publicar sobre Redes de indignación y esperanza. Era muy pronto para sacar conclusiones, apenas estaba observando lo que pasaba. Pero fue la presión del movimiento mismo para que hubiera una primera cosa, y resultó ser el libro que más rápido escribí en mi vida, apenas 7 meses. Voy a seguir en esto, pero a la vez llevo tres tipos de investigación empírica. Una, sobre la crisis, que aquí en la Argentina no la notan, también trabajo sobre las formas de economía alternativa que están surgiendo en Europa, que es básicamente la economía de la solidaridad, y estoy trabajando en ver cómo estos movimientos, que ya estoy convencido son el patrón de movimientos sociales de nuestro siglo, llegan o no a producir cambios institucionales y de políticas sociales y económicas que afecten de manera positiva la vida de la gente. Esto no lo podemos inventar, ninguna teoría lo puede solucionar, es mirando estos movimientos que aprenderemos. Por qué las cosas fueron mejor en Túnez que en Egipto, por qué el sistema brasileño parece reaccionar de manera diferente, porque de repente la presidenta de Brasil dice estar de acuerdo con algunos de sus reclamos mientras que en Turquía los van a ametrallar. La relación entre movimientos y cambio institucional requiere una investigación cuidadosa desde dentro y fuera del movimiento. En eso estoy.

Fuente: Horacio Bilbao en Revista Eñe, agosto 2013, Argentina.

29 Abril 2013

Tendemos a encasillar a las personas al primer golpe de vista. Sumar matices y no limitarnos a confirmar nuestras certezas preconcebidas es el mejor antídoto.


Somos así. Una mirada y ¡zas!, ya hemos encasillado al personal. Los experimentos de John Bargh de la Universidad de Yale muestran que nuestro cerebro solo necesita dos décimas de segundo para formarse la primera impresión. Esa sensación no proviene de nuestro córtex. No surge de nuestra parte racional, sino de la amígdala, una estructura cerebral que da cuenta de nuestras emociones. No es una conclusión lógica y razonada, es más bien una sensación inconsciente que decanta nuestro corazón hacia un lado u otro.

Si programáramos a un robot para que clasificara a las personas, seguramente lo diseñaríamos para que reco­­gie­­ra el máximo de datos antes de extraer una conclusión. A nosotros nos programó la evolución, y no lo hizo así precisamente. Cuando nuestros antepasados se encontraban ante un extraño, su cerebro debía decidir lo más rápidamente posible si era peligroso o no, de ello dependía su supervivencia. Si sus neuronas hubieran dedicado mucho tiempo a recabar información, quizá la conclusión habría llegado de­­ma­­siado tarde. Así que estamos cableados para llegar a un juicio rápido basado solo en algunos detalles. Si ante un desconocido, algo de su aspecto nos re­­cuerda inconscientemente a alguien que nos perjudicó en un pasado, probablemente nos sentiremos amenazados. Puede que nuestra sensación sea atinada o puede que no. Quizá sea una simple peca la que nos genera esa impresión. Bromas que gasta la evolución.

Lo peligroso del tema no es solo que nuestra primera impresión puede estar totalmente equivocada, sino que es bastante determinante. Marca sobremanera las percepciones posteriores. Tanto, que apenas tomamos en cuenta si las informaciones siguientes apuntan en otra dirección.

“La intuición es poderosa; a menudo, sabia, y a veces, peligrosa” (David G. Myers)

Robert Lount de la Universidad de Ohio realizó un estudio mediante un videojuego de rol. El participante jugaba con otro que en realidad era el ordenador. El supuesto compañero (el ordenador) traicionaba a los participantes. A algunos, los traicionaba al principio; a otros, a la mitad, y a otros, al final. Los que se sentían engañados al principio no confiaban más en sus supuestos compañeros, cosa que no ocurría si eran traicionados a la mitad. Es más, cuando al final del juego se les preguntó qué impresión les había causado su compañero, si habían sido traicionados al principio, las impresiones eran mucho más negativas que si habían sido traicionados a la mitad o al final. Estos resultados apuntan hacia algo que ya sabíamos: si alguien nos engaña de entrada, difícilmente volveremos a confiar en esa persona; sin embargo, si lo hace cuando ya ha ganado nuestra confianza, quizá no la perderá. El orden es clave, lo primero determina.

“Tengo mucha psicología, cuando veo a alguien ya sé de qué pie calza, y siempre acierto”. Certezas aplastantes como esa se oyen a menudo. Existen dos fenómenos psicológicos que son los culpables de que a veces nos sintamos tan cargados de razón: la atención selectiva y la profecía autocumplida.

El mundo es un caos. Y los humanos nos sentimos muy desorientados en ese embrollo. Necesitamos ordenarlo. Así que tenemos una especie de casillero mental donde lo vamos clasificando todo. Una vez esa idea ya tiene su lugar en nuestro cerebro, nos gusta mucho ir apuntalándola. Nuestros ojos escudriñan la realidad solo buscando los datos que validan nuestras certezas, y pasan totalmente por alto las informaciones que las contradicen. Por eso, en parte, creemos tener tan buen ojo con la gente, sin darnos cuenta de que nuestro ojo tiene una parte ciega.

“Nunca tendrás una segunda oportunidad de causar una buena primera impresión” (Anónimo)

Pablo cree poseer un talento especial para detectar a los clientes que finalmente acabarán comprando algún mueble. Analicemos a Pablo. Entra un hombre trajeado en su tienda y rápidamente lo analiza, “este tiene pinta de que se va a dejar el dinero”. Con este pen­­samiento motivador en mente se dirige con la mejor de sus sonrisas al cliente y lo informa detenidamente sobre el producto. Y efectivamente, al final, el cliente compra. Ese mismo día entra otra señora. Por su aspecto, Pablo cree que no adquirirá nada. La clienta le pregunta por un secreter, y Pablo le contesta con desgana. La señora se marcha. ¿Realmente Pablo tiene una intuición especial o es su conducta la que determina el resultado final?

No podemos evitar seleccionar la información y es muy difícil no crearnos expectativas. Afortunadamente, si conocemos nuestras tendencias podemos ir suavizándolas. Sabemos que nuestras neuronas están programadas para darnos una impresión muy rápida del extraño que tenemos delante. Por suerte, hoy en día no tenemos tanta prisa como nuestros antepasados por emitir un juicio. Si, de entrada, nuestro corazón nos dice que se trata de una buena o mala persona, podemos intentar ser conscientes de esa sensación inconsciente y matizarla con más datos que vayamos recabando sobre la persona. No hay prisa.

La primera impresión, la surgida del inconsciente, no la hemos de desechar. Tenemos que escuchar los murmullos de nuestro inconsciente, pero matizarlos con los datos que nuestra conciencia, con más lentitud, vaya recopilando.

“Con seguridad, cuando trates de causarle buena impresión a alguien cometerás alguna estupidez” (Anónimo)

Nos gusta gustar. Y encima, a todo el mundo. Paradójicamente, ese deseo puede ser culpable a veces de que no caigamos bien. Lo primero sería extirparnos del cerebro esa ridícula idea de agradar a toda costa. Con el deseo de gustar, en una mano, y con la certeza del determinismo de la primera impresión, en la otra, no es fácil mantenerse tranquilo cuando vamos a conocer al alguien y podemos cometer muchos deslices, por ejemplo, en una entrevista de trabajo.

El error por excelencia es “la actuación”. Cuando actuamos puede haber una especie de disociación entre lo que decimos y lo que comunicamos por vía no verbal. Nuestros gestos y nuestras palabras no bailan armoniosamente. Y esa incongruencia es algo que no pasa desapercibido al inconsciente de nuestro interlocutor. Ser nosotros mismos, la autenticidad, es lo mejor para causar una buena primera impresión.

Sin embargo, lo de ser auténticos es un consejo que nos suena fatal si no nos gustamos. La raíz de la primera impresión que causamos a los demás se encuentra en la impresión que tenemos de nosotros mismos. Dejar de preocuparnos tanto por la imagen que proyectamos y ocuparnos más de cómo estamos con nosotros mismos puede ser un sabio camino.

Acertar o no acertar

La cinematografía nos muestra cómo la primera impresión algunas veces es atinada, y otras, no.

– ‘A primera vista’, de Irwin Winkler.

– ‘Los puentes de Madison’, de Clint Eastwood.

– ‘Nueve reinas’, de Fabian Bielinsky.

– ‘Orgullo y prejuicio’, de Joe Wright.

– ‘Adivina quién viene a cenar esta noche’, de Stanley Kramer.

Fuente: Jenny Moix Queraltó en El País, España

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Queremos que otra persona confirme y corrobore lo que pensamos; sin embargo, la pregunta sólo es auténtica cuando uno se la hace a sí mismo. Lo que yo digo tiene muy poco valor; usted lo olvidará una vez cierre este libro, o recordará y repetirá ciertas frases, o comparará con lo que ha leído en otros libros, pero no se enfrentará a su propia vida.

Y esto es lo único que importa: su vida, usted mismo, su pequeñez, su superficialidad, su brutalidad, su violencia, su codicia, su ambición, su sufrimiento diario y su dolor interminable. Esto es lo que tiene que comprender, y nadie en la tierra o en el cielo lo va a hacer por usted, sino usted mismo".

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    Buscador de conexiones. En la vida real, Master en Comunicación Digital por la UIB, España; Profesor de Estado en Historia y Geografía por la ULS, Chile; Doctorando en Educación mención Mediación Pedagógica. La Serena, Chile. Las opiniones aquí vertidas son personales y no representan necesariamente a las instituciones en las que participo.

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